Crónicas del mundo
Crónicas del mundo: Jiva, un enclave milenario en el corazón de Asia Central
Por Silvia Franchi.
Después de un suculento desayuno en Bukhara, aconsejable, partimos rumbo a Khiva o Jiva, hacia el suroeste de Uzbekistán, para lo que deberemos atravesar el desierto durante aproximadamente seis horas en coche. Atravesar ese territorio árido y desolado es un desafío, se verán pequeños pueblos de campesinos que se dedican a cultivar algodón, y a criar dromedarios como animales de trabajo y para comer su carne, así como todo tipo de caprinos. Recordemos que los seres humanos somos omnívoros y que comemos todo tipo de mamíferos, aves, insectos, y la inconmensurable variedad de vegetales que la naturaleza nos ofrece. No hay que temer, los choferes son muy diestros y nada puede pasarnos. Haremos alguna parada en un pequeño restaurant en el camino, para arribar finalmente a Khiva, ciudad que tiene 2.500 años de antigüedad y que ha sido declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.
Curiosamente, al llegar por la tarde había un gran despliegue en Khiva, porque estaba de visita nada más y nada menos que el Presidente de Rusia, Vladimir Putin, para reunirse con los gobernantes de esta región por cuestiones comerciales. Algo interesante e inesperado, totalmente fuera de programa. Uzbekistán provee de gas, algodón y seda a Rusia y a muchos países europeos.
Los hoteles en Khiva son cómodos, con decoración autóctona, y será nuestro último destino antes del regreso. Ya descansados, comenzaremos el nuevo día realizando una visita a esta ciudad medieval, amurallada, llena de monumentos históricos, museos, arte y cultura. Es una ciudad turística para los propios uzbecos, interesados en su historia y religión. La ciudad cuenta con cuatro entradas imponentes, que de noche se iluminan y crean una atmósfera fascinante.


Un atractivo interesante es el minarete Kalta-minor, imponente y nunca terminado. Se encuentra cerca de la entrada occidental de Ichan Kala, el nombre de la ciudad vieja y lo mandó construir Mohammed Amin Khan, con una altura original de 70 metros, pero el gobernante se murió prematuramente y su edificación nunca se completó, por lo cual es muy ancho para la altura en la que quedó de aproximadamente 26 metros. Está revestido en azulejos azules y verdes, con formas geométricas típicas de esta región. El Khan deseaba que desde la altura pretendida se pudiera divisar un horizonte muy lejano.

Subiendo unas escaleras veremos la muralla de la ciudad en todo su esplendor, con un perímetro de dos kilómetros. La muralla es magnífica y se encuentra perfectamente preservada desde su construcción en el Siglo V. Está teñida de una historia oscura, ya que Khiva fue uno de los principales mercados de esclavos de Asia Central y sus gobernantes fueron crueles y autoritarios.


En medio del desierto, Khiva contaba con un adelantado método de irrigación, ofrecía agua para los que atravesaban la Ruta de la Seda, y fue lugar de intercambio cultural, étnico y científico.
Conoceremos el palacio del Khan, sus habitaciones decoradas, paredes azulejadas hacia los patios y algunas salas en las que trabajaban los artesanos en la fabricación de armas, indumentaria y calzado.

Como todas las ciudades uzbecas, siempre habrá una mezquita deslumbrante, siguiendo el estilo de esta cultura. Similares y diferentes a la vez.


Al visitar las mezquitas, será posible ver alguna pareja que realizará la ceremonia religiosa del matrimonio, evento muy importante para las familias uzbecas. Se permite la entrada de turistas, respetando el momento íntimo de la pareja y sus familiares y allegados.

Detrás de la pareja pueden verse las puertas de finas maderas labradas con lujo de detalles, realizadas por artesanos que siguen una tradición milenaria.

Las cúpulas de las mezquitas representan el cielo, y en ellas se expresan las formas más diversas de representarlo.

Dentro de la ciudad amurallada hay varios museos, y destaca uno que atesora objetos históricos, pinturas y fotografías, un fenómeno curioso de Khiva, ya que en general no se representan figuras humanas.


Otro sitio imperdible es la antigua mezquita Juma, en la que se oraba los días viernes. Data de finales del siglo XVIII, pero fue construida originalmente en el siglo X. En ella se erigieron 213 columnas de madera de olmo, sumamente fuertes y resistentes, cada una labrada en forma diferente, de estilo árabe islámico. La mezquita es un espacio cerrado con poca entrada de luz, para preservar a los oradores del ardor del sol. Es una obra única en el mundo. Como la mezquita atravesó diversas modificaciones, las columnas pueden ser originales del Siglo X y otras posteriores hasta los siglos XVII y XVIII.


Perdiéndonos por calles angostas y sinuosas, encontraremos todo tipo de artesanos, que labran maderas, metales, fabrican joyas, indumentaria tanto en seda como en lana, enormes gorros cosacos hechos en piel de oveja y de otros animales. El clima en Uzbekistán es extremo, calores ardientes en el verano e inviernos helados. Es aconsejable viajar en primavera o en otoño.
Los uzbecos tienen mucho para ofrecer, producen una diversidad de artesanías con exquisitas terminaciones y originalidad, alfombras, joyas hechas en plata, labrados en madera y metal, cerámicas, etc. Nadie volverá a casa con las manos vacías de souvenirs.


Suelen ofrecer espectáculos espontáneos de música y baile o de representación histórica, para entretener a los curiosos turistas. Siempre sonrientes, atraen con su amabilidad y orgullo por su cultura.


Las viviendas uzbecas del desierto eran una especie de carpas de estructura de madera y cubiertas por telas o cueros, llamadas yurtas. Existen algunas en el desierto para aquellos turistas que quieran experimentar algo diferente y dormir allí. Encontramos una yurta que se utiliza para exhibir artesanías, y nos aproxima el desierto a la ciudad.

Hacia la noche y terminada nuestra travesía, nos dirigiremos a Urgench, ciudad en la que se encuentra el aeropuerto con destino a Tashkent, la capital de Uzbekistán. Desde allí parten los vuelos internacionales para volver a casa, con nuestras retinas plenas de recuerdos inolvidables y maravillosos. Uzbekistán invita a volver.
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