Política
Caputo admitió que EE.UU. condiciona su apoyo: “Gobernabilidad a cambio de una mano”
El ministro de Economía, Luis Caputo, reveló que el Gobierno nacional depende del visto bueno de Washington para sostener su plan económico. En plena campaña electoral, reconoció que el secretario del Tesoro norteamericano, Scott Bessent, le pidió que el oficialismo “trabaje en la gobernabilidad” como condición para un eventual respaldo financiero.
En sus declaraciones, Caputo se sinceró: “Esa fue la única cosa que me dijo el secretario Bessent: trabajen en la gobernabilidad”. El funcionario libertario aprovechó para insistir en que el oficialismo necesita obtener una mayoría simple en el Congreso en octubre, con el objetivo de aprobar reformas estructurales en lo laboral y tributario. En ese sentido, pidió abiertamente el voto para consolidar lo que Milei hasta ahora no logró construir: acuerdos políticos.
El ministro justificó la dependencia de las condiciones extranjeras con un argumento repetido: “Hay que implementar esas reformas que destraben la economía lo más pronto posible. Sí, se resquebrajó la confianza, y bueno, hay que recomponerla”.
Un gobierno atado a las exigencias externas
La confesión de Caputo expone la fragilidad del proyecto económico libertario, que no solo enfrenta un fuerte rechazo social por sus políticas de ajuste, sino que además aparece condicionado por intereses internacionales. Lejos de mostrar autonomía, la gestión Milei admite que necesita apoyo externo para sostener el rumbo y que ese respaldo llega con exigencias claras.
Incluso, Caputo coincidió con Bessent en calificar la última corrida cambiaria como un “golpe político” impulsado por la oposición, sin asumir responsabilidades por la crisis financiera ni por el derrumbe del poder adquisitivo. “Estados Unidos lo identificó y dijo: esta gente va por el camino correcto”, señaló, como si la aprobación extranjera fuera un aval suficiente para ignorar los problemas locales.
El discurso vuelve a dejar en evidencia la contradicción del oficialismo: mientras Milei insiste en una narrativa de “soberanía” y lucha contra la “casta”, su ministro reconoce que la continuidad del plan económico depende de lo que decidan en Washington.