Gimnasia

A 40 años del clásico del helicóptero: la insólita historia que marcó un Gimnasia-Estudiantes

A 40 años del clásico del helicóptero: la insólita historia que marcó un Gimnasia-Estudiantes
Azul Peluso
31 Ago, 2026

El 31 de agosto de 1986, un helicóptero sobrevoló el campo de juego del Bosque para permitir que se disputara el clásico platense. Gimnasia ganó 2-1 y protagonizó, además, otro episodio insólito sobre el final: tras la expulsión de su arquero, terminó jugando con 11 futbolistas cuando debía hacerlo con 10.

Por Nicolás Bulacio.

El 31 de agosto de 1986 quedó guardado en la memoria del fútbol platense por una de esas historias que parecen imposibles, pero que forman parte del folclore de los clásicos entre Gimnasia y Estudiantes.

Apenas tres meses después de que la Selección Argentina se consagrara campeona del mundo en México, el fútbol de La Plata volvía a paralizarse con una nueva edición del clásico. El escenario era el Estadio Juan Carmelo Zerillo, donde el Lobo y el Pincha debían enfrentarse por el torneo local.

Sin embargo, la lluvia amenazó con arruinar la jornada. Un fuerte temporal había dejado completamente anegado el campo de juego del Bosque y el desarrollo del partido estuvo en duda hasta último momento.

Ante ese panorama, la dirigencia de Gimnasia recurrió a una solución tan insólita como recordada: un helicóptero de la Policía Bonaerense descendió hasta quedar prácticamente al ras del campo de juego y utilizó la fuerza generada por sus hélices para desplazar el agua acumulada hacia los costados.

La maniobra, que duró alrededor de 50 minutos, permitió mejorar las condiciones del terreno y que el clásico finalmente pudiera disputarse, aunque con una demora respecto del horario previsto. El helicóptero se convirtió así en el gran protagonista de la previa y dio origen al nombre con el que aquel encuentro sería recordado para siempre: el clásico del helicóptero.

Gimnasia lo dio vuelta

Con el campo de juego todavía pesado por la lluvia, Estudiantes comenzó mejor y logró ponerse en ventaja a los 33 minutos del primer tiempo. El encargado de abrir el marcador fue Rubén Darío Insúa, de tiro libre.

Pero Gimnasia reaccionó en el complemento. Apenas comenzado el segundo tiempo, Jorge Villazán apareció para marcar el empate y, a los 23 minutos, Sergio Merlini convirtió también de tiro libre para darle al conjunto dirigido por Luis Garisto la victoria por 2-1.

Sin embargo, el partido todavía tenía reservado otro capítulo insólito.

La expulsión que terminó en un error insólito

Cuando faltaban apenas unos minutos para el final, el arquero de Gimnasia, Gustavo Moriconi, fue expulsado por el árbitro Abel Gnecco por demorar el juego.

El Lobo debía entonces continuar el partido con diez futbolistas. Pero en medio de la confusión se produjo una situación que pasó a la historia.

Eusebio Espínola había quedado fuera del campo de juego debido a una lesión. Para reemplazarlo ingresó el arquero suplente José Luis Sosa, pero Espínola nunca terminó de abandonar el terreno.

De esta manera, Sosa entró a la cancha mientras Espínola permanecía todavía en el campo de juego. Gnecco no advirtió la situación y Gimnasia terminó disputando los últimos minutos con 11 jugadores, pese a que la expulsión de Moriconi obligaba al equipo a tener solamente 10.

La propia planilla del encuentro registró el ingreso de Sosa por Espínola, aunque el defensor no había abandonado efectivamente el campo.

Así, aquella tarde terminó acumulando una sucesión de situaciones difíciles de imaginar en un mismo partido: una cancha completamente inundada, un helicóptero de la Policía Bonaerense intentando secar el césped, un clásico que estuvo cerca de suspenderse, una remontada de Gimnasia y, sobre el final, un error arbitral que permitió que el local jugara con un futbolista más de los que debía.

Cuarenta años después, el partido del 31 de agosto de 1986 continúa siendo una de las historias más particulares del clásico platense. El helicóptero quedó en la memoria como la imagen más recordada, pero aquella tarde en el Bosque tuvo mucho más para contar.

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