Editorial
Los nuevos profesionales universitarios para un mundo en crisis
Por Lic. Prof. Eduardo Roberto Stamato
Hoy, más que nunca, se requiere integrar la formación académica científica con la sensibilidad humana. Estamos en un mundo en plena transformación. Es el momento de formar en lo qué el mundo realmente necesita.
A mediados del mes de julio, y durante los primeros días de agosto, una prestigiosa universidad privada de la Ciudad de Buenos Aires líder en la enseñanza del Diseño, quien comparte junto a nuestra prestigiosa UBA idénticos estándares y resultados de calidad educativa, organizó el Simposio Agenda del Diseño 2026-2030, del que participaron docentes y profesionales de diferentes universidades de América Latina y del mundo, con el objetivo de debatir las necesidades del futuro egresado universitario.
Sin lugar a dudas, y si de reformas educativas universitarias se trata, indiscutiblemente la necesidad de un cambio metodológico, de contenidos, de evaluación y de preparación humanística y profesional es imperioso en la mayoría de las carreras universitarias.
La formación científica es indiscutible en el mundo universitario, pero estamos en ausencia de formación humanística, emocional y de desarrollo profesional tan necesarias en un mundo cada vez más carente de afecto y de contención, sin dejar de lado la necesidad de formación en liderazgo y de trabajo en equipo que favorezca acciones cooperativas y colaborativas necesarias en un mundo altamente competitivo e inclusivo y que nos permita separarnos del individualismo reinante favorecido por las sobradas especializaciones.
El simposio se desarrolló en la modalidad de conversatorios interdisciplinarios organizados por ejes temáticos y disciplinas, integrados por docentes de las diferentes áreas del diseño, economistas, empresarios, productores y pedagogos preocupados por las necesidades de formación que un joven profesional requiere para su futuro ejercicio, en un mundo competitivo, globalizado tecnológica y económicamente, totalmente inestable, con industrias, tecnicaturas y oficios que tienden a desaparecer, inmersas en un cambio de paradigma general y donde la empatía, la solidaridad, la sinergia, el error como crecimiento y la frustración, parecieran no tener lugar en la sociedad y mucho menos en el ámbito laboral del siglo XXI.
No hay dudas que la IA es hoy una herramienta más que vino para quedarse en el mundo laboral y estudiantil como lo fue la informática en la década de los 90. Ella debe ser un medio más a incluir, no un fin en sí mismo. No tengamos miedo que sin lugar a dudas no podrá actuar sobre la sensibilidad y emociones de las personas, aunque el hombre así se lo proponga.
No olvidemos que estas ideas ya las planteó Alam Turing, en la década del 40', con la invención de los primeros ordenadores que permitían realizar operaciones matemáticas tal como las realizaba el cerebro humano y que posteriormente dio lugar a la invención de la primera computadora que siempre necesita del hombre para que pueda programarla, actualizarla y ejecutarla.
La electrónica nunca podrá imitar el sin fin de estímulos, emociones, funciones intelectuales y respuestas sensoriales que el hombre logra transmitir desde su desarrollado y complejo mundo cerebral. El cerebro con su sinfín de transmisores naturales, no podrá nunca ser igualado o imitado por ciento de cableados metálicos soldados o unidos por otros metales o iones proveniente del mundo inorgánico. El mundo orgánico necesita del mundo inorgánico para vivir, no al revés.
Sin lugar a dudas la universidad debe formar profesionales científicamente capacitados en su disciplina, pero no debe permanecer al margen de los avances, necesidades e inquietantes actualizaciones que surgen con una rapidez inusual. La universidad es también responsable de incluir las
habilidades blandas en sus diseños curriculares y metodologías de trabajo e investigación.
Hoy socialmente hablando el hombre necesita recuperar la confianza y los valores perdidos, y son los profesionales de un futuro no muy lejanos los que deberá poder trasmitirlos en sus ambientes profesionales, laborales y sociales.
Hoy el mundo necesita de seres empáticos, resilientes, respetosos, pensantes, razonadores y capaces de entender las necesidades de su entorno y de reinventarse.
Luego de un análisis intensivo, interdisciplinario, atravesado por profesionales de diferentes generaciones como el que este tipo de encuentros genera se concluyó, en la necesidad urgente de un reforma educativa que atraviese las diferentes carreras, que abarque los tres niveles de enseñanza, sin dejar de lado la importancia de la formación científica para la que la universidad fue creada, pero sumando la educación emocional en forma urgente, que permita recuperar los valores y emociones perdidas, apoyados en las herramientas tecnológicas que nunca superaran a su creador, sin dejar de atender el diseño o perfil de ese escenario futuro, seguramente incierto, donde se desarrollará la escena educativa.
Es decir, cada espacio de aprendizaje, cada aula debe ser un espacio único y irreproducible de creatividad, construido en la confianza, seguridad, apertura, inclusión, de la mano del conocimiento de las TIC´S y de la IA, espacios donde docentes y estudiantes se sientan valorados, escuchados y sean vistos.
Dentro de estas aulas no puede estar ausente el pensamiento crítico, la resolución de problemas, la diversidad, la cultura, la creatividad, el respeto y desde luego la capacidad de equivocarse, levantarse y volver a intentar cada vez que sea necesario.
No podemos quedarnos cruzados de brazos ante universidades que sigan trabajando como lo hacían un siglo atrás, cuando el mundo ya giró varias vueltas y dejo serias transformaciones en nuestras vidas y en la sociedad.
La incorporación de habilidades blandas en nuestras aulas, de las que el mundo universitario no queda al margen, es una obligación en la educación transformadora que se viene perfilando en el universo educativo, herramientas necesarias para lograr un mundo más justo y sostenible.
Ya no hay dudas, el ecosistema educativo necesita integrar las habilidades blandas o socioemocionales para formar individuos más completos y preparados para encarar los desafíos del complejo siglo XXI.