Crónicas del mundo

China, cuarta entrega: Visita a Luoyang

16 May, 2021 Leonel Sánchez Alpino

Por Silvia Franchi

Existen miles de ciudades para visitar en China y hay para todos los gustos, ya que es un país gigante, heterogéneo y  diverso. Se puede diseñar el viaje de acuerdo a las preferencias personales, según nos interese más el paisaje, la naturaleza, el patrimonio cultural o una combinación de algunas de esas categorías.

Para quienes les interese el patrimonio cultural e histórico, existen ciudades que tienen mucho para ofrecer como Luoyang, Datong o Dunshuang, En este ocasión, elegimos la ciudad de Luoyang, ubicada hacia el Sudeste de Beijing, en la provincia de Henan, ubicada en el centro de China. Otrora fue ciudad-capital de la antigua China, en el siglo XI a.C. Existía desde que gobernaba la dinastía Zhou  en 770 a.C.

Viaje en tren bala

El traslado desde Beijing hacia Luoyang se puede realizar en avión, en tren bala o en trenes más lentos con camarotes. Los trenes chinos son extraordinarios y responden a la última tecnología. Todas las indicaciones figuran en idioma chino y en inglés, y no es necesario viajar con guía, depende de las preferencias o de la organización del tour seleccionado. Cuando llegamos a la estación Central de Beijing (ya que hay varias estaciones terminales en esta ciudad) es necesario contar con un boleto sacado con bastante anticipación, debido a que diariamente miles de personas toman los trenes Inter-zonales y probablemente no haya plazas en el día.

Al llegar a la estación se debe pasar el equipaje por el control de seguridad, al igual que en los aeropuertos, y luego seguir las indicaciones en los carteles de anuncios de los horarios y andenes de salida. Seguramente jamás has visto una estación de trenes tan enorme, con tantas salas y andenes. Es aconsejable llegar con anticipación, mantener la calma ya que en las estaciones se mueven miles de personas, y no tener ningún temor. No hay inseguridad ni robos o situaciones violentas, ya que están vigiladas y el viaje está garantizado.

Primeramente hay que dirigirse a una sala determinada, que figura en el billete, desde la cual salen diversos trenes por distintos andenes y estar atentos al andén del cual partirá nuestro tren. Existen numerosas salas, todas iguales y cada una parece una terminal en sí misma. En dichos salones hay muchos asientos adonde sentarse y esperar la partida, así como restaurantes al paso, kioscos, venta de bebidas, souvenirs, comidas para llevar, maletas, artículos de higiene personal, cualquier cosa que se pueda necesitar. De todas maneras en el tren se pueden comprar bebidas, comidas e infusiones. Los trenes  cuentan con azafatas muy profesionales y multilingües en cada vagón, con uniformes impecables y adecuada presencia.

En las pantallas se anunciará nuestro andén y número identificatorio del tren, además de la ruta y lugar de destino. En el boleto figuran el número del vagón y del asiento asignado. Recorreremos aproximadamente 800 kilómetros hasta llegar a Luoyang, viaje que se realizará en cuatro horas.  La distancia en línea recta es de 683 km. Los trenes bala desarrollan alta velocidad, y la velocidad alcanzada depende de la distancia a recorrer entre estaciones, ya que en este caso  el recorrido tiene numerosas paradas debido a que miles de ciudadanos de ciudades del interior se desplazan para trabajar en Beijing. Se ven muchos policías que regresan de su jornada laboral y bajan en estaciones intermedias. Todo está muy organizado en China. Los trenes son de última generación y no tienen nada que envidiarles a los Siemens europeos. La velocidad promedio oscila entre 200 y 280 km/hora.

El viaje es entretenido en virtud de que se cuenta con pequeñas mesas para leer o usar la computadora o el celular. La mayoría de los pasajeros son chinos, quienes usan permanentemente los celulares. También conversan mucho por teléfono y consumen infusiones y comidas ligeras.

Actualmente, China ha diseñado nuevos trenes para distancias más largas, que llegan a desarrollar una velocidad de 350 km/hora, son los llamados maglev. Es muy conveniente esta forma de transporte, dado que los aeropuertos están alejados y hay que presentarse horas antes, de modo que el tren es el medio más conveniente para recorrer largas distancias. Los chinos se desplazan mucho entre ciudades, migran hacia lugares adonde pueden conseguir mejores trabajos y frecuentemente juntan licencias y visitan a sus familiares en distintas localidades.

Las nuevas ciudades del interior de China

En el trayecto de 800 km para llegar a destino, podremos observar las nuevas ciudades del interior de China, construidas hace pocos años por el régimen de la República Popular China. El objetivo es desconcentrar las mega ciudades y crear nuevos poblados con actividad productiva y más pequeños, pensados con ideas excelentes. Son pequeños pueblos idénticos que pueden verse desde el tren: en una primera parte de las parcelas se observan galpones fábricas, de producción textil o industrial. Una segunda porción de superficie está dedicada al cultivo de hortalizas y al final se ven edificios muy altos, todos dotados de pantallas solares para economizar energía. Obviamente tienen agua suficiente que viene  de los ríos. Las viviendas son más espaciosas que en las grandes ciudades, de allí que mucha gente joven decida mudarse a estas regiones.

Las  pequeñas ciudades acogen a muchas familias que buscan trabajo y vivienda, además de estar bien comunicados en todo sentido, telecomunicaciones y transporte. El plan del gobierno chino es el de llegar verdaderamente a pobreza cero, y el criterio es que todos los ciudadanos trabajen, aunque tengan discapacidades  y sean productivos. De ese modo descomprimen las grandes aglomeraciones y los ciudadanos gozan de mejor calidad de vida. El desarrollo de ventas on-line  está muy desarrollado y en los sitios pueden adquirir cualquier cosa que necesiten. Los electrodomésticos chinos tienen excelente diseño, son de última generación y funcionan bien; no es cierto que los productos  chinos sean de mala calidad. Hay televisores de gran tamaño, lavarropas de hermoso diseño, cocinas grandes, heladeras de doble puerta y una gran variedad de cacerolas eléctricas de colores hermosos, en tonos pastel rosa, amarillo o celeste, ya que cocinan mucho arroz y verduras al wok. También están desarrollando la cocina robótica. La mala calidad responde a la demanda de los compradores, que buscan productos baratos sin importar la calidad y los chinos se adecuan a lo que sus clientes les encargan.

Llegada a Luoyang

Arribamos a una moderna estación de tren, adonde nos esperará la guía que nos mostrará los tesoros de Luoyang. Llegamos a la ciudad nueva de Luoyang de unos 20 años de antigüedad, moderna, llena de carteles luminosos rojos, comercios, restaurantes y centros comerciales de lujo. La población se desplaza en motos eléctricas, ya que las motos a nafta tienden a desaparecer. A la mañana siguiente, después de desayunar, saldremos hacia el Templo de Shaolin.

Shaolin es un monasterio de budismo Zen y expresa la conexión con las artes marciales más famosas de Oriente. Combinan práctica religiosa integrada al entrenamiento marcial. Se encuentra allí la escuela de Kung-Fu más importante del mundo,  un sistema de lucha, gran destreza  y precisión, que requiere años de entrenamiento y formación.

Conoceremos el Templo de Shaolin, que se encuentra en la entrada del predio, en una zona de montañas y vegetación. Reina el silencio, ligado a la práctica de la filosofía budista y el arte del Kung-Fu.

Luego ingresamos a la zona de la escuela de Kung Fu (Patrimonio de la Humanidad desde 2010) adonde veremos cientos de niños y jóvenes que se están formando en estas artes marciales, que requieren gran disciplina. Es un sistema de lucha y destreza, se dan patadas en el aire, golpes de puño estratégicos capaces de partir una madera por el medio, se aprende la imitación de los movimientos de los animales y el uso de sables, algunos muy largos. No es un arte violento y su alimentación es vegetariana. Los alumnos hacen un internado, ya que vuelven a sus hogares en contadas ocasiones.

Los niños y jóvenes que ingresan siguen rigurosas normas de conducta, además del entrenamiento, y pasan muchas horas practicando las técnicas. Utilizan palos de madera que luego serán sables, hacen formación y práctica de saltos en el aire, así como las técnicas de lucha marcial deportiva. La formación lleva alrededor de 7 años o más, y muchos de ellos aspiran a recorrer el mundo, formando escuelas y distintos shows, particularmente en Europa y Estados Unidos.

Pasamos a presenciar un show en el que se mostrarán las destrezas y técnicas del Kung-Fu en toda su expresión. Es increíble lo que pueden lograr con tanto entrenamiento, concentración, meditación y precisión. Es asombroso ver sus cuerpos flexibles, y la destreza, por ejemplo, de atravesar un vidrio con una aguja grande, con pura concentración y no tanta fuerza.

La entrada a la sala tiene unas piedras con inscripciones escritas en chino, que seguramente transmiten un mensaje interesante.

Luego comenzará el show, con una duración aproximada de 30 minutos que será verdaderamente asombroso y nos mantendrá totalmente concentrados en lo que estos jóvenes son capaces de lograr.

A la salida se encuentran unas esculturas en dorado que muestran las posturas, y hay un pequeño local con souvenirs.

Por el camino de la salida nos encontramos con tumbas que pertenecen a monjes budistas importantes que dejaron su huella como maestros.

Después de almorzar, continuamos nuestro recorrido hacia el templo del Caballo Blanco, que es el primer templo del Budismo en China, establecido en el año 68 de la dinastía Han y se encuentra a 12 kilómetros de Luoyang. Se pueden ver distintas esculturas de Budas en su interior, y dos hermosas esculturas de caballos blancos de piedra, que parecieran tener un significado místico.

Los chinos practican distintas religiones y creencias, y también creen en que tocar ciertos objetos les dará suerte. Los ancianos concurren a ver la escultura del caballo blanco y lo tocan pidiendo suerte y salud.

Terminado nuestro día, regresamos a la ciudad para descansar y prepararnos para conocer las Grutas de Longmen, algo nunca visto. Cada día en China es una gran experiencia para el espíritu explorador.

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