Turismo

Colonia Urquiza: el Japón que echó raíces en las afueras de La Plata

Colonia Urquiza: el Japón que echó raíces en las afueras de La Plata
Leonel Sánchez Alpino
06 Ene, 2026

A más de seis décadas de la llegada de las primeras familias, unas 200 viviendas nikkei sostienen en Colonia Urquiza una identidad marcada por el trabajo rural, la memoria de los ancestros y celebraciones que convocan a miles de personas.

A pocos minutos del casco urbano platense, pasando Melchor Romero, el paisaje empieza a cambiar. Invernaderos, viveros y quintas anuncian la llegada a Colonia Urquiza, un enclave donde la inmigración japonesa dejó una huella profunda que todavía hoy define la vida cotidiana del lugar. Allí, la historia se mezcla con la tradición y con una comunidad que supo mantener vivas costumbres milenarias lejos de su tierra de origen.

La presencia japonesa en la zona no fue casual ni inmediata. Si bien los primeros inmigrantes nipones llegaron a la Argentina a comienzos del siglo XX, fue recién hacia 1961 cuando Colonia Urquiza recibió a sus primeras diez familias. Así lo explica la historiadora Irene Isabel Cafiero, investigadora especializada en la comunidad japonesa local, quien señala que el proceso estuvo vinculado a políticas de colonización agrícola impulsadas por el Estado. Terrenos expropiados en áreas como Abasto y Romero fueron administrados por el Consejo Agrario, que promovió la llegada de trabajadores rurales, entre ellos inmigrantes japoneses.

Algunos de esos pioneros arribaron directamente desde Japón, mientras que otros lo hicieron luego de haber pasado por distintos países. Con el tiempo, el asentamiento creció hasta ocupar unas 724 hectáreas delimitadas por la calle 178, la Ruta Provincial 36 y las calles 513 y 448. Según datos censales recientes, allí viven actualmente alrededor de 700 personas de origen japonés o descendientes, conocidos como nikkei.

Aunque el proyecto original apuntaba a fortalecer la agricultura, con los años la floricultura se convirtió en una de las actividades económicas más importantes de la colonia. A ella se sumaron la apicultura y el trabajo en viveros, configurando un perfil productivo que distingue a la zona dentro del cordón hortícola platense.

Pero Colonia Urquiza no se define solo por su economía. La vida comunitaria y cultural ocupa un lugar central. Deportes como el béisbol, el golf y el karate conviven con espacios clave para la preservación del idioma y las tradiciones, como la Asociación Japonesa La Plata y el Nihongo Gakko. Estas instituciones, junto con las nuevas generaciones, sostienen una identidad que se renueva sin perder sus raíces.

Uno de los eventos más emblemáticos es el Bon Odori, un festival tradicional dedicado a honrar a los ancestros. Inspirado en una antigua leyenda budista, el festejo se realiza desde hace más de veinte años en Colonia Urquiza y se transformó en el más convocante fuera de Japón, con una asistencia que ronda las 15.000 personas. Música, danzas y rituales convierten al encuentro en un puente cultural que atrae tanto a la colectividad japonesa como al público argentino.

Lejos de la idea de una comunidad cerrada, Cafiero remarca que las segundas y terceras generaciones ampliaron sus vínculos con la ciudad: asistieron a escuelas y universidades, y se integraron al mercado laboral urbano. Esa apertura convive con un fuerte sentido del cuidado familiar, especialmente hacia los mayores. “La atención a los abuelos y el respeto por los antepasados son valores centrales”, señala la historiadora, y recuerda que durante la pandemia esa red solidaria se volvió aún más visible.

Colonia Urquiza es hoy la comunidad japonesa más numerosa de la región, aunque no la única: también existen asentamientos en Abasto, El Peligro, El Pato y a lo largo de la Ruta 2. Sin embargo, el rasgo distintivo de este rincón platense es la permanencia de la primera generación de inmigrantes, muchos de ellos ya octogenarios, algo poco frecuente en el resto del país. Además, a diferencia de otras colonias argentinas con fuerte presencia de migrantes de Okinawa, aquí predominan familias originarias de otras prefecturas japonesas.

Entre invernaderos, festivales y la vida tranquila del ámbito rural, Colonia Urquiza sigue siendo un testimonio vivo de cómo una cultura lejana encontró en La Plata un lugar para florecer sin olvidar su pasado.

Comentarios