Espectáculos

MALIGNANT: entre lo bizarro, el gore y los guantes de cuero

MALIGNANT: entre lo bizarro, el gore y los guantes de cuero
Facundo Benitez
14 Sep, 2021

James Wan regresa a los cines y al género que lo consagró en Hollywood. El director de joyas del terror como Saw y El Conjuro, presenta Malignant, una cinta de horror a la que él mismo describió como algo diferente en su carrera, alejado de la fórmula del terror actual.

Por Maxi Muñoz.

El último jueves se estrenó en las salas argentinas la nueva cinta de James Wan, director y productor que ha caracterizado su carrera por una mezcla entre proyectos propios, grandes blockbusters y franquicias, pero siempre con una relación cercana al género de terror. El director estadounidense logró un reconocimiento mediante El juego del miedo (2004), que con un presupuesto muy ajustado fue la punta de lanza de una saga de ocho películas, de las cuales él ha sido el principal productor, y que inclusive ha tenido un spin off este mismo año —Spiral—. Durante su primera década como director, se dedicó a incursionar en el género con películas como Dead Silence (2007) e Insidious (2010), pero logró un reconocimiento como cineasta talentoso con El Conjuro (2013), la cual también fue el comienzo de una franquicia de secuelas y spin offs, habiendo él mismo dirigido una de ellas —El Conjuro 2—. En el medio, dio un salto extraño en su trabajo al haber dirigido Rápidos y Furiosos 7 (2015), y al haberse adentrado en el subgénero de superhéroes con Aquaman (2018), su último proyecto detrás de la cámara.

Malignant presenta la historia de Madison, interpretada por Annabelle Willis, una mujer que tras un ataque de un esposo abusivo, comienza a tener visiones sobre violentos asesinatos que para su horror, comienzan a hacerse realidad. Malignant es una película que generará divisiones entre el público, ya que en su producto final es una historia bizarra, perturbadora, sangrientamente lisérgica y abocada a ofrecer una experiencia netamente sensorial. En palabras de Wan, esta cinta no es solo una experimentación en su cine, sino que también funciona como homenaje a uno de sus subgeneros favoritos: el giallo italiano. ¿Pero cómo funciona Malignant? ¿Es un tropiezo o un acierto en la carrera del director?

Un poco de terror a la italiana

El giallo es un género originado en Italia, que durante las décadas del 60’ y 70’ fusionó los thrillers policiales con el terror, creando un subgénero cinematográfico caracterizado por su narrativa estilizada, y que sentó las bases para la aparición de otros subgéneros dentro del terror. En definitiva, el giallo es uno de los géneros más influyentes del cine, en especial para el terror tal cual hoy lo conocemos.

Empezó primero desde la literatura, en revistas pulp de relatos policiales y de misterio a finales de los años 20’ en los Estados Unidos, y que ganó popularidad en Italia de tal manera que se creó una propia publicación bajo el nombre de Il Giallo Mondadori, la cual no solo tradujo a autores como Agatha Christie y Raymond Chandler, sino también creó sus propias historias originales. La palabra giallo se convirtió en sinónimo de las novelas de misterio. Pero su adaptación al cine propuso un estilo tan marcado, que se independizó de la literatura y creó un tipo de historias que solo se podían experimentar mediante el cine. 

La muchacha que sabía demasiado, estrenada en 1963, se considera la cinta iniciática del giallo, así como a su director, Mario Bava, el padre del género. La historia retomaba estos relatos policiales del giallo en la literatura, aunque se permitia una experimentacion con el manejo de la camara que le daba un aire fresco y distinto al del cine negro consolidado en los Estados Unidos. Pero fue con Seis mujeres para un asesino, de 1964, la que dio inicio completo a la estetica particular del giallo, debido esencialmente al uso del color, que junto con banda sonoras poco sutiles y estruendosas, se convirtieron en las caracteristicas esenciales para un tipo de historias que combinaban el thriller policial con el horror, el sexo y una violencia estilizada y hasta voyeurista. Los guiones no eran los que resaltaban, normalmente siendo simples y hasta bizarros, y se centraba todo en la estética visual. 

Maria Bava trajo otras películas que hoy en día se consideran de culto en el terror, como Un Hacha para la luna de miel (1969) y Bahía de sangre (1971). Otros directores también hicieron sus propios giallos como Sergio Martino con Torso (1973), Antonio Margheritti con Nude… si muore! (1968), Paolo Cavara con La tarantula de viente negro (1971) y Lucio Fulci con Non si sevizia un Paperino (1972). Pero fue sin dudas Dario Argento el que mejor supo entender la propuesta de Mario Bava, y se convirtió en uno de los referentes del género, además de popularizarlo en los Estados Unidos donde se cosechó una gran cantidad de fanáticos ansiosos por los espectáculos sangrientos del giallo. El pájaro de las plumas de cristal (1970), El gato de las nueve colas (1971) y Cuatro moscas sobre el terciopelo gris (1971) —llamadas como la trilogía animal de Argento—, fueron las películas donde Argento logró congeniar todo lo mejor del giallo: asesinos enmascarados con guantes de cuero, crímenes hiper estilizados, gore y detectives detrás de pistas de cadáveres. Con Profondo Rosso (1975), Argento se consolidaba como director y el giallo como un género por fuera de todo lo conocido hasta el momento. Años después, se introduciría elementos fantásticos con Suspiria (1977), que sería sin dudas una de las últimas grandes cintas del giallo, antes de ir perdiendo poco a poco su popularidad durante la década de 1980; aunque no sin antes marcar al terror e influir en otros subgéneros que explotarian en Hollywood, tal como el slasher —sagas como Viernes 13 le deben mucho al giallo—.

Hoy en dia, hay muchas otras propuestas a modo de homenaje y experimentación, como el trabajo de los cineastas belgas Helene Cattet y Bruno Forzani, con películas como Amer (2009), El extraño color de las lágrimas de tu cuerpo (2013) y Laissez bronzer les cadavres (2017); o propuestas más cercanas a estos lados del mundo, como la argentina Abrakadabra (2018) o la uruguaya Al morir la matinée (2020). Inclusive, el propio Argento ha hecho un homenaje a su propio cine, así como una revisión del género en Giallo, del 2009.

Malignant, un híbrido que se cuela en el mainstream

Una vez expuesta la intención de James Wan en experimentar con el giallo, la película, sin embargo, termina siendo más un híbrido entre este género y el propio estilo audiovisual de Wan. En primer lugar, la historia en Malignant comparte un lado más hacia el terror sobrenatural, en especial durante su primera mitad, donde todos los sucesos se acercan a lo que el director hizo en Insidious, aunque sin dudas trayendo una puesta en escena onírica y un estilo en los movimiento de cámara que van preparando el camino para una segunda mitad donde la película da una vuelta de tuerca que logra pegarle una cachetada a los espectadores. Y en segundo lugar, ya entrado en este tercer acto, el nivel de gore que alcanza la película, junto con una banda sonora cada vez más acentuada, recuerdan a la saga de Saw.

Pero volviendo a Malignant, la historia se desarrolla dentro de lo paranormal, con un guión algo descuidado, que a veces hasta se da muchas licencias de conveniencia para que la trama avance, o simplemente rozan con lo ilógico y lo absurdo mediante diálogos casi expositivos y actuaciones over the top. Pero ya desde el inicio, la preocupación de Wan está casi al cien por ciento abocada a lo visual, con una historia muy estilizada en sus colores, su música y sus planos y secuencias. Es la experiencia visual donde Malignant gana mucho. 

A medida que la historia avanza, el personaje de Madison va perdiendo la cabeza con sus pesadillas de homicidios perpertuados por una sombra de pelo largo y roñoso, rostro monstruoso, vestido con un sobretodo negro y guantes de cuero y armado a punta de cuchiillo. Mientras tanto, su pasado traumático se va develando con la investigación de dos detectives y de la hermana y la madre de Madison, que va sumergiendo al público en el misterio, y poco a poco —o más bien muerte a muerte—, se dan saltos interesantes que preparan el camino a ese tercer acto y un clímax que explotan vía sangre y body horror en una locura visual desencadenada.

Aunque tiene fallas en el guión, el espectáculo gore acaba por comprar a cualquier fanatico del terror. Malignant no es una película que busca asustar u horrorizar con un relato contenido, oscuro y de tono serio como Hereditary (2018); ni tampoco a través de jumpscares que películas como Anabelle (2014), Lights out (2016), La Autopsia de Jane Doe (2017), Veronica (2017) La Monja (2018), The Prodigy (2019), La maldición de la Llorona (2019) o The Grudge (2020) exprimieron hasta el cansancio. En Malignant, James Wan da rienda suelta a la dirección, la puesta en escena y los movimientos de cámara, trayendo un aire fresco a un cine de terror actual del que, paradójicamente, él mismo fue uno de los encargados de construir en el mainstream hollywoodense. El uso de los colores, la trama policial mezclada con horror, la banda sonora estruendosa y el gore estilizado, se acercan a lo que Wan se refería cuando planteó al giallo italiano como su principal inspiración. Pero Malignant logra un relato híbrido entre aquel género setentero y el cine de terror actual. Lejos está de buscar el horror mediante el miedo, sino que busca un espectáculo sensorial que sólo en el cine se puede lograr con creces y, sin tampoco caer en la comedia, busca que los espectadores lo pasen a lo grande.

Si hay que describir la experiencia de Malignant, sería un show de gore y horror. De esas que para algunos la definirán como tan mala que es buena, u otros la podrán ver como una genialidad. Solo el tiempo dirá si Hollywood le sigue la corriente un director comercial como Wan, y comienza a experimentar en el género para poder al fin dar un aire fresco general más allá de descubrimientos particulares como It Follows (2014), The Babadook (2014), The Witch (2015), Get Out (2017) o Midsommar (2019). Y en momentos donde muchas películas caen en los lugares fáciles para dejar al público en una zona de confort, esta clase de historias se agradecen muchísimo.

Comentarios