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80 años después: Hiroshima y el artículo que cambió el periodismo para siempre

80 años después: Hiroshima y el artículo que cambió el periodismo para siempre
Leonel Sánchez Alpino
06 Ago, 2025

El día que la humanidad se encontró frente a frente con su peor versión.

El 6 de agosto de 1945, Hiroshima dejó de ser simplemente una ciudad japonesa para convertirse en símbolo del horror nuclear. Ocho décadas después, ese episodio sigue resonando en la memoria colectiva, en parte gracias a una pieza de periodismo que transformó la manera de contar la guerra y sus consecuencias: 'Hiroshima', el reportaje de John Hersey publicado en 'The New Yorker'.

Un artículo que rompió moldes

En agosto de 1946, un año después de la explosión que arrasó con Hiroshima, 'The New Yorker' tomó una decisión inédita: dedicar la totalidad de su edición a un solo artículo. Ni reseñas culturales, ni viñetas, ni las habituales notas ligeras. Solo un texto. La razón era clara, según explicó el equipo editorial: aún había quienes no comprendían el verdadero alcance del poder destructivo de la bomba atómica ni sus implicancias humanas.

El impacto fue inmediato. La revista, con su habitual diseño veraniego en la portada, contenía en su interior un testimonio desgarrador contado con una prosa serena y casi desapasionada. El autor, John Hersey, había viajado a Japón meses antes para documentar la situación en Hiroshima, pero en vez de enfocarse en la destrucción material, eligió algo más íntimo: seis historias humanas. Se trataba de sobrevivientes que vivieron el infierno desde adentro y cargaban, muchos de ellos hasta el final de sus días, las secuelas invisibles del desastre.

El poder de contar personas, no cifras

Hersey era ya un reconocido corresponsal de guerra y novelista. Durante su viaje, mientras se recuperaba de una enfermedad, leyó 'El puente de San Luis Rey', la novela de Thornton Wilder. Inspirado por su estructura narrativa centrada en individuos atrapados en una catástrofe, Hersey encontró su enfoque: no hablaría de miles de muertos, sino de seis vidas.

Así nacieron los relatos de Toshiko Sasaki, una joven trabajadora con una pierna destrozada; el reverendo Tanimoto, un pastor metodista que se afanaba por salvar a otros mientras sufría los efectos de la radiación; Hatsuyo Nakamura, madre de tres niños pequeños; el sacerdote jesuita Wilhelm Kleinsorge; y dos médicos opuestos en personalidad pero unidos por el horror: Masakazu Fujii y Terufumi Sasaki.

A través de ellos, el lector fue testigo del "mudo destello", de cuerpos abrasados, de niños deshidratados, del viento ardiente que arrasó con todo. Pero también del dolor posterior: enfermedades que se manifestaban semanas o meses después, familias desmembradas, identidades fracturadas.

Publicación bajo secreto y difusión mundial

Hersey volvió a Nueva York con su reportaje completo. No quiso enviarlo desde Japón, sabiendo que la censura de las fuerzas de ocupación estadounidenses interceptaba y suprimía material sensible. Los editores Harold Ross y William Shawn reconocieron la potencia del texto y prepararon su publicación en absoluto secreto.

La noche antes de salir a la venta, enviaron copias a los principales diarios del país. El resultado fue una ola de editoriales recomendando su lectura. La edición de 'The New Yorker' se agotó por completo —300.000 ejemplares en tiempo récord— y el texto fue reimpreso en múltiples medios alrededor del mundo. Incluso el científico Albert Einstein intentó adquirir mil copias para compartirlas, pero tuvo que conformarse con reproducciones, debido a la demanda desbordada.

En un contexto donde aún no se hablaba de contenido viral, 'Hiroshima' lo fue en su época: fue leído en voz alta por la radio en Estados Unidos y luego en el Reino Unido. La BBC dedicó cuatro noches consecutivas a transmitirlo íntegramente, una decisión inusual por el tono sombrío y el impacto emocional del contenido. La repercusión fue tan grande que una segunda emisión fue programada poco después en un formato más accesible para el público general.

Cuando la empatía derriba barreras

En un momento histórico donde los japoneses aún eran retratados con estereotipos racistas en Occidente, el reportaje de Hersey rompió ese molde. Presentó a sus protagonistas como personas comunes —madres, médicos, sacerdotes— atrapadas en una pesadilla inimaginable. No eran enemigos, eran humanos.

Muchos lectores expresaron su conmoción. Las cartas enviadas a la revista daban cuenta del remordimiento y la vergüenza que sentían al conocer los efectos reales de la bomba, más allá de las cifras abstractas o los triunfalismos bélicos. El texto obligó a la sociedad estadounidense a mirar de frente lo que significaba la nueva era atómica.

Censura en Japón y legado duradero

Paradójicamente, mientras el mundo conocía Hiroshima, los propios japoneses no podían acceder a la historia. El general Douglas MacArthur, máxima autoridad de la ocupación en Japón, prohibió la difusión del artículo y su traducción al japonés. No fue hasta 1949 que el texto fue finalmente traducido, por el mismo reverendo Tanimoto.

Décadas después, Hersey volvería a Japón para reencontrarse con los sobrevivientes y escribir una segunda parte: 'The Aftermath' (Las Secuelas), publicada en 1985. Allí narró cómo sus protagonistas habían vivido durante los 40 años posteriores, cómo la radiación había cobrado nuevas víctimas y cómo la vida, pese a todo, continuaba.

Un antes y un después en el periodismo

Más allá de su contenido, 'Hiroshima' marcó un hito en la historia del periodismo. Fue una obra radical, un ejemplo de lo que hoy llamaríamos "periodismo narrativo", donde la investigación rigurosa se une con las herramientas literarias para construir una narrativa poderosa.

John Hersey solo concedió un puñado de entrevistas en toda su vida. Su posición fue siempre la misma: dejar que los hechos hablen por sí solos.

A 80 años del bombardeo, su crónica permanece como una advertencia, una elegía y un llamado a la empatía. Porque como demostró Hersey, cuando se cuentan las historias de las personas, no hay excusa que valga para justificar lo injustificable.

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