Estudiantes
121 años de rebeldía: el evangelio de un club que nació para cambiar el fútbol
Fundado el 4 de agosto de 1905 por un grupo de jóvenes que se negó a aceptar un "no" como respuesta, Estudiantes de La Plata convirtió la cultura del trabajo, la rebeldía y la innovación en una doctrina. A 121 años de aquella madrugada en una zapatería de la ciudad, el Pincha sigue escribiendo una historia que trascendió títulos para convertirse en una forma de entender el deporte y la vida.
Por Luciano Neder
Hay instituciones que nacen.Y hay instituciones que irrumpen. El 4 de agosto de 1905, mientras La Plata todavía era una ciudad joven, concebida sobre la precisión de escuadras y diagonales, una veintena de muchachos decidió desafiar el orden establecido. No aceptaron que el fútbol fuera considerado un entretenimiento impropio para quienes integraban la aristocracia social de la época. Eligieron separarse de Gimnasia y Esgrima La Plata para defender una idea que entonces parecía revolucionaria: el fútbol también pertenecía a los trabajadores, a los estudiantes, a los inconformistas.
Aquella rebeldía fundacional no fue un episodio aislado. Fue el primer capítulo de un evangelio. Porque Estudiantes nació antes como una idea que como un club. Nació esa otra cultura convencida de que el esfuerzo podía derrotar a los privilegios, que el estudio podía imponerse sobre la improvisación y que el trabajo colectivo era capaz de cambiar la historia.
No es casualidad que Felipe Montedónica haya dado origen al apodo de "pincharrata". Ni que Jorge Luis Hirschi y Mariano Mangano se convirtieran en presidentes que trascendieron sus épocas para transformarse en arquitectos de un modelo institucional.
Tampoco que Alberto "Pichón" Negri despertara la admiración de Pelé, que Manuel Pelegrina continúe siendo el máximo goleador de la historia del club o que Ricardo Infante inventara la rabona mucho antes de que el mundo la descubriera.
En Estudiantes nunca alcanzó con jugar bien. Había que dejar una enseñanza.Y entonces apareció Miguel Ubaldo Ignomiriello. Antes de él, nada. Después de él, todo.
Mas divisiones inferiores eran apenas un espacio de formación deportiva. Con él, se transformaron en una escuela de vida. Educación, disciplina, preparación física, seguimiento médico, formación humana. Conceptos que hoy parecen inevitables nacieron en City Bell cuando todavía eran vistos como extravagancias.
De esa cantera emergió la "Tercera que Mata". Y a esa generación la guió el hombre que llevaría la revolución hasta sus últimas consecuencias. Osvaldo Juan Zubeldía fue el mayo francés del fútbol argentino.
Mientras otros seguían creyendo en el talento como única explicación, él convirtió el estudio, la táctica y la obsesión por los detalles en una doctrina. Revolucionó el entrenamiento, resignificó la pelota parada, perfeccionó el fuera de juego y demostró que las ideas podían derrotar a los presupuestos.
Con Juan Ramón Verón, Carlos Bilardo, Raúl Madero, Oscar Malbernat, Eduardo Flores, Marcos Conigliaro y tantos otros discípulos de aquella fe, Estudiantes rompió con la hegemonía de los poderosos al conquistar el metropolitano de 1967, conquistó tres Copas Libertadores consecutivas y alcanzó la cima del mundo en Old Trafford, derrotando al poderoso Manchester United.
No ganó solamente un partido. Cambió para siempre la manera de entender el fútbol.
Los años trajeron nuevas páginas. El bicampeonato de Bilardo, tuvo como emblemas al "Tata" José Luis Brown, prócer de Ranchos y campeón del mundo en México 1986, y Miguel Ángel Russo, de un equipo que jugaba con tees enganches.
También llegaron los golpes y las heridas: el descenso de 1994, que lejos de quebrar la identidad la fortaleció. Menos de un año después, el club regresó a Primera División de la mano de Russo y Manera en tiempo récord.
La pérdida del capitán Eduardo "Ruso" Prátola conmovió a todo el fútbol argentino y dejó una enseñanza que excede cualquier resultado: algunas personas nunca nos abandonan, trascienden al tiempo, y nunca se deja de recordarlos verdaderamente en el lugar donde fueron felices.
En 2003 regresó Carlos Bilardo.Y tres años más tarde volvió Juan Sebastián Verón. Aquella vuelta no significó solamente el regreso de uno de los mejores jugadores argentinos de su generación. Fue el inicio de un nuevo paradigma. El equipo dirigido por Diego Simeone protagonizó una persecución infatigable e inolvidable hasta alcanzar a Boca Juniors y derrotarlo en la histórica final del Torneo Apertura 2006.
El alumno volvió a superar al maestro cuando Alejandro Sabella condujo al equipo hacia la cuarta Copa Libertadores en 2009, recuperando la esencia de una escuela que nunca dejó de producir conocimiento futbolístico.
Con Verón ya como presidente, Estudiantes volvió a transformarse. El nuevo estadio Jorge Luis Hirschi, el equilibrio económico, el rol social de llevar la institución a los lugares donde los demás no llegan, la consolidación del Country Club Mariano Mangano con el secundario "Rubén Bedogni" y el terciario haciendo hincapié en la formación de personas, el fortalecimiento de las divisiones inferiores y un nuevo ciclo exitoso con el regreso de José Ernesto Sosa y Guido Carrillo demostraron que el legado también puede administrarse sin dejar de soñar.
Y mientras el club seguía escribiendo su historia, otra certeza se hacía evidente. Estudiantes nunca fue solamente un protagonista del fútbol argentino. Fue una escuela para la Selección.
Desde Manuel "Nolo" Ferreira, primer capitán argentino en un Mundial, pasando por Carlos Bilardo, José Luis Brown, Alejandro Sabella, Juan Foyth, Gerónimo Rulli y Lionel Scaloni, la Albiceleste encontró una y otra vez en City Bell una manera de competir basada en el estudio, el compromiso y la convicción.
No son casualidades. Son la continuidad de una doctrina.
Hoy Estudiantes cumple 121 años y no celebra únicamente campeonatos. Celebra una identidad. La de aquellos adolescentes que, obstinados en jugar al fútbol, terminaron cambiando el deporte entre las cuatro paredes de una zapatería.La de quienes entienden que la historia se hereda, pero también se honra.
Estudiantes a lo largo de su historia resistió estoicamente ante los embates de los rivales, de la crítica porteña, de los que lo tildaron de "antifútbol" y "animals". Incluso superó a ataques políticos, de gobiernos y del ente madre del fútbol argentino.
Porque Estudiantes nunca fue solamente un club. Es otra cultura, donde lo colectivo esta por encima del individualismo, donde la formación de personas y su educación esta por encima de jugar bien con los pies. Estudiantes es y seguirá siendo una forma de ser, que no tiene explicación.
Feliz cumpleaños, León. Que los próximos 121 años encuentren a esta comunidad tan rebelde como aquella madrugada de 1905, persiguiendo lo imposible con la misma convicción de siempre.