Política

Récord de horas trabajadas en medio de la caída salarial: el ajuste se traslada al tiempo de los trabajadores

Récord de horas trabajadas en medio de la caída salarial: el ajuste se traslada al tiempo de los trabajadores
Leonel Sánchez Alpino
26 Feb, 2026

Con salarios que pierden poder adquisitivo y un mercado laboral cada vez más precario, la cantidad de horas trabajadas alcanzó un máximo histórico. El fenómeno ocurre mientras el Congreso debate una reforma que podría profundizar la flexibilización de las jornadas.

Mientras el oficialismo avanza con la reforma laboral en el Senado, el mercado de trabajo ya muestra una transformación concreta: la jornada promedio alcanzó niveles inéditos. No se trata de una expansión voluntaria, sino de una respuesta directa a la pérdida del poder adquisitivo y a la creciente precarización.

Los últimos datos oficiales reflejan que las horas trabajadas por semana aumentaron 3,5 respecto al año pasado, lo que representa una suba cercana al 9%. El incremento estuvo impulsado principalmente por más tiempo dedicado a la ocupación principal, en un contexto donde los ingresos no logran acompañar el costo de vida.

Más actividad, menos calidad de empleo

El fenómeno se da en paralelo a una aparente contradicción macroeconómica. Según el Indec, la actividad económica cerró 2025 con un crecimiento del 4,4%. Sin embargo, ese rebote no se tradujo en generación masiva de empleo registrado.

Los sectores que explicaron la recuperación —como agro, minería e intermediación financiera— son de baja intensidad en mano de obra. En cambio, la industria y la construcción, históricamente motores del empleo formal, continúan mostrando retrocesos. Desde el inicio de la actual gestión nacional se contabilizan más de 190.000 empleos privados registrados menos y el cierre de más de 20.000 firmas en la mayoría de las provincias.

En ese escenario, trabajar más horas se convirtió en una estrategia para compensar ingresos deteriorados. El pluriempleo y la búsqueda de jornadas extendidas ya no son excepciones sino síntomas de un mercado laboral tensionado.

El salario, en retroceso sostenido

Entre noviembre de 2023 y noviembre de 2025, el salario privado registrado perdió poder adquisitivo tanto con la medición oficial del IPC como bajo estimaciones con ponderadores actualizados. En el sector público, la caída fue aún más profunda, con una contracción superior al 30% interanual en términos reales.

A más largo plazo, la comparación con 2017 muestra una pérdida acumulada cercana al 20% para el trabajador privado formal. En el caso del empleo público, la merma es mayor. En términos prácticos, esto significa que el tiempo de trabajo actual rinde mucho menos que hace ocho años.

La presión se agrava si se considera el peso creciente de las tarifas en el presupuesto familiar. Servicios como gas, agua y electricidad registraron incrementos muy por encima de la inflación general, lo que reduce aún más el ingreso disponible.

Brecha de género y precarización

Otro dato relevante es la ampliación de la brecha salarial por hora trabajada: los hombres perciben en promedio un 9,4% más que las mujeres. Parte de esa diferencia se explica por la mayor presencia femenina en el sector público, donde los salarios sufrieron los mayores ajustes reales.

En paralelo, la cantidad de personas con inserción laboral precaria supera los 6 millones, reflejando un mercado cada vez más fragmentado.

La reforma laboral y la extensión de la jornada

El proyecto de reforma laboral que se discute en el Congreso incorpora mecanismos que podrían consolidar esta tendencia. Uno de los puntos centrales es el reemplazo del pago tradicional de horas extras por un sistema de “banco de horas”, que habilitaría redistribuciones de jornada con mayor discrecionalidad empresarial, incluso con extensiones de hasta 12 horas diarias.

También se introducen cambios en el cálculo de indemnizaciones, el fraccionamiento de vacaciones y la presunción de relación laboral en casos de facturación vía monotributo.

En este contexto, la extensión de la jornada aparece como un fenómeno previo a cualquier cambio normativo. La diferencia es que, de aprobarse la reforma, esa lógica podría quedar formalizada.

El dato estructural es claro: ante la caída del salario real y la falta de generación de empleo masivo, el ajuste termina trasladándose al tiempo. Más horas para intentar sostener el mismo nivel de consumo. En esa ecuación, el descanso y la vida personal se convierten en variables cada vez más ajustadas.

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