Punto capital
La Plata abrazó al Indio: una multitudinaria misa ricotera copó 7 y 50
Miles de fanáticos se congregaron en la esquina más emblemática del centro platense para homenajear al líder de Los Redondos. Entre canciones, abrazos, lágrimas y pogos, la ciudad volvió a reconocerse en una de las figuras culturales que marcaron su identidad.
La noticia de la muerte de Carlos "Indio" Solari sacudió al país entero, pero en La Plata el impacto tuvo una dimensión particular. Mientras en distintos puntos de Argentina se multiplicaban las muestras de afecto y en Plaza de Mayo miles de personas improvisaban una misa ricotera para despedirlo, la capital bonaerense encontró su propio escenario para el homenaje: la histórica esquina de 7 y 50.
Desde las primeras horas de la tarde del viernes comenzó a circular la convocatoria en redes sociales. La consigna era sencilla: reunirse con banderas, remeras, trapos y canciones para despedir al artista cuya historia quedó ligada para siempre a la ciudad. La respuesta no tardó en llegar.
Al caer la tarde, 7 y 50 dejó de ser una esquina de tránsito cotidiano para convertirse en un punto de encuentro emocional. Familias enteras, jóvenes que nunca lo vieron en vivo y veteranos de incontables misas ricoteras compartieron el mismo espacio, unidos por una obra que atravesó generaciones. Las estrofas de Los Redondos sonaron una y otra vez entre aplausos, abrazos y lágrimas.
Hubo también pogo. Porque la despedida del Indio, como ocurrió en Plaza de Mayo y en otras ciudades del país, no se pareció a un velorio tradicional. El dolor convivió con la celebración de un legado artístico que durante décadas construyó un sentido de pertenencia pocas veces visto en la música argentina.
Frente al Pasaje Dardo Rocha, la multitud transformó el centro platense en una enorme ceremonia colectiva. Cada canción funcionó como un recuerdo compartido; cada bandera desplegada, como una declaración de identidad. Porque más allá de su figura como músico, Solari representó para miles de personas una forma de entender la cultura popular, el rock y la independencia artística.
Por unas horas, 7 y 50 fue mucho más que una esquina. Fue el lugar donde La Plata eligió despedir a uno de sus símbolos más universales. Allí, entre cantos, emoción y memoria, la ciudad le dijo adiós al Indio de la manera que mejor sabe hacerlo: reuniéndose alrededor de sus canciones.