Crónicas del mundo
Disfrutar los lugares cercanos a San Francisco
Por Silvia Franchi.
Cruzando el puente Golden Gate o tomando la Ruta de la Costa del Pacífico californiana, podremos sorprendernos con maravillosos paisajes, flora y fauna silvestre que son estimulantes para los sentidos y testimonios históricos y culturales de la región.
El bosque Muir
Un día de visita a un bosque con naturaleza exuberante puede ser una buena idea para conocer los alrededores de San Francisco. La visita al Bosque Muir (Muir Woods) es recomendable, ya que se trata de un Monumento Nacional de los Estados Unidos, administrado por el Servicio de Parques Nacionales cuyo nombre rinde homenaje al naturalista John Muir. Cruzando el Puente Golden Gate se llega al condado de Marin donde a pocos kilómetros se encuentra el bosque. Se puede llegar en coche o en excursiones que salen de la ciudad de San Francisco.
El bosque ocupa 205 hectáreas y está repleto de secuoyas gigantes que envuelven el paisaje de un verde soñado y cuya altura llega a medir entre 100 y 150 metros de altura, en tanto el tronco puede llegar a tener un diámetro de entre 5 y 7 metros. Las sequoyas no solo se destacan por su tamaño sino también por su longevidad; son árboles que pueden vivir, nada más y nada menos, que hasta 4.000 años.

El bosque se recorre por senderos de tablas de madera muy bien construidos, y aparecen carteles en los que hay datos relevantes acerca de las sequoyas, los helechos gigantes, y la forma del conjunto de los árboles como una de ellas que se denomina La Catedral.
Hay arroyos que atraviesan el espacio natural, generando una sensación de paz, silencio y bienestar, pese a los numerosos visitantes que llegan cada día en distintos horarios.

Sausalito
Cerca del bosque y volviendo a la ruta, se llega a Sausalito, una pequeña comunidad del Área de la Bahía de San Francisco, también ubicada en la zona de Marín. Se llama así por la pequeña arboleda de sauces que se encuentran en el lugar, cuyos troncos tienen formas particulares. La zona es muy elegante y pintoresca, y destaca su marina, el espacio dedicado a las embarcaciones que amarran en el pequeño puerto.

Los edificios y mansiones se construyeron en las colinas para tener la mejor vista de la bahía. Es obvio que se trata de un lugar exclusivo para gente con gran poder adquisitivo. Hay algunos museos alusivos a la historia de esta región, restaurantes, tiendas muy atractivas y bares donde se sirve tequila mejicano.

Dando un paseo apacible por el malecón nos recrearemos con hermosas vistas hacia las colinas y hacia la bahía. Hay restaurantes con mesas al aire libre para disfrutar del paisaje y pasar un buen momento.

Recorrido por la costa del Pacífico
Una excursión interesante que llevará un día entero, es realizar el recorrido por la Costa del Pacifico, visitando las ciudades de Monterrey y Carmel. La costa del Pacífico es rica en fauna marina y sus acantilados rocosos invitan a realizar altos en el camino para disfrutar del paisaje y de las aves que abundan en estas costas.
Monterrey es una ciudad que surgió para albergar a los aventureros que buscaban el oro que fluía en esas aguas. La Fiebre del Oro de California fue un fenómeno social que ocurrió en esta zona entre 1848 y 1855, caracterizado por la gran cantidad de inmigrantes que llegaron a las cercanías de San Francisco en busca del preciado metal. Llegaron alrededor de 300.000 personas tanto de otras ciudades de Estados Unidos como de otros continentes, como Europa, Asia, Oceanía y América Latina.

En principio la recolección de las pepitas de oro era simple y se recogían de los arroyos y lechos de los ríos. Más tarde se desarrollaron métodos más sofisticados que fueron adaptados en todo el mundo. Algunos se hicieron millonarios y muchos otros no obtuvieron ganancias. Los efectos de esta migración repentina fueron espectaculares, ya que hasta entonces San Francisco era una aldea diminuta. Con la fiebre del oro la ciudad se volvió monumental, se construyeron escuelas, caminos e iglesias y se fundaron pueblos en las cercanías.
Se incorporaron barcos a vapor para el transporte del metal y se tendieron vías de ferrocarril, dando lugar a un incipiente desarrollo de la agricultura como segunda actividad. Este desarrollo provocó que los nativos de la región fueran atacados y expulsados de sus tierras, a la vez que también hubo un gran impacto ambiental.

Los cazafortunas, motivados por el imperio del oro, fundaron esta rica región cuyo crecimiento nunca se detuvo.
Así surgió Monterrey, un barrio elegante y un paseo agradable. Indudablemente los nuevos ricos dejaron sus humildes cabañas para trasladarse a lujosas mansiones, cuya riqueza provino de la desesperación por volverse ricos, al descubrir el oro y llenar sus bolsillos con la venta del preciado metal. En Monterrey hay un gran acuario y una hermosa vista costera.
Retomando la ruta Pacific Coast Highway se podrán disfrutar de vistas inigualables de escarpados acantilados, ya que se trata de una de las rutas más populares de Estados Unidos. A la vera de la ruta encontraremos el “ciprés solitario”, un árbol curiosamente solo y que aparece en Vértigo, la película de Hitchcock en una de las escenas.

La Ruta Costera
La costa es de caídas abruptas con olas que rompen furiosamente. Las aguas son frías y no hay playas para disfrutar, aunque sí es maravilloso observar la fauna del lugar, un verdadero placer. Hay gaviotas, cormoranes y otros pájaros que conviven plácidamente en las rocas. También se acercan las tiernas ardillas.


La ruta se construyó en la década de 1930 y tiene un recorrido total de 900 km que llega a San Diego, con hermosas vistas y muchas curvas, que permiten apreciar el cielo infinito.

Dada la gran cantidad de aves, las aguas deben ofrecerles una buena fuente de alimento con peces de todo tipo y tamaño.

Por la ruta se llegará al famoso distrito de Carmel, cuna de mansiones de valores millonarios y de vida apacible, con hoteles de lujo que cuentan con canchas de golf con vista al mar. Muchos famosos tienen una casa en Carmel para pasar algunas temporadas de descanso. Hay galerías de arte, confiterías, refinados restaurantes, indumentaria de grandes marcas, joyas Tiffany, interesantes para curiosear.
Así finaliza el recorrido por la sorprendente ciudad de San Francisco y las regiones que la rodean, cada una con un atractivo particular que se grabará para siempre en nuestra memoria, y soñaremos secretamente en regresar algún día.