Sociedad

El desamor (y el amor) en los tiempos del coronavirus

El desamor (y el amor) en los tiempos del coronavirus
Leonel Sánchez Alpino
05 Sep, 2021

Por Nicolás Torres Ressa, Prof. de Filosofía (UNLP)

(Sábado a la noche, junio del 2020. Tiempos de cuarentena estricta. Rodri, Joaquín y Martín están hablando por videollamada) 

JOAQUÍN: ¿Y qué onda, cómo fue?

RODRI: Se veía venir: desde hacía un tiempo que veníamos mal y discutiendo. Ya desde principios de año, antes que empezara la cuarentena. No nos bancábamos más. Decidí llamarla por teléfono. Charlamos unos minutos: en realidad ya no había mucho más que decir. La relación no daba para más y ambos decidimos ponerle punto final. Obviamente dolió.

MARTÍN: ¡Terrible cuando pasan esas cosas, amigo! La vida a veces es así. 

JOAQUÍN: ¿Qué te puedo decir, Rodri? Bienvenido al club. Otro más que cortó relación en pandemia. 

RODRI: Y… sí. Me asocié al club, nomás. Creo que todo pasa por algo.

JOAQUÍN: ¿Qué loco el amor, no? Nadie se pone en pareja sabiendo que un día la relación va a terminar. Se supone que la idea es que eso no pase nunca. 

MARTÍN: Ahí no estoy tan de acuerdo, che. Me parece que hasta es un tema para debatirlo. 

JOAQUÍN: Y bueno, debatámoslo. Total, no hay nada más para hacer. Qué raro un sábado a la noche así, eh. Por suerte me pedí una birra, tengo para acompañar el debate.

MARTÍN: Yo no creo que las relaciones duren para siempre: cada pareja tiene su ciclo. Cuando ese ciclo se cumple, ya fue. ¿De qué te sirve seguir estando en una relación que no te hace crecer? ¿No es un poco masoquista querer “salvar la relación”, cuando ya no tiene arreglo? Es vivir en el pasado, es querer seguir solamente por los buenos recuerdos. Si ya fue, ya fue. 

RODRI: Hay algo que no me cierra. 

JOAQUÍN: Estoy de acuerdo con Rodri. Me parece bastante pesimista lo primero que dijiste.

MARTÍN: ¿Por? La duración en el tiempo está sobrevalorada. ¿Una relación es mejor por durar más años? Pensemos en nuestros abuelos: se casaron y estuvieron como cuarenta años juntos. Y encima fueron padres de nuestros viejos. ¿Eran felices? ¿Querían seguir en serio? ¿O lo hacían porque no les quedaba otra? Me inclino más por la última opción.  ¡Que las relaciones duren lo que tengan que durar!

JOAQUÍN: En eso ponele que tenés razón. Las personas no se casaban porque querían, lo hacían para cumplir un mandato, porque era “lo que había que hacer”. 

RODRI: Pero también hay casos en los que genuinamente querés estar toda tu vida y tener hijos. Con mi ex lo llegué a pensar en algún momento. Lo veía como una posibilidad. Y me pareció lindo eso, disfruté imaginándolo como un futuro posible.

JOAQUÍN: Coincido con Rodri. No sé si “es mejor” que la relación dure más en el tiempo. A lo mejor es relativo. Si las dos personas se sienten felices, creo que sí, ¿por qué no? 

MARTÍN: Me parece que es una idea muy dependiente de lo que es una pareja. Me suena a que necesitas a esa persona para ser feliz y por eso no querés que te falte nunca.

RODRI: No creo que tenga que ver con la dependencia. Es más, con todo respeto, amigo, pero me parece un poco inmaduro pensarlo de esa manera. 

JOAQUÍN: Iba a decirte lo mismo que Rodri. 

MARTÍN: ¿Inmaduro por qué? Si querés que esa persona esté siempre, pasas a depender de ella. En cambio, si aceptas que algún día no va a estar más, te volvés independiente. No importa si está o no está… si no está, no se te va a caer el mundo abajo, no vas a sufrir. ¿No es mejor? 

RODRI: Sí, pero personalmente sigue sin cerrarme lo que decís. Lo de “no importa si está o no está” no me parece muy convincente. Creo que detrás de esa manera de ver las cosas se esconde el miedo a sufrir. La inmadurez creo que pasa por ese lado, por querer a toda costa evitar sufrir. A veces no se puede evitar y no queda otra que enfrentarlo.

JOAQUÍN: Claro, a mí también me sonó a : “Bueno, no me voy a involucrar demasiado sentimentalmente, total sé que esto un día se va a terminar. Y cuando se termine, no quiero sufrir”.

MARTÍN: Bueno, ponele. Sí, el sufrimiento a veces es inevitable. Pero mientras más alta es la expectativa, más sufrís si no se cumple. Bajándola, ahorrás sufrimiento. ¿No es mejor?

RODRI: ¿Se pueden controlar las expectativas?  

MARTÍN: A veces está bueno intentar controlarlas. Me parece mejor dejar que las cosas fluyan, en vez de pretender tener todo calculado. 

JOAQUÍN: Estoy más o menos de acuerdo con lo de aceptar las cosas como son y dejar que fluyan. Pero… expectativas tenemos todos. ¿Para qué lo vamos a negar?    

RODRI: Claro: cincuenta, cincuenta; mitad, mitad. Ni aceptar las cosas así, tal como vienen, sin hacer nada; ni querer controlar todo. Es un ida y vuelta: nosotros proponemos y la vida en algún momento dispone. ¡Pero dejame proponer! Dejame por lo menos darme el espacio para pensar qué quiero.

JOAQUÍN: Eso no quita que, a veces, sea mejor aceptar las cosas como son; y que otras veces, sí da para pelear por lo que uno quiere. Hay momentos y momentos. 

RODRI: Aunque a veces no sabemos cuándo es momento para una cosa, y cuándo para otra.

JOAQUÍN: Y… casi siempre nos terminamos enterando con el diario del lunes. A lo mejor, cuando uno va acumulado más experiencia, va aprendiendo a reconocer qué momentos son para una cosa y qué momentos para otra..

RODRI: A lo mejor la experiencia tampoco sirva de mucho, porque cada relación es distinta.

MARTÍN: ¿Vale la pena tener expectativas tan altas? 

RODRI: ¿Y quién dice cuándo son altas y cuándo son bajas? 

MARTÍN: Querer que la otra persona esté toda tu vida, me parece una expectativa altísima. Es casi imposible. Hay un noventa y nueve por ciento  de posibilidades de que no ocurra. Y me quedo corto. Encima, en caso de que ocurra, hay otro noventa y nueve por ciento de posibilidades de que no sigas por amor, sino simplemente por costumbre. El amor algún día se termina, Rodri, Joaco. 

JOAQUÍN: Si definimos al amor como algo así como “mariposas en el estómago”, cae de maduro que sí, que se termina. Pero a lo mejor si le cambiamos la definición, la cosa cambia. 

MARTÍN: ¿Y qué es el amor? 

RODRI: No sé si tengo la respuesta, pero si tuviera que decir algo sobre el amor, diría que pasa por desarrollar un compañerismo. Querer compartir tu vida con esa persona y que esa persona quiera comparta su vida con vos. Algunos quieren tener hijos. Otros, viajar por el país o por el mundo. Otros, simplemente vivir juntos y tener dos o tres gatitos. Es cuando confiás en el otro y sentís que está unido a vos, y que hay una relación de intimidad. 

MARTÍN: ¿Y si no confias en los demás? ¿Ahí qué pasa? 

RODRI: Ahí se complica, pero creo que la confianza y el compañerismo se aprenden y se construyen con el tiempo. A veces, con más facilidad con algunas personas, que con otras.

MARTÍN: O sea que, según tu punto de vista, el amor también se construye. 

RODRI: Se lo puede ver así también. Y se puede elegir seguir construyendo. Y deconstruyendo. Ahí sí puede durar toda la vida, ¿por qué no?

MARTÍN: O sea que tu postura es que el amor puede durar toda la vida, pero también puede que no.  

RODRI: Claro, pero no tengo nunca en cuenta en esa posibilidad. Si voy a bajar la expectativa porque existe la posibilidad de la ruptura, ¿por qué no bajo la expectativa de vivir bien? Si total, ya sé que me voy a morir. Me parece que el miedo al sufrimiento no debería condicionar nuestras “apuestas”. O por lo menos deberíamos tratar que no las condicione. Terminar con mi ex me hizo sufrir, pero no me arrepiento de los momentos lindos que viví con ella.  Me pone contento haber dado todo lo que yo podía dar. Y me siento capaz de dar mucho más, la próxima vez.

MARTÍN: No pensamos tan distinto, amigo, por más que parezca que sí. 

RODRI: Yo tampoco creo que no, eh. ¡Qué ganas que termine pronto esto! ¿Algún día se inventará la vacuna para este bicho? Qué ganas de estar tomando una birra en el diagonal 74. Por lo pronto, me voy a dormir, muchachos. La cuarentena logró que me acueste temprano un sábado, increíble. 

JOAQUÍN: ¡Ojalá llegue pronto esa vacuna! Está difícil. Yo también me voy para el sobre. ¡Nos vemos, chicos!

MARTÍN: ¡Chau Joaquín, Rodri! Seguimos hablando.

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