Editorial
Signos alarmantes de abusos en la psicoterapia
Las perversiones entre psicoterapeutas y pacientes
Por Dra. Silvia Franchi.
La experiencia de la psicoterapia
En el pasado se consideraba psicoterapia a todo aquello que abarcaba el tratamiento del enfermo mental, a través de procedimientos enteramente médicos como la cirugía, los medicamentos y el electroshock, comprendiendo además el manejo de las condiciones de vida de los pacientes, recreación, actividades ocupacionales, etc. En síntesis, se trataba de “terapias manicomiales”.
Luego comenzó a definirse la psicoterapia como una relación entre dos personas, focalizada en el autoconocimiento, el reaprendizaje psicológico y comportamental, y el énfasis está puesto en el individuo (enfermo o no) que viene a atenderse para conocerse y comprenderse mejor, cambiando actitudes o incorporando nuevas conductas, otras interpretaciones de la realidad, etc. orientadas a encontrar mayor satisfacción en la vida y un estado de bienestar.
La terapia la brindan profesionales entrenados en la disciplina psicoterapéutica y que pueden provenir de distintas áreas: la psicología, la medicina, el psicoanálisis, la filosofía, el trabajo social y la consejería o “counseling”.
Ahora bien, el concepto que cada terapeuta tenga acerca de la terapia varía de acuerdo a su entrenamiento, sus estudios, su formación, sus pensamientos y deriva además de sus propias experiencias como psicoterapeuta, de los tipos de pacientes con los que trabaja, de los buenos resultados que haya obtenido, de la profesión que representa y por sobre todo, de la calidad de persona que es en sí mismo.
Cómo una persona deviene psicoterapeuta
Los pacientes podrán preguntarse “¿Cómo puede usted pensar acerca de mí y comprenderme tan bien sin pensar en usted mismo?” o bien “¿Cómo puede creer en mí cuando yo tengo tan poca fe en mí mismo?”. En el imaginario de las personas que consultan pueden presentarse idealizaciones acerca de los/las psicoterapeutas, cualidades de perfección, lo que le confiere al/la profesional un lugar de autoridad, de poder, que debe ser muy tenido en cuenta por quien ofrece el tratamiento. El/la psicoterapeuta debe estar en contacto con sus sentimientos y actitudes, tanto los aceptables como los indeseables, una virtud que debe estar presente a través de la autorreflexión y la supervisión con colegas expertos.
En el transcurso de la psicoterapia, el/la paciente comienza a descubrirse y va dando los primeros pasos, sintiendo alivio. Desde ese lugar continúa creciendo en el/la terapeuta el respeto y la confianza en el progreso de sus pacientes, en un clima de libertad, confianza y confidencialidad.
El/la psicoterapeuta deberá abstenerse de juzgar, castigar, sobreproteger o controlar a los pacientes. Ningún abordaje ni técnica serán satisfactorios para un/a terapeuta, si no puede ser sincero/a y expresar válidamente sus verdaderos sentimientos, entrando en juego sus creencias, valores, ideales y actitudes.
Toda persona que consulta merece ser comprendida, aceptada y reconocida, entonces surgirá una confianza básica entre pacientes y terapeutas. Hay algo dentro de cada persona que la ayudará a fortalecerse, a madurar y a autorrealizarse.
¿Qué sienten los pacientes acerca de la psicoterapia?
La decisión de iniciar un tratamiento es el primer paso, así como encontrar el/la psicoterapeuta adecuado/a y embarcarse en el tratamiento y proceso de autoconocimiento y cambio.
La terapia en cierto sentido es análoga a escalar una montaña con nubes, ya que rara vez alguien tiene una clara visión de lo que vendrá. Habrá aciertos y esperanzas, avances y retrocesos, altibajos, descubrimientos a veces desalentadores y en otras ocasiones aparecerán nuevos puntos de vista más alentadores. Cuanto más se vaya acercando a la cima, se podrá tener una mejor vista del panorama general. Aparecerán dudas, conflictos, cuestionamientos, temores, sorpresas y esperanzas.
Algunos pacientes sentirán un alivio inmediato a su malestar, otros no estarán del todo de acuerdo con las propuestas terapéuticas, otros se sentirán bloqueados en su progreso y habrá que procesar antagonismos, dependencias, avatares, en un proceso de transformación o metamorfosis.
De modo que la psicoterapia es una relación de ida y vuelta, una experiencia significativa tanto para pacientes como para psicoterapeutas.
La formación profesional de los psicoterapeutas
Es aconsejable que todo psicoterapeuta realice su propia terapia para su autoconocimiento y transformación. Al mismo tiempo irá acumulando experiencias genuinas y creatividad que lo/a irá moldeando como psicoterapeuta. Los psicoterapeutas deben cuidar a sus pacientes, hacerse cargo y aceptarlos como son, en un marco de respeto y profesionalismo, empatía y calidez afectiva para fortalecer la colaboración recíproca.
El trabajo psicoterapéutico está enmarcado en la compatibilidad entre ambas figuras paciente/terapeuta, para realizar un trabajo en colaboración basado en una cuidada relación, para crear una atmósfera que contribuya al cambio del/la consultante, lo cual no es una relación accidental ni transitoria.
¿Qué pasa cuando las reglas de la alianza terapéutica se rompen?
Lamentablemente ha habido casos que llegaron a la arena pública, a través de denuncias realizadas por personas en tratamiento con respecto a sus psicoterapeutas, que les provocaron un gran daño tanto psicológico como moral, dejándolos/as indefensos/as, víctimas del trauma de haber padecido abusos de parte de sus psicoterapeutas.
Toda persona que se embarca en un tratamiento de psicoterapia espera encontrar apoyo, cuidado, guía y alivio de sus síntomas. Depositan su confianza en profesionales que les proporcionarán un tratamiento ético, adecuado y comprensivo.
La ruptura de la confianza depositada en el/la profesional puede causar y aumentar el daño psicológico preexistente, debido a que algunos psicoterapeutas utilizan su posición de poder asimétrico de manera dañina y perversa.
¿Qué es el abuso en el ámbito psicoterapéutico?
No todos los psicoterapeutas proveen un adecuado tratamiento profesional, basado en una relación profesional ética. Se trata de aquellos que toman ventaja y destruyen la confianza depositada por los pacientes, ingresando en prohibiciones como abusar sexualmente de los mismos, explotarlos financieramente, violando el secreto profesional o actuando de maneras abusivas y denigratorias.
Se rompe la regla fundamental de no causar daño a los pacientes, dado que la situación de abuso traumatiza a los individuos que ya se encontraban vulnerables previamente. El tratamiento abusivo puede exacerbar los síntomas y provocar un incremento de la enfermedad, disparando por ejemplo estrés postraumático, que será una carga difícil de sobrellevar por el estado de indefensión al que pueden sumergir a los/as consultantes.
¿Cuáles son los signos de alarma de abuso por parte de los psicoterapeutas?
- Generar vergüenza, denigración o culpa
Si una persona busca ayuda psicoterapéutica, la vergüenza y la culpa pueden ser malas herramientas de poder por parte del/la profesional o especialista, que genera una dinámica enfermiza. Se pierde la empatía y entra en juego el dominio y el control sobre la persona victimizada y vulnerable. También los juicios críticos o extremos pueden causar vergüenza y dolor.
La persona que consulta corre el riesgo de creer que el dolor no es atendible y puede minimizar el comportamiento enfermizo de quien la está tratando. Se deja de estar en contacto con los propios sentimientos de dignidad y confianza en sí mismos, para lo cual estos psicoterapeutas abusadores están muy entrenados y ponen en marcha métodos maquiavélicos. Por más que la persona ha perdido la confianza en el vínculo psicoterapéutico, teme alejarse y va convirtiéndose en victima o rehén.
- Explotación financiera
Los psicoterapeutas abusadores pueden utilizar el aspecto financiero para beneficiarse a sí mismos en detrimento de sus pacientes. Pueden sobrecargar los honorarios, cobrar por servicios que no se proveyeron, o utilizar engaños para obtener beneficios económicos en sus cuentas bancarias. Por ejemplo recargar excesivamente los honorarios por llamadas telefónicas o consultas de familiares.
- Hablar de otros pacientes o romper la regla de la confidencialidad
La regla del secreto profesional nunca debe violarse. Revelar información personal o de temas sensibles acerca de otros pacientes puede violar el acuerdo psicoterapéutico o la amenaza de hacerlo público.
- Avances sexuales
Los avances de naturaleza romántica o abiertamente sexuales están en contra de los códigos de conducta de los profesionales de salud mental, aunque el hecho haya sido consensuado por el/la paciente. El acoso sexual suele ser progresivo, entrando en detalles íntimos, utilizando un lenguaje sexual alevoso o grosero, y acudir al manoseo.
Este tipo de profesionales son expertos en paralizar a sus pacientes, convenciéndolos de que van a perder el miedo al sexo, que van a liberarse de conflictos atávicos o religiosos y que alcanzarán la curación teniendo sexo con ellos.
Comienzan con un contacto físico inadecuado, como tocar los senos de una mujer o los genitales de un menor. Hay dos casos paradigmáticos en Argentina, uno más reciente que ha sido publicado en Infobae (05/09/2024), acerca del Dr. Santos Manzanares, psiquiatra acusado de violar y manosear a sus pacientes, tanto individuales como en sesiones/talleres grupales. El profesional de cierto prestigio practicaba una terapia no convencional de “evolución sexual”. Sus actos fueron denunciados entre 2019 y los comienzos de la pandemia. Actualmente tiene 82 años y se lo sigue investigando. Tres de sus pacientes (quizá sean más) lo denunciaron por abusos sexuales, violaciones y manoseos, con acceso carnal simple. El profesional se colocaba en un lugar de superioridad, dejando a la víctima paralizada e indefensa.
Otra lamentable caso fue el del Licenciado Jorge Corsi, psicoterapeuta reconocido a nivel latinoamericano por sus trabajos y publicaciones sobre violencia familiar. Se han comprobado actos de pedofilia con adolescentes indefensos, por lo cual fue juzgado y condenado. Recuperó su libertad en 2016 y poco se sabe de él. El profesional consideraba que la pedofilia no era una enfermedad y que su relación con los menores era consensuada, lo cual era falso hasta que aparecieron las denuncias.
Los dos casos se refieren a profesionales reconocidos, de larga trayectoria y que han contado con el apoyo académico desempeñándose como profesores y recibiendo reconocimiento y cierto prestigio. Estos factores pueden ser muy positivos si el profesional es ético, pero la contracara puede enmascarar actos aberrantes si son utilizados en forma perversa en una atmósfera siniestra. Las denuncias tempranas pueden poner freno a estos actos prohibidos y buscar justicia y sanación.
Mantenimiento de la alianza terapéutica
El núcleo de la psicoterapia es la alianza terapéutica, un aspecto único y alentador que depende de una resonancia y una afirmación recíprocas. Las bases fundamentales de la psicoterapia son la credibilidad y la confianza dentro del tratamiento y que pueden verse alteradas tanto por pacientes como psicoterapeutas. El tratamiento debe mantener una sensibilidad constante hacia quienes consultan, fortaleciendo a las personas en la construcción de su resiliencia.
Cuando los psicoterapeutas entran en el terreno de las prohibiciones éticas y las aberraciones, deben funcionar las alarmas para iniciar la búsqueda de justicia y salvaguardar la salud de quienes consultan y depositan su confianza en el camino hacia el cambio. Abandonar el silencio y hacer públicos estos actos perversos serán una gran contribución a la Salud Mental.