Internacional
Científicos de La Plata buscan las huellas moleculares de los primeros seres vivos
Investigadores del CINDEFI participan de una red internacional que estudia pequeñas moléculas de ARN en la Patagonia y la Puna argentina para comprender cómo surgió la vida en la Tierra hace más de 4.000 millones de años.
Un equipo de científicos de La Plata forma parte de una investigación internacional que intenta responder una de las preguntas más fascinantes de la ciencia: cómo se originó la vida en nuestro planeta.
El proyecto, denominado DYNALIFE, reúne especialistas de distintas disciplinas y busca identificar pequeñas moléculas de ARN que podrían haber sido protagonistas en las primeras etapas de la evolución biológica.
La participación argentina se desarrolla a través del Centro de Investigación y Desarrollo en Fermentaciones Industriales (CINDEFI), dependiente del CONICET y de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), donde se procesan y analizan muestras recolectadas en algunos de los ambientes más extremos del país.
La iniciativa reúne expertos en biología, química, física, matemática, geología y ciencias de la computación con el objetivo de estudiar la transición entre la materia inerte y los primeros sistemas capaces de replicarse, un proceso considerado clave para comprender el origen de la vida.
“Estas moléculas podrían estar presentes en la Tierra desde sus orígenes y ayudarnos a entender cómo las interacciones entre los componentes químicos y físicos del ambiente dieron lugar a los primeros procesos biológicos”, explicó María Sofía Urbieta, investigadora del CONICET e integrante del CINDEFI.
La Patagonia y la Puna como laboratorios naturales
Para avanzar en esta búsqueda, los investigadores realizaron campañas científicas en dos regiones con condiciones ambientales extremas.
Una de ellas fue el sistema geotermal Copahue-Caviahue, en Neuquén, donde la actividad volcánica genera aguas altamente ácidas, elevadas temperaturas y concentraciones de hierro y azufre.
La otra se desarrolló en las lagunas de altura de la Puna catamarqueña, ubicadas entre los 3.000 y los 4.500 metros sobre el nivel del mar, caracterizadas por su alta salinidad, intensa radiación ultravioleta y presencia natural de arsénico.
Según los especialistas, estos ecosistemas conservan características similares a las que podrían haber existido en la Tierra primitiva, por lo que representan escenarios ideales para investigar los procesos que dieron origen a la vida.
El desafío de estudiar moléculas invisibles
El foco del proyecto está puesto en estructuras conocidas como ARN pequeños o small RNAs, moléculas extremadamente simples que algunos científicos consideran posibles “replicadores mínimos”, es decir, formas biológicas capaces de reproducirse y evolucionar sin llegar a constituir una célula.
La hipótesis sostiene que estos sistemas podrían representar una etapa intermedia entre la química prebiótica y los primeros organismos vivos.Tras las campañas de campo, comenzó una etapa clave en los laboratorios del CINDEFI: la extracción y preservación del ARN ambiental. Se trata de una tarea compleja debido a la fragilidad de esta molécula, mucho más inestable que el ADN.
“Logramos completar con éxito todos los protocolos necesarios para recuperar el material genético de las muestras, especialmente el ARN ambiental, que era nuestro principal objetivo”, detalló Urbieta.
Próximo paso: secuenciar y descubrir
Con la fase experimental concluida, los investigadores avanzarán ahora en el análisis bioinformático de millones de datos genéticos para identificar secuencias desconocidas que permitan detectar nuevas familias de replicadores mínimos.
La información obtenida podría aportar datos inéditos sobre los mecanismos que dieron origen a la vida en la Tierra y, al mismo tiempo, revelar una biodiversidad microscópica hasta ahora desconocida en los ambientes extremos de Sudamérica.
Además de su valor científico, el proyecto pone en evidencia la importancia de preservar estos ecosistemas únicos.
“Los microorganismos y las formas de vida que habitan estos ambientes forman parte del patrimonio natural argentino. Para protegerlos y comprender su valor, primero debemos conocerlos, y eso solo puede hacerse a través de la investigación científica”, concluyó la investigadora platense.