Editorial
Aulas resonantes, un nuevo desafío
Por Licenciado y Profesor Eduardo Stamato.
Corre el siglo XXI y no hay dudas que la escuela sufrió diversas transformaciones que la alejaron de la función principal para la que fue creada, su función formativa y educadora.
Hoy la escuela debe volver a ese espacio que permita a los ciudadanos crecer intelectual, laboral y cívicamente, donde la educación se conciba como la herramienta de crecimiento social e intelectual. Él ser y el saber deben ser los pilares fundamentales que nutran las aulas.
La escuela contenedora en los tiempos de la globalización tiene un nuevo desafio; conocer el potencial de cada alumno y su modo de aprender. El docente debe cambiar su perfil antiguo y tradicional de ser un trasmisor de conocimientos que solo cuantifica resultados, logros y da cumplimiento ajustado de su curricula. Debe dejar su perfil de …“hombre de la respuesta”… por el de …“hombre de la pregunta” (…) “el hombre de la dialéctica”… , diría Paul Legrand.
El aprendizaje debe hoy desarrollarse en escuelas que permitan a los estudiantes la posibilidad de acercarse al conocimiento, al saber, mediante una participación activa, creadora, cultural, con alto nivel de sociabilización.
Se necesitan instituciones educativas que valoran el “saber Intelectual y emocional” como herramientas que formen en libertad, desarrollo personal y futuro.
El rol docente y directivo deberá también reformularse por un perfil más profesional y de liderazgo creativo. Qué sea capaz de incluir al alumno en el proceso de aprendizaje. Qué logre de cada encuentro formativo un acto de mediación. En donde se relacionen las tres variables fundamentales de triangulación del proceso educativo: docente, alumno, saber.
… “La educación es tarea de sujetos y su meta es formar sujetos, no objetos, ni mecanismos de precisión”... nos dice Patricia Cesca en su trabajo Mediación Pedagógica.
La figura del docente como líder que se sitúa en un proceso de cambio y que sea capaz de superar obstáculos que aparecen como resistencia natural. Líder capaz de lograr en las personas, de manera voluntaria, un cambio significativo y acorde a sus propios objetivos.
Directivos capaces de comprender su nueva función como asesores de proyectos y no como “controladores” administrativos de procesos. Directivos con alta capacidad de comunicación y generadores de un clima de trabajo creativo, de proyectos innovadores, armónico y de respetuoso, que conciba nuevos proyectos como alternativas no convencionales de aprendizaje. Hoy se requiere de un director que sea líder motivador, capaz de guiar a su equipo al logro de los objetivos propuestos. Como diría Goleman aplicar un liderazgo de … “ artesanía emocional” …
El espacio áulico debe ser un lugar confiable, sin amenazas, acogedor, verdaderamente resonante y facilitador, creativo, innovador. Espacios que permitan el descubrir, que favorezca la construcción cooperativa y colaborativa del conocimiento.
Aulas donde se trasmitan valores, dirigidas por adultos trasmisores de cultura, capaces de generar vínculos motivacionales, emocionales y morales.
No olvidemos que la tecnología es un medio, no fin sin mismo. No se logran mejores resultados en las escuelas con mayores tecnologías.
La escuela en lo general, y los estudiantes en lo particular, necesitan de docentes alfabetizados emocional, científica y tecnológicamente. Docentes que sean verdaderos líderes y guías de aprendizaje. Docentes capaces de comprender que el saber ya no es la repetición memorística de conocimientos. El saber está en el aplicar los conocimientos para la resolución de situaciones problemáticas, decodificar información, analizar, cuestionar y cuestionarse, buscar los mejores caminos de análisis y resoluciones de situaciones problemáticas cotidianas a nivel social y científico, explorar y descubrir la creatividad como medio de resolución de conflictos, es decir ser capaz de explorar en la red neuronal y ser capaces de hacerla crecer y florecer.
El aprender debe transformarse en la acción de “guardar” en la memoria la información recibida, la que se podrá evocar y aplicar en el momento de enfrentar nuevos desafíos.
Aprender cómo la formulación de nuevas conexiones entre neuronas. Cómo sostiene Hebb …“El aprendizaje es una nueva relación que se crea entre neuronas y recordar es mantener esa relación socialmente activa”… Es decir debemos apelar a la neuroplasticidad cerebral, capacidad que tiene el cerebro para reorganizarse, adaptarse y modificarse. El cerebro es el que permite lograr aprendizajes significativos y es por ello que las neurociencias deben ingresar al aula permitiendo el ingreso de la Neuropedagogía, disciplina que estudia el cerebro como órgano de aprendizaje con el fin de contribuir a que todos los estudiantes puedan desarrollar sus potencialidades cognitivas, intelectuales y emocionales.
Ya no hay dudas que la escuela debe reinventarse y la innovación, con todo su potencial creativo, será el camino que nos lleve al cambio. Cómo bien lo define Bruner … “si la innovación no viene desde el afuera deberá salir desde el adentro”… desde la escuela y desde cada uno de sus integrantes. Todos sus actores, según la mediación pedagógica, se conjugan en diferentes acciones representadas por diferentes procesos de triangulación.


Estos modelos de escuela deberán ser organización empática conducidas por un líder resonante. Escuelas donde el error se consideré como metodología de aprendizaje y no como castigo. El error como reparación, como construcción, no como estigma.
Para ellos las aulas resonantes, flexibles, acogedoras, dinámicas, donde prevalezca la alfabetización emocional, son elementos indispensables. Basta de mirarnos las nucas. Miremos a nuestros compañeros y docentes. Captemos sus emociones, sentimientos, acciones. Aulas como un espacio de pertenencia y bienestar, donde el oficio de enseñar sea un placer y no una obligación. Donde el aprender sea descubrir, hacer, equivocarme, y volver a intentar. Donde la curiosidad y el hacer cooperativo y colaborativo sea la metodología de trabajo diario.
El análisis reformista hasta aquí presentado surge de incluir en las escuelas los conceptos de mediación pedagógica basados en la teoría Sociocultural de Vygotsky, entendiendo el proceso de mediación no como exposición de contenidos sino como un proceso interpersonal a través del lenguaje en todas sus formas, teoría que se ve favorecida con los aportes de la neurociencia y el surgimiento de la neuropedagogía que le da las bases científicas a una corriente cognitiva con impulso a una nueva forma de enseñar y aprender.
El mundo moderno necesita tanto del ser, como del saber y esto nos lleva a formularnos una pregunta:¿Qué es más importe en este mundo individualista, consumista, mercantilista, invadido por pantallas, redes sociales y hasta algunas veces agresivo y hostil donde nuestros alumnos se desarrollan?
Creo que la respuesta es sencilla. Que nuestros alumnos aprendan a gestionar sus emociones y a dominar el conocimiento que los hará libre.
Es allí donde la alfabetización emocional junto a las neurociencias y el aprendizaje mediado deberán conjugarse en las escuelas para lograr un mundo mejor, de porvenir y de bien común.
Ese deberá ser el desafío docente en la nueva escuela para lograr un mundo mejor.