Punto capital

Entre meloneros y diagonales: la ciudad que dio origen a la leyenda del "Indio"

Entre meloneros y diagonales: la ciudad que dio origen a la leyenda del "Indio"
Luciano Neder
05 Jun, 2026

La muerte de Carlos Alberto Solari deja un vacío imposible de llenar en la cultura argentina y también obliga a mirar hacia un lugar específico del mapa: La Plata. Porque mucho antes de los estadios colmados y las convocatorias multitudinarias, el Indio fue un pibe formado entre las diagonales y la intensa vida cultural de una ciudad que terminó moldeando buena parte de su identidad.

Aunque nació el 17 de enero de 1949 en Paraná, Entre Ríos, llegó a La Plata cuando tenía apenas dos años. Su familia se instaló en un departamento de calle 41 entre 7 y 8. Su padre, José Solari, trabajaba en el Correo y su madre, Celina Choy, era ama de casa. Aquella ciudad universitaria, atravesada por el pensamiento crítico, el arte y la política, sería el escenario donde comenzaría a construirse una de las figuras más influyentes de la historia del rock nacional.

Su paso por la educación formal fue tan errático como el resto de su biografía. Durante los años de primaria conoció a Isa Portugheis, amigo de la infancia que luego le presentaría a Guillermo Beilinson, el futuro Skay, primero socio comercial en una lavanderia, y luego compañero artístico fundamental en la historia ricotera.

Fue expulsado del Industrial Albert Thomas, terminó el secundario en el Normal N°3 e intentó ingresar a Bellas Artes para estudiar pintura, aunque tampoco logró completar ese camino.

La Plata, una ciudad distinta

Décadas más tarde, el propio Solari intentó explicar qué tenía de especial la ciudad que lo había formado.

"La Plata es una ciudad estudiantil. La mayoría de tus amigos son gente que piensa, y eso te da una cierta visión del mundo", escribió en sus memorias Recuerdos que mienten un poco.

También acuñó una definición que con el tiempo se volvió célebre: los platenses eran "meloneros".

"Cuando entrás a escarbar en el melón descubrís estímulos interminables. Por eso tendíamos a producir un arte disruptivo, irritante", explicaba.

Para el Indio, La Plata era un territorio singular. Lo suficientemente cerca de Buenos Aires para recibir todas las influencias culturales de la época, pero con la autonomía necesaria para reinterpretarlas bajo códigos propios. Allí convivían estudiantes, artistas, músicos, escritores y militantes en una ebullición permanente.

Los primeros shows junto a la banda Dulcemembriyo, germen de Virus, y la identidad visual del artista Rocambole generaron aquella atmósfera decisiva para la construcción de una mirada artística que siempre buscó correrse de los lugares comunes.

Gallinas en el Teatro Lozano

Las primeras experiencias de la banda que luego sería Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota estuvieron lejos de los formatos tradicionales.

Los primeros recitales se realizaron en el histórico Teatro Lozano, ubicado en calle 11 entre 45 y 46. Allí comenzaron a aparecer los rasgos que luego caracterizarían al universo ricotero: la mezcla de música, teatro, humor absurdo y provocación.

Una de las anécdotas más recordadas ocurrió durante uno de esos shows."Un día fuimos a comprar gallinas para tirarlas al público en un show en el Lozano, pero todo salió mal; las gallinas se atacaron entre sí", recordó Solari en sus memorias.

Aquellos espectáculos eran verdaderas experiencias contraculturales, alejadas de cualquier lógica comercial. Los futuros Redondos buscaban sorprender, incomodar y romper con todas las convenciones.

Por entonces, el Indio ya comenzaba a convertirse en un personaje conocido dentro de la bohemia platense. Un artista excéntrico, irreverente y profundamente crítico de los valores tradicionales de la clase media.

La fuga de la Comisaría Primera

Las noches platenses también dejaron historias que parecen sacadas de una película. En uno de los relatos más desopilantes de su autobiografía, Solari recordó una madrugada en la que, junto a un grupo de amigos, recorrió la ciudad en varios autos y terminó protagonizando una guerra de verduras frente a la confitería París, en la esquina de 7 y 49.

La diversión duró poco. La policía apareció rápidamente y detuvo a todo el grupo, que fue trasladado a la Comisaría Primera de calle 53 entre 9 y 10. "Éramos como cuarenta", recordó.

Pero la historia no terminó allí. Una vez encerrados, surgió un plan improvisado para escapar.

"Nos trepamos a un portón de hierro y nos tiramos para la calle. Fue una locura, cosas platenses y es una ciudad donde pasan cosas muy chifladas", contó.

La anécdota resume el espíritu de una generación que encontró en La Plata un espacio para experimentar, equivocarse y construir nuevas formas de expresión.

El Pasaje Rodrigo y el nacimiento de Patricio Rey

Si existe un lugar simbólico en la génesis ricotera, ese es el viejo Pasaje Rodrigo. Allí comenzaron los ensayos, los encuentros y las primeras ideas que darían forma a una banda destinada a cambiar para siempre la historia del rock argentino.

Junto a Skay Beilinson, Beto Verne, Pepe Fenton y otros músicos que fueron pasando por distintas formaciones, el Indio empezó a construir un proyecto artístico completamente diferente a todo lo conocido.

Nadie podía imaginar entonces que de aquellas reuniones surgiría el fenómeno cultural más importante que haya dado el rock nacional.

La Vitrola y el Big Bang ricotero

A medida que los recitales crecían, también aparecieron espacios que se transformaron en puntos de encuentro para los seguidores de la banda.

Uno de ellos fue la disquería La Vitrola, ubicada en calle 6 entre 47 y 48. Allí se vendían las entradas para los recitales del Teatro Lozano y, más tarde, para otras presentaciones que empezaban a convocar cada vez más público.

Las filas se extendían por cuadras enteras. Las entradas se agotaban rápidamente. La leyenda comenzaba a expandirse.

Los cronistas de la época coinciden en que aquellos años platenses fueron fundamentales para que Patricio Rey encontrara su identidad definitiva.

Una ciudad que nunca abandonó

Aunque con el tiempo el fenómeno ricotero se volvió nacional y luego continental, el vínculo entre el Indio y La Plata nunca desapareció.

La ciudad siguió apareciendo en sus relatos, sus recuerdos y sus reflexiones. Incluso cuando cuestionaba ciertas limitaciones del ambiente cultural local, lo hacía desde el afecto.

"La mayoría de los artistas de La Plata tienen muchísimo talento, pero son cagones. Les cuesta salir de la Circunvalación", decía provocador, fiel a su estilo.

Sin embargo, detrás de la crítica se escondía una certeza: La Plata había sido el lugar donde descubrió la música, el arte, la literatura y las personas que cambiarían su vida para siempre.

Por eso resulta imposible contar la historia de Carlos Alberto Solari sin hablar de La Plata.

Porque antes de convertirse en mito, antes de transformarse en símbolo de multitudes, fue simplemente uno más entre los "meloneros" que recorrían la ciudad soñando con cambiar el mundo. Y desde esas diagonales nació una de las aventuras culturales más extraordinarias que conoció la Argentina.

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