Crónicas del mundo

Conocemos Zhujiajiao, la Venecia de China

20 Jun, 2021 Leonel Sánchez Alpino

Por Silvia Franchi

Partimos de Shanghái rumbo a Zhujiajiao, la ciudad del agua, la Venecia de Oriente, que se inició con el asentamiento de la familia Zhu hace más de 1700 años. Es una ciudad pequeña que mide apenas 47 kilómetros cuadrados, y que prosperó gracias al comercio del arroz y la indumentaria confeccionada en seda. El comercio estaba facilitado por ferries que atravesaban los canales de navegación. Hay 36 puentes de piedra. Además, existe aun una oficina de correos de la época de la dinastía Qing; es una ciudad muy pintoresca, que invita a pasar un día relajado y sereno.

Sus calles costeras son pintorescas y animadas, hay pequeños locales con curiosidades, comidas chinas, numerosos restaurantes pequeños y cafeterías. Podemos ver tiendas de ropa de seda, chalinas muy coloridas, finísimas corbatas, juguetes para niños, como el pipi-boy, un muñequito de terracota que se sumerge en agua caliente y al retirarlo orina un chorro de agua, sumamente gracioso.

Hasta hay un local con artesanías realizadas en astas, donde se encuentran peines labrados y masajeadores para el rostro.

Bien llamada la Venecia de Oriente,  pequeñas embarcaciones navegan sus canales para dar un paseo, como si fueran góndolas. Se atraviesa el río y lo cruzan 36 puentes.

Hay artesanías en madera que están realizadas con esmero, buen gusto y variedad de diseños.

Nos topamos con los puentes y un bello templo budista, que se alza sobre  el río.

También podemos apreciar comidas al paso en locales que desde temprano ofrecen comidas típicas y exóticas a base  de cerdo y frutos de mar fritos.

Hay una especie de cebollas gigantes que no podemos comparar con ninguna hortaliza que sea de nuestro conocimiento, o tal vez sea una variedad de zapallo.

Recorrer las calles de Zhujiajiao es sumergirse en el tiempo. Las viviendas antiguas están bien preservadas, pero hoy todas ellas están adaptadas a la actividad comercial y turística. Nos despedimos de esta bella ciudad con una hermosa vista panorámica.

Nuestra próxima visita será al Museo de la Seda, una fábrica enorme en la que se elabora la seda natural; tiene un local de grandes dimensiones en el que se exhiben y venden prendas de seda, chalinas, ropa de cama de seda, pijamas, batas finísimas, blusas, túnicas, vestidos, para todos los gustos, talles y edades. También hay camisas de seda, chalecos y pantalones para hombres. Los chinos gustan vestirse de seda, y todos ellos tienen pijamas de seda, frescos en verano y abrigados en invierno, una cualidad única de la seda natural.

El proceso de la seda tiene varios pasos. Se crían gusanos de seda en cuencos en los que se alimentan y empiezan a engordar. Al mismo tiempo segregan un líquido viscoso, la seda líquida. La oruga va quedando encerrada en un capullo, que despide numerosos filamentos. Al entrar en contacto con el aire se solidifica y va creando el abrigo que la recubre.

Comienza el proceso de enrollado de la fibra donde se juntan varios filamentos a la vez. Cada capullo produce 1500 metros de fibra. El proceso es despiadado con respecto al gusano, y el propio Mahatma Gandhi se pronunció al respecto y criticó estas técnicas, aunque no tuvo éxito.

Un producto de seda típico que es el que más desean vender, es un acolchado realizado enteramente en fibra de seda en su interior,  muy abrigado en invierno y fresco en verano. Por su confección y calidad de los materiales garantizan que durará 20 años y cuesta aproximadamente 200 dólares. Se dobla y queda reducido a una pequeña valija. En la fábrica hacen demostraciones de su confección y realizan envíos a todo el mundo. Los chinos son buenos vendedores por su infinita paciencia e infinita insistencia: “Algo te vas a llevar”.

Las prendas infantiles en seda son muy graciosas y verdaderamente las usan todas las familias.

También hay una gran variedad de telas de seda lisas y estampadas, que pueden comprarse por metro para confeccionarlas al regreso, ya que las prendas tienen diseños orientales que no se llevan en nuestra cultura, aunque las francesas se animan a llevar este tipo de prendas. ¿Quién no se llevaría una chalina?

Regresamos a Shanghái para ver el atardecer, cuando la ciudad comienza a iluminarse en todo su esplendor, majestuosa, imponente, deslumbrante y cosmopolita.

Finalizamos nuestro día con la frutilla del postre, un paseo en crucero nocturno con cena típica incluida.

Al llegar al Dock nos encontramos con una parrilla argentina, Obelisco. Nunca faltan las parrillas argentinas en grandes ciudades del mundo como Nueva York, Miami, Madrid, Barcelona o Estocolmo.

Vemos el barco al cual ascenderemos después de realizar una cola larguísima con cientos de chinos ansiosos por embarcar. Los chinos realizan el crucero para disfrutar las vistas de Shanghái nocturna pero no incluyen la cena porque no es accesible para todos los bolsillos. Se puede apreciar el salón restaurant del barco.

Y con esta experiencia nocturna nos despedimos de Shanghái, ciudad que seguramente desearemos volver a visitar alguna vez.

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