Editorial

Ecosistema Educativo en el aula: un espacio de encuentro y aprendizaje

Ecosistema Educativo en el aula: un espacio de encuentro y aprendizaje
Leonel Sánchez Alpino
19 Jul, 2025

Por el Prof. y Lic. Eduardo Stamato.

No hay dudas que el mundo gira en un cambio total de paradigma a nivel internacional y nacional, mientras la crisis educativa crece en Argentina.

Todos conocemos la desvalorización actual que sufre la profesión del educador, y por consiguiente la desmotivación que ello conlleva, alterando la salud emocional y general de nuestros docentes. La OMS, tan cuestionada en la Argentina últimamente pero que igualmente deberíamos escuchar, define a la salud como “… el estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades…”.

En Argentina, según el Dr. Facundo Manes, “…por cada 1000 docentes encuestados el 50% sufre desgaste emocional, que junto a la insuficiente formación recibida para ejercer su labor áulica termina enfermándoles física y psíquicamente con pérdida de la labor docente, desgastando el área emocional y
cognitiva …” y por consiguiente se altera la calidad educativa.

Es allí donde debemos actuar. Generando un estilo de enseñanza que jerarquice la profesión docente y los transforme en gerentes de los aprendizajes. Este camino de potenciar el aprendizaje en el aula viene de la mano de la Inteligencia Emocional y de la Mediación Pedagógica.

La primera potencia los aprendizajes y genera una transformación profunda en la forma de enseñar y aprender. Una investigación desarrollada por la Universidad de Yale en el 2011 comprobó, “… que a mayor inteligencia emocional docente mayor es el aprendizaje de sus alumnos y ello impacta directamente en el aula…”. Estos docentes generan entornos más organizados, inclusivos, de respeto mutuo, que se ven reflejados en el proceso exitoso y en el nivel académico que los alumnos obtienen.

Al hablar de reinventar el rol docente hablamos de jerarquizar su función de líder, brindando a su quehacer formador un profesionalismo destacado y que demuestre que no son simples obreros de la tiza, como quisieron encasillarlos, para que de esta manera sean sindicalizados y poderles quitar así autonomía profesional.

Ellos requieren también de formación en servicio, reconocimiento público y desde luego salarios acordes con esta función educadora, cargos en una sola escuela eliminando el desgaste físico, anímico, psíquico que tanto ausentismo trae reflejado. Basta del profesor taxi para poder vivir de la más hermosa profesión que haya podido elegir.

Por lo tanto la propuesta de trabajo que hoy se presenta no pretende cargar de mayores responsabilidades legales y administrativas a los docentes como lo hicieron las últimas reformas sino, que muy por el contrario, pretende guiarlos a una forma diferente de enseñar y aprender mediante técnicas de gestión del conocimiento mediado y aumentando la autonomía docente.

Ello debe venir acompañado de un aula resonante, la que se configura como un ecosistema pedagógico donde convergen vínculos, emociones, conocimiento, tecnología, proyectos, dándole la bienvenida al error. “…como herramienta metodológica y de crecimiento…” como muy bien lo define Jean Pierre Astolfi y no el error como herramienta frustrante, de medición cuantitativa, sancionadora y meritocrática de los procesos de aprendizaje.

Para adentrarnos en el tema primero debemos definir el aula como ecosistema pedagógico, teniendo en cuenta primero que un sistema es toda parte del mundo físico que se somete a estudios mediante el análisis de diferentes variables que pueden modificarlo, afectarlo y hasta destruirlo.

La palabra ecosistema, que deriva de la biología, comienza a aplicarse en el mundo educativo desde que investigadores de la Escuela de Toronto exploraron la relación entre tecnología y sociedad, influyendo en la idea de que la educación también es un ecosistema complejo y a partir de allí la UNESCO promueve la idea de ecosistemas de aprendizaje que afecta la vida de las personas a lo largo de la educación
permanente.

El ecosistema educativo es parte del entramado del ecosistema social ya que el mismo es un sistema complejo, de interacciones humanas e instituciones, mundo físico, económico, político y cultural, con fuerte influencia sobre la vida de las personas y la forma en que las sociedades se organizan. Por lo tanto un ecosistema educativo es parte de ese ecosistema social que busca mejorar la calidad de vida de las
personas favoreciendo su acceso, crecimiento, ascenso social, buscando siempre mejorar la calidad educativa y la calidad de vida de los ciudadanos.

Por lo tanto hablar de ecosistema educativo conlleva a definir los diferentes elementos que interactúan e influencian en él, tanto positiva como negativamente, afectando o dimensionando los procesos de aprendizajes.

El ecosistema educativo, como sistema complejo, necesita de la interacción de todos sus actores desde alumnos, docentes, directivos, departamentos de orientación escolar, familias, gobierno, y de todas las conexiones y entramados que pueden surgir de las diferentes triangulaciones posibles que surjan de todos los actores intervinientes aquí mencionados y que aportara la Teoría de la Mediación Pedagógica.

Este último concepto se desarrolla a partir de la teoría sociocultural de Vygotsky que se enfoca en cómo la cultura y la interacción social influyen en el desarrollo cognitivo de los individuos. En los años 80, con aportes significativos de pedagogos como Freire, Bruner y otros, se enfatiza en la importancia del entorno social, la interacción, el diálogo y la experiencia de un aprendizaje mediado para el desarrollo cognitivo y la construcción del conocimiento, aportando aprendizajes significativos y de calidad en estos modelos de aulas resonantes.

Es por ello que en un ecosistema educativo es importante considerar:

  • Las interacciones entre sus actores: estudiantes, padres, docentes, directivos.
    Todos ellos en un entramado de acciones que asegura el éxito del proceso
    educativo.
  • El uso de la TIC´S y de la IA como herramientas didácticas.
  • El ingreso del error como herramienta metadológica.
  • El diseño de políticas públicas y de nuevas políticas educativas que favorezcan
  • el profesionalismo docente.
  • El diseño de programas de calidad autónomos y de acuerdo con los idearios
  • institucionales.

Sin lugar a dudas es el momento de planificar un nuevo modelo educativo que pueda adaptarse a los cambios sociales y a las necesidades que el siglo XXI necesita y que aún no estamos pudiendo concretar con las últimas reformas y recortes de presupuesto, reformas serias que no nieguen la función formadora para que la escuela fue creada.

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