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Camino a los Óscar: CODA, conmover desde lo simple
Ya han pasado algunas semanas desde que la Academia ha dado a conocer sus diez candidatas a Mejor película para su 94.ª edición, que sucederá a finales de marzo. Por eso, te invitamos a conocer cada una de estas películas que han dejado su marca en Hollywood en un 2021 con grandes títulos en pantalla.
Por Maxi Muñoz
Si alguien hubiera dicho que aquella pequeña película estrenada en el Festival de Sundance allá por enero del 2021 y que llegó en agosto a una plataforma como Apple TV+ que aún busca amoldarse entre los gigantes del streaming, sería una de las elegidas por la Academia para formar parte de las nominadas a Mejor película, nadie lo hubiese creído. Menos entre títulos con nombres tan grandes detrás, como Steven Spielberg, Denis Villeneuve, Paul Thomas Anderson y Jane Campion, o películas con enorme repercusión mediática como No mires arriba. CODA forma parte de este listado haciéndose lugar a través de una historia sencilla y emotiva.
Pero la sorpresa no solo viene porque es una película que pasó más bien desapercibida mediáticamente, sino porque su historia es de las más estandarizadas dentro de Hollywood. CODA se presenta como una feeling good movie hecha y derecha: películas con determinados rasgos, pensadas para dejar al espectador en un estado de optimismos reconfortante. Con grados de comedia y drama, pero no demasiada como para cruzar a otro extremo más pesimista; con una estética y narrativa ligera y sin sobresaltos o giros de trama. CODA es consciente de lo que propone y de lo que es. Una historia para dejar una sonrisa y algún que otro lagrimón.

Los críticos la han catalogado como una sorpresa, aunque no se profundiza tanto en el por qué. Entonces surgen varias posibles razones de su nominación: sea por una trama con la inclusión de personajes no oyentes como protagonistas, en un Hollywood que cada vez apuesta más a historias con protagonistas que antes solo ocupaban espacios secundarios; o también porque, a pesar de ser un servicio de streaming que da sus primeros pasos, detrás está Apple Inc., una de las empresas más ricas del mundo, y una industria cinematográfica con antecedentes de cómo las plataformas se han hecho lugar en las premiaciones a base de marketing y posicionamiento mediático, con Netflix como el ejemplo más directo.
De todas maneras, estas cuestiones detrás no le quitan mérito a una CODA que con su sencillez y calidez, plantea una historia que, como toda feeling good movie, no deja hilos sueltos, siendo sólida y coherente en su propuesta tanto narrativa como estética. Dirigida por Sian Heder, y siendo un remake de la francesa La famille Bélier, la trama nos presenta a los Rossi, una familia sorda de Massachusetts que dirige un negocio de pesca. Sus miembros son cuatro: Frank, un padre cariñoso y bromista; Jackie, una madre sobre protectora pero justa; Leo, un hijo veinteañero destinado a seguir el negocio familiar; y Ruby, la principal protagonista, una adolescente de 17 años, de talentos ocultos, la única oyente de los cuatro y que ha formado su identidad como la traductora de la familia en un mundo que, como sabemos, no busca adecuarse al mundo de los no oyentes, quienes en esa indiferencias por parte de la sociedad, los hace formar su propio mundo en comunidad.
En este sentido, aparece una de los principales pilares de CODA: la familia es su público claro. La historia nos adentra en una familia muy unida, donde cada uno de sus miembros cumple un rol en la vida del otro. Todos son sencillos, de una vida muy tradicionalmente estadounidense, agradables al primer momento. El punto de vista está centrado en Ruby, y esto se refleja no solo en que su trama y evolución como personaje es la que moviliza la historia, sino porque la manera en cómo este mundo se presenta al público, es a través de su mirada y oído; a diferencia de películas como Sound Metal (2020), donde muchas veces el montaje y especialmente la edición de sonido estaban centrados en el punto de vista de una persona no oyente, siendo fundamental en el motor dramático de la película. Y así la historia se desarrolla en cómo Ruby transita entre ambos mundos: el de su familia donde es un pilar importantísimo, por un lado, —siendo en este sentido, una adolescente que tuvo ser adulta desde muy pequeña—, y el de la sociedad oyente, con las expectativas de vida que tienen sobre todo joven que está a punto de graduarse del colegio secundario con los fantasmas de la universidad apareciendo, por el otro. De este punto de vista parte la película, encontrándose este sentido en el propio nombre, CODA, que son las siglas Child Of Deaf Adult —que traducido sería “hijo/a de un adulto sordo”—, una forma de nombrar a aquellas personas oyentes pero que han crecido en un entorno de comunidades de sordos, encontrando su identidad en el puente entre los dos mundos.

Sia Heder, quien también guionó la historia a partir de su contraparte francesa —por lo que está nominada para Mejor guión adaptado—, trae una cinta que en su esencia transita dos caminos. En gran parte es un coming of age, centrándose en la búsqueda de una identidad de Ruby, interpretada por Emilia Jones, quien se halla en la disyuntiva entre quedarse en la ciudad con su familia o perseguir su sueño de dedicarse a la música, con un enorme talento para el canto. Y la película también es un drama familiar, ya que se permite varios espacios de la historia para centrarse en las dificultades que los Rossi, como familia no oyente, debe enfrentar. Específicamente, existe una sub-trama con ellos buscando formar parte de la comunidad de su ciudad, y con los problemas económicos que los hace por momentos pensar en abandonar el negocio y tradición familiar de la pesca. Ambos mundos parten juntos desde un inicio, con la película arrancando en un bote en el medio del mar, donde vemos a toda la familia trabajando en un barco, mientras Ruby canta, demostrando ya tener una voz con gran potencial.
Con estas dos varas, CODA luego se solidifica en todos los elementos que no solo toda feeling good movie posee, sino también en muchas herramientas narrativas que existen en el cine contemporáneo. Repasemos: una protagonista con talento que por momentos sufre de bullying en su colegio, que se autodefine como “rara”, es tímida, pero con ideales fuertes; un padre buena onda que cumple un rol más de pacificador; una madre sobreprotectora con la que tendrá los choques dramáticos y diferencias; un hermano con el que se tienen mucho cariño aunque uno envidie algo del otro en secreto; una mejor amiga comprensiva; la aparición de un guía y mentor representado en un profesor de música —interpretado por el mexicano Eugenio Derbez—, quien es severo pero justo; un interés amoroso; y un catalizador que se basa en la protagonista saliendo de su zona de confort. Todos los elementos están puestos, aunque algunos terminan siendo más importantes que otros, y Heder simplifica todo en la familia, pero fundamentalmente en Ruby. Así tenemos personajes secundarios de los que sabemos poco o nada, y están para cumplir roles específicos, y coprotagonistas que tienen sus espacios, pero que sí o sí se van a ver interpelados por el arco argumental de la protagonista principal.
La película no tiene ningún traspié, porque tampoco se amplía demasiado su universo narrativo como para tenerlos. Así, avanza de un punto al otro, con la protagonista buscando su identidad, renovando su vínculo con su familia y animándose a perseguir sus sueños. En este sentido, el filme tampoco posee una gran puesta en escena, ni recursos cinematográficos que resalten, encajando perfecto en el formato de streaming para el cual fue pensado, para pantallas de televisión, computadoras o celulares. Pero esto no termina por ser una desventaja, ya que en su sencillez, la historia encuentra sus momentos verdaderamente conmovedores, con Deby a la cabeza, pero en especial con un Troy Kotsur —el padre— que resalta muchísimo y protagoniza dos de los momentos más movilizadores de la película; de allí su justa nominación a Mejor actor de reparto. CODA se sustenta esencialmente en el carisma de los actores que encarnan unos personajes, que fiel a las intenciones de su directora, son sumamente entrañables.

En comparación con el resto de la terna, CODA parece ser la que menos resalta de todas. Pero aunque puede argumentarse que no es de lo mejor del año, si es una película sólida, que cumple con sus objetivos mientras ablanda algún que otro corazón. En sus clichés, parece inclusive encontrar un sentido poético en su propio nombre, ya que CODA, en el lenguaje musical, significa aquel período final de una pieza musical, que con frecuencia suele ser la repetición de uno de los mejores motivos de la misma, dándole un cierre armonioso. Y este filme es justamente eso: tomando los principales elementos de toda película conmovedora, y sin salirse de su zona de confort, nos da un drama, una comedia, un coming-of-age y una historia romántica, donde se nos da un alivio al final con el que la vida parece no ser tan dura.