Sociedad
El fenómeno de 'El Niño' gana probabilidad para 2026 y crece la expectativa por su intensidad
Los principales centros climáticos internacionales coinciden en que El Niño ganó chances de desarrollarse durante 2026, aunque todavía no hay una confirmación definitiva. Mientras el SMN mantiene un escenario neutral para el trimestre abril-mayo-junio, organismos como IRI y la OMM ya ven una alta probabilidad de transición hacia una fase cálida en los próximos meses.
En paralelo, los modelos internacionales ven un escenario más cálido hacia adelante. El último informe del IRI señaló que, a mediados de abril de 2026, el Pacífico ecuatorial estaba en una fase neutral, pero “rápidamente en transición hacia El Niño”. Según ese reporte, la chance de desarrollo de El Niño en el trimestre abril-junio llega al 70%, y después sube todavía más para el resto del año, con probabilidades de entre 88% y 94% en varios trimestres móviles.
La Organización Meteorológica Mundial (OMM) va en la misma línea. En su actualización del 24 de abril, indicó que un evento El Niño “se espera que se desarrolle desde mediados de 2026” y que incluso podría emerger tan temprano como en mayo-julio. Aun así, la propia OMM aclaró que el famoso “spring predictability barrier” —la barrera de predictibilidad de esta época del año— sigue metiendo incertidumbre, por lo que recién hacia fines de mayo o junio habrá una idea más firme sobre la intensidad real del evento.
¿Por qué aumentó la probabilidad? Porque el océano Pacífico ya viene mostrando señales típicas de una transición cálida. El IRI informó que las aguas subsuperficiales más cálidas se fortalecieron y avanzaron hacia el este, mientras que el Niño 1+2 llegó a +1,8 °C en la semana centrada en el 15 de abril. El SMN, por su parte, también destacó un calentamiento cerca de la costa sudamericana y el debilitamiento de los vientos alisios, dos indicadores que suelen anticipar el armado de El Niño.
En ese contexto apareció con fuerza el término “Súper El Niño”, pero conviene hacer una aclaración importante: no es una categoría científica oficial. La OMM lo dice de forma explícita: no usa ese término porque no forma parte de las clasificaciones operativas estandarizadas. En general, se lo usa de manera periodística para hablar de eventos excepcionalmente intensos, cuando el calentamiento en la región Niño 3.4 supera valores muy altos durante un tiempo prolongado.
De todos modos, que no sea una categoría formal no significa que no haya preocupación. El ECMWF explicó que en los pronósticos de abril para septiembre, los distintos miembros de sus ensembles proyectaban anomalías en Niño 3.4 de entre 1,7 °C y 3,3 °C, un rango amplio que muestra dos cosas al mismo tiempo: que hay una señal bastante fuerte hacia El Niño, pero también que todavía existe incertidumbre sobre cuán intenso podría llegar a ser. El propio organismo remarcó que hay “un fuerte consenso” sobre el desarrollo del evento, aunque no unanimidad sobre su magnitud final.
En cuanto al impacto en Argentina, la referencia más sólida sigue siendo la histórica: los eventos El Niño suelen asociarse con más lluvias en sectores del centro y noreste del país y, en general, con un aumento del riesgo de eventos de precipitación intensa en partes del sur de Sudamérica. La OMM menciona justamente que, en términos típicos, El Niño está vinculado a mayores lluvias en partes del sur sudamericano, aunque aclara que cada evento es distinto y que sus efectos concretos dependen de cómo evolucione y de la interacción con otros forzantes climáticos.