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Mística bajo la lluvia: la noche en que Estudiantes de La Plata ganó en el final con el corazón y su historia

Mística bajo la lluvia: la noche en que Estudiantes de La Plata ganó en el final con el corazón y su historia
Luciano Neder
13 Abr, 2026

Con un doblete agónico de Mariano Pavone, el Pincha venció a Bolívar en una noche épica por Copa Libertadores que marcó un antes y un después.

Hay partidos que quedan grabados en la memoria del hincha, y no se pueden explicar desde lo lógico o lo táctico, sino desde lo emocional, desde la historia. Y el triunfo de Estudiantes ante Bolívar, por la Copa Libertadores 2006, es uno de esos partidos que no encuentran un análisis racional. En un Estadio José Luis Meizner colmado y bajo una lluvia persistente, el equipo dirigido por Jorge Luis Burruchaga logró una victoria agónica por 2-1 que le permitió meterse en los octavos de final del torneo, tras más de 20 años de ausencia en esa instancia.

Desde antes del inicio, el partido estaba cuesta arriba: Estudiantes necesitaba ganar ante su rival y que Independiente Santa Fe le reste puntos a Sporting Cristal, para no depender de la diferencia de gol. Pero Bolívar, acostumbrado a competir en la altura, llegó sin complejos a La Plata, tenia otros planes: planteó un juego ordenado y golpeó primero a los 26' con el gol de Miguel Angel Cuéllar, generando incertidumbre en el "Pincha" y obligando a salir a buscar el resultado en un contexto adverso, con más empuje que claridad en los primeros minutos.

En medio de la presión y el nerviosismo, apareció la figura heroica del "Tanque" de Tres Sargentos, Mariano Hugo Pavone. A los 34' el centrodelantero empató el partido con un cabezazo, tras el tiro libre ejecutado por José Ernesto Sosa, y empezó a encender la ilusión en las tribunas. Pero el resultado seguía sin alcanzar. Estudiantes necesitaba ganar sí o sí para clasificar, y el reloj jugaba en contra.

En el complemento, el "León" fue con todo. Sin demasiada precisión, pero con una entrega total, empezó a arrinconar al conjunto boliviano contra su arco. Centros constantes, pelotas divididas y un clima cada vez más tenso marcaron el desarrollo de los últimos minutos cargados por la lluvia, donde el empate parecía condenar al equipo a la eliminación.

Cuando el encuentro se moría, llegó la escena que definió la noche: en tiempo de descuento, y tras un centro de Diego Galván que cruzó todo el área, Marcos Gelabert tomó la pelota perdida y la volvió a enviar hacia el punto penal, donde Pavone volvió a aparecer y con un disparo de zurda tras dar la media vuelta, marcó el 2-1 definitivo que hizo que el estadio Centenario de Quilmes explote. Jugadores, cuerpo técnico e hinchas celebraron un gol que no solo significaba la victoria, sino también la clasificación y el regreso a los primeros planos continentales luego de 20 años de ausencia.

El triunfo marcó mucho más que un resultado clasificatorio a la siguiente instancia. Fue el inicio de una nueva etapa para Estudiantes, no solo en la Copa Libertadores, recuperando una identidad histórica que hasta ese momento parecían cuentos que le transmitían los abuelos a sus nietos: la de una historia basada en la entrega, la resiliencia y la capacidad de pelear hasta el último minuto sin importar el rival ni la adversidad. En aquel partido, que quedó como una de las noches de copas más emblemáticas del club, se pudo ver brotar el germen de esa “mística” que florecería exactamente ocho meses después en estadio José Amalfitani: sufrir, no claudicar y creer que algo bueno va a pasar.

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