Editorial
El aniversario del Teatro Bolshói y la dimensión argentina
Por Dmitry Feoktistov, Embajador de la Federación Rusa en la República Argentina.
Este año, la escena principal de Moscú celebró su 250 aniversario: el 28 de marzo de 1776 fue creado uno de los teatros más famosos e importantes, destacado mundialmente por su alto nivel de la ópera y ballet.
La fundación del Teatro Bolshói fue impulsada por un decreto de la emperatriz Ekaterina II, que otorgaba al mecenas moscovita Piotr Vasilievich Urusov el derecho exclusivo a organizar espectáculos, bailes, mascaradas y otros eventos de entretenimiento durante un período de diez años. Esta decisión, de hecho, sentó las bases del futuro patrimonio nacional del país.
El camino hacia la grandeza no fue fácil, lleno de desafíos. El Teatro Bolshói cambió de ubicación y apariencia varias veces: de un escenario privado en la calle Petrovka, se transformó en una construcción monumental en la Plaza del Teatro. Su historia está marcada por una serie de convulsiones, incluyendo incendios devastadores, revoluciones y guerras mundiales. Durante la Gran Guerra Patria 1941-1945, el edificio resultó seriamente afectado por una bomba que dañó la fachada y casi destruyó el vestíbulo.
El teatro adquirió su aspecto actual en 1856 gracias a los esfuerzos del arquitecto Albert Cavos, quien no solo renovó los elementos decorativos, sino también mejoró significativamente el equipamiento técnico de este templo del arte, con capacidad para más de 2000 espectadores, haciendo hincapié en la acústica. Gracias al ingenioso diseño de la sala, el sonido llena uniformemente todo el espacio, lo que permite escuchar incluso las partes más silenciosas en los asientos más alejados. La fachada está decorada con la famosa escultura de un carro tirado por cuatro caballos, que se ha convertido en uno de los símbolos de la capital de Rusia. Representa al antiguo Dios griego Apolo, patrón de las artes.
En 2005, el teatro volvió a tener una restauración a gran escala. Durante las obras se recuperaron los detalles perdidos decorativos del siglo XIX, diseñados por el arquitecto Osip Bove, uno de los principales arquitectos de la reconstrucción de Moscú tras el incendio de 1812. Al mismo tiempo, los ingenieros llevaron a cabo una operación técnica única: reforzaron los cimientos e instalaron un complejo sistema de mecanismos bajo el edificio histórico, lo que permite cambios de escenografía rápidos y el ascenso y descenso de secciones del escenario.
A lo largo de su extensa historia, el Bolshoi ha acogido a una pléyade de artistas excepcionales. Entre ellos – leyendas como Maya Plisetskaya, Galina Ulanova, Fiódor Shaliapin, Vladimir Vasiliev y Marina Semiónova, así como numerosas estrellas internacionales, como Montserrat Caballé, Luciano Pavarotti, Plácido Domingo y Ángela Gheorghiu, han actuado en su escenario.
A pesar de algunos experimentos vanguardistas, en el repertorio del teatro prevalece, en lo general, el estilo clásico. Enfocándose en la ópera y el ballet, se mantiene fiel a sus raíces. Fue aquí donde se estrenaron 'Eugeni Onegin' y 'La Dama de Picas' de Tchaikovski, 'Boris Godunov' de Músorgski y 'La Nieves' de Rimski-Kórsakov. Las producciones tradicionales de 'El Cascanueces' y 'La Bella Durmiente' siguen atrayendo al público, con entradas que se agotan con mucha antelación.
Si el Bolshói es considerado el corazón de la cultura rusa, Buenos Aires tiene su propio símbolo icónico: el Teatro Colón. El primero es inseparable de la historia rusa y del desarrollo de su Estado, mientras que el segundo surgió en la fusión de la poderosa influencia europea y la identidad argentina. Incluso su apariencia refleja esta diferencia: el austero estilo clásico del escenario moscovita contrasta con el lujo ecléctico del Teatro Colón. Y, sin embargo, a pesar de toda esta disimilitud y lejanía geográfica, los une algo más profundo: una actitud especial hacia el arte como uno de los mayores valores espirituales.
Los dos teatros cuentan con una larga trayectoria de exitosa colaboración: durante varias épocas se han celebrado giras de artistas rusos en Buenos Aires y de artistas argentinos – en Moscú. El famoso bailarín Julio Bocca, que actualmente ocupa el cargo de director general y artístico del Colón, saltó a la fama precisamente en el escenario del Bolshói en 1992. Actuó en numerosas ocasiones en Moscú y en el Teatro Mariinski de San Petersburgo, convirtiéndose en una figura de culto para el ballet ruso.
Esta tradición de intercambio ha sentado una base sólida para entablar un diálogo creativo, por lo que es importante mirar hacia el futuro – hacia la ampliación de los vínculos culturales. Consideramos que, en el actual clima geopolítico turbulento, el arte, en su sentido más amplio, podría convertirse en uno de los motores del desarrollo de las relaciones entre Rusia y Argentina. Por ejemplo, sería beneficioso organizar un intercambio de giras entre el Bolshoi y el Colón, como en los buenos viejos tiempos. Partimos del que existe el interés común en superar barreras y fortalecer el entendimiento y la confianza mutuos mediante la implementación de ambiciosos proyectos de diplomacia cultural.