Internacional

En exclusiva desde Moscú: cómo se vivieron las elecciones presidenciales en Rusia

En exclusiva desde Moscú: cómo se vivieron las elecciones presidenciales en Rusia
Ju Fux
18 Mar, 2024

Por Leonel Sánchez Alpino.

Vladímir Putin acaba de lograr su reelección por una amplia diferencia, en un país que fue a votar en un clima de normalidad. La participación superó el 76%, un diez por ciento más que en las votaciones anteriores, realizadas en 2018.

Durante el transcurso del proceso electoral me encontraba en la Federación Rusa, ya que integré la delegación argentina que participó en el Festival Mundial de la Juventud 2024, un encuentro que reunió a jóvenes de todo el planeta para compartir puntos de vista e intercambiar opiniones sobre el presente y el futuro inmediato. Allí pude evidenciar cómo se llevaron a cabo los comicios, y constatar en primera persona un clima de calma, en el que la gente concurrió a los centros de votación en forma ordenada.

Dado el tamaño del país, los rusos disponen de tres días para ejercer su derecho al voto, por lo que las elecciones comenzaron el viernes 15 y finalizaron el domingo 17. Tiempo de sobra para evitar complicaciones.

Sin embargo, en las últimas horas pude leer en algunos medios de nuestro país algunos artículos dedicados a atacar al sistema electoral ruso e incluso a poner en duda el resultado. Es triste ver cómo el principal valor del periodismo, que debería ser informar con la verdad, queda de lado para plegarse a una campaña de desinformación, ordenada por embajadas extranjeras.

Durante el 15 y el 17 estuve presente tanto en Moscú como en Tula, dos ciudades importantes de la Federación Rusa, pero con grandes diferencias entre sí en población y tamaño. A pesar de sus características demográficas y particularidades regionales, la situación era la misma: la gente se organizaba para ir a votar sin mayores sobresaltos, y continuaba con sus actividades cotidianas como cualquier otro día.

A diferencia de las elecciones latinoamericanas, las calles no se veían inundadas de cartelería, sino que conservaban su estética habitual. No es cierto que había una presencia hegemónica de Putin en la vía pública, ni algún tipo de propaganda del oficialismo.

En la calle, en el subte, en las zonas más y menos turísticas, en cada lugar donde se podía conversar con la gente, más allá de la distancia del idioma, y gracias a la ayuda de los traductores del celular, se podía notar una clara mayoría que apoya al gobierno. "No entendemos porque no nos dejan en paz", me comentó una vendedora en Moscú.

"Queremos vivir tranquilos y con estabilidad, no entendemos porque Occidente siempre apuntó contra Rusia, siempre nos invadió, nosotros no queremos conflicto, queremos que nos dejen tranquilos como nosotros hacemos con los demás", agregó.

En Rusia está muy presente el recuerdo de las invasiones pasadas, ya que fueron numerosas las veces que Europa apunto sus cañones hacia el este, la última y más dramática durante la Segunda Guerra Mundial (Gran Guerra Patria para los rusos), cuando la Alemania de Hitler invadió a la Unión Soviética y llevó adelante un genocidio contra su pueblo, que perdió a casi 30 millones de personas en el conflicto bélico. Sin embargo, la URSS logró expulsar al invasor y el Ejército Rojo avanzó a paso firme hasta Berlín, un hecho que contrasta con las películas de Hollywood, las cuales omiten quienes realmente derrotaron a los nazis.

Putin le devolvió al país el orgullo que había perdido en los 90', tras la caída del comunismo y las consecuencias sociales de las políticas de Yeltsin. Para la mayoría de los rusos, su país recuperó el lugar que le corresponde en el mundo, y su situación económica mejoró visiblemente en los últimos años, incluso a pesar de las sanciones.

El mundo necesita que nos alejemos de la demonización y el conflicto, y empecemos de una vez a establecer un orden internacional que se base en el diálogo y el respeto a las decisiones de los otros pueblos. Sin imposiciones ni chantajes.

La geopolítica es el arte de la negociación y el pragmatismo, que cada país haga lo mejor para si mismo, sin abandonar su autonomía. Los problemas empiezan cuando los intereses de algunas potencias específicas se venden como valores globales, y el dogmatismo reemplaza la búsqueda de acuerdos; estamos a tiempo de evitarlos, pero para eso necesitamos tener voz propia.

Comentarios