Punto capital
Una tradición con historia e identidad platense
Desde su origen en los años 50 hasta su consolidación como una de las celebraciones más emblemáticas de fin de año, la quema de muñecos se transformó en un sello cultural de La Plata, atravesado por el trabajo barrial y la creatividad colectiva.
La quema de muñecos es una de las expresiones culturales más arraigadas de La Plata, se trata de una costumbre que atraviesa generaciones y barrios, y que con el paso del tiempo se consolidó como una de las expresiones culturales más representativas de la ciudad.
Los primeros antecedentes de esta práctica se remontan a la década del 50. Registros culturales locales ubican uno de los primeros muñecos en 1956, cuando vecinos de la zona de 10 y 40 levantaron una estructura artesanal que luego fue incendiada como parte de una celebración barrial. Aquella experiencia, improvisada y sin organización formal, marcó el inicio de una tradición que no dejó de crecer.
Una de las versiones más extendidas señala que el origen estuvo vinculado a un festejo deportivo: la consagración del club Defensores de Cambaceres en la Liga Amateur Platense. A partir de ese hecho, la idea de despedir el año con una figura simbólica prendida fuego comenzó a replicarse en distintos puntos de la ciudad.

Con el correr de los años, los muñecos fueron dejando de ser simples homenajes a figuras populares para transformarse en verdaderas producciones colectivas. Personajes del cine, la televisión, la animación, los videojuegos y el deporte comenzaron a ganar protagonismo, junto con creaciones originales que reflejan el humor, la crítica social y la creatividad de cada barrio.
Este crecimiento también trajo nuevos desafíos. A medida que la quema se volvió más masiva, surgió la necesidad de ordenar la práctica y garantizar condiciones de seguridad. En ese contexto, en 2011 se conformó la Asociación Muñecos de La Plata, integrada por más de 150 jóvenes de distintos barrios, con el objetivo de preservar la tradición sin perder su esencia comunitaria.
Desde entonces, la organización trabaja en conjunto con el Municipio y los cuerpos de emergencia para establecer pautas de seguridad, coordinar capacitaciones y acompañar a los vecinos que año a año sostienen esta costumbre. Gracias a ese trabajo, la quema de muñecos logró adaptarse a los tiempos actuales sin resignar su carácter popular.
Hoy, la noche del 31 de diciembre vuelve a reunir a familias, amigos y visitantes en torno a una tradición que combina memoria, creatividad y participación barrial, y que sigue renovándose como una de las señas de identidad más fuertes de La Plata.


