Crónicas del mundo

Crónicas del mundo: Uzbekistán, un país fascinante

Crónicas del mundo: Uzbekistán, un país fascinante
Leonel Sánchez Alpino
29 Nov, 2020

Silvia Franchi es una de las pocas argentinas que recorrió íntegramente la geográficamente distante República de Uzbekistán, un país ubicado en Asia Central, en una región próxima a Rusia. En un mundo donde las fronteras se refuerzan, su relato nos invita a revelarnos contra ello e ir al encuentro de una cultura que tiene mucho para decir y una historia fascinante. Hoy llega la primera entrega, y será continuada por diversos fascículos no solo sobre dicha nación, sino también sobre diversos Estados asiáticos. !Buen viaje!

Samarkanda, una tierra mágica

Por Silvia Franchi.

A Samarkanda se puede llegar en tren de alta velocidad, similar al Talgo de España, desde Tashkent. Es un tren moderno y cómodo que en escasas dos horas permite hacer el trayecto desde Tashkent a Samarkanda. No hay que preocuparse por el idioma, porque el nombre de las ciudades figura en nuestro abecedario en los carteles digitales. 

Una guía estará esperando en la estación para comenzar el recorrido por esta ciudad uzbeca sumamente atractiva. Un chofer nos llevará de un lugar a otro para optimizar el tiempo, y te sentirás amparado por personas atentas y amables. En el pasado Samarkanda (un nombre mágico) fue el centro más importante en la ruta de la seda. Allí estaba el Tamerlán, el emperador de esa región estratégica y rica. El descendiente más importante del Tamerlán fue Ulug Beg, sabio y amante de las ciencias. Fue él quien mandó construir la Plaza del Registán, monumental por donde se la mire. Los rusos construyeron una explanada descomunal durante sus años de ocupación, y dejaron abandonadas las escuelas coránicas y las mezquitas, así como prohibieron el ejercicio de la religión musulmana o cualquier otra que pudiera tener fieles. 

En la Plaza del Registán están en el presente las tres madrazas, como se denominan las escuelas coránicas, totalmente restauradas, aunque ya no son escuelas sino patrimonio histórico. Los uzbecos han puesto un gran esfuerzo en reconstruir sus monumentos y edificios, representantes de su fe. Es un pueblo creyente y pacífico. Los monumentos tienen minaretes (torres) de gran altura a los costados, para aproximarse más al cielo. En el pasado la plaza estuvo repleta de bazares, y aun hoy alberga a todo tipo de artesanos. Los uzbecos tienen paciencia y sus artesanías así como la confección de instrumentos musicales son bellas y requieren de horas de trabajo. Confeccionan alfombras de gran calidad y tapices de múltiples colores y diseños.

Los monumentos están cubiertos por mosaicos de azulejos de colores vivaces, que fueron reconstruidos uno por uno, después de 60 años de abandono durante la invasión rusa. Cada madraza es diferente y allí se formaban los religiosos en los conocimientos del Corán. La religión musulmana predomina en Uzbekistán.

La indumentaria es impactante. A la hora de los festejos, los uzbecos se visten con prendas lujosas, las masculinas bordadas en hilos de oro y plata, y las de las mujeres con piedras y hermosos bordados en telas de seda y terciopelo. A los niños también se los viste lujosamente para esas ocasiones, particularmente los casamientos. La costumbre es que cuando las parejas se conocen, se casan rápidamente, a los tres meses. La formación de la familia ocupa un lugar preponderante en esta cultura. Conviven las tres generaciones en la misma casa; generalmente cuando contraen matrimonio, deben vivir con la familia del esposo, así es la tradición, aunque hoy algunas parejas se independizan.

Son musulmanes y lejos están de ser terroristas, no hay que confundir Islam con terrorismo. La gente es sumamente pacífica, educada, servicial y amable. Ofrecen infinidad de artesanías realizadas en cerámica y metales, telas bordadas a mano para decoración, fundas para almohadones, joyas realizadas en plata y otros metales, etc.. Los motivos son florales, porque la religión no permite usar imágenes de personas o  animales, aunque en una de las  madrazas simularon animales mitológicos y una cara humana que representa el sol. 

La seda es la protagonista principal, con diseños exclusivos. Hay diseños que son la representación de la cultura uzbeca, se ofrecen túnicas, vestidos, foulards, pashminas, blazers bordados, etc. Las europeas suelen adquirir estas prendas exóticas, y nadie escapará de la compra de pañuelos y foulards. La variedad de diseños es inconmensurable y el costo muy accesible. Las mujeres tienen que cubrirse la cabeza con un pañuelo o un sombrero, aunque no deben taparse el rostro con ningún velo, de allí la enorme oferta de estos accesorios.

Lo más común  para la decoración son los bordados con motivos de granadas, el fruto más paradigmático; se bebe su jugo, dulce y delicioso, así como todo tipo de tés. Las comidas generalmente se acompañan de té verde. El consumo de alcohol está prohibido para los musulmanes, aunque los turistas pueden hacerlo libremente.

Algo imperdible son las puertas labradas en madera, se las puede encontrar en todos los edificios relevantes. Realizadas en finas maderas han sobrevivido el paso de los siglos.

Continuando el recorrido se podrá visitar el Mausoleo del Tamerlán y otras tumbas de familiares nobles, lujosamente decorados con láminas de oro y azulejos impresionantes.  Los azulejos exteriores van del verde al naranja, del azul al rojo, del amarillo al ocre, un placer inagotable para la vista. El interior del mausoleo del Tamerlán está cubierto por láminas de oro. La parte superior representa al cielo, de allí su forma abovedada.

Luego se visita un museo en donde se pueden apreciar los conocimientos astrológicos y matemáticos de los uzbecos entre los siglos XIII y XV; fueron una cultura de avanzada en hallazgos científicos. Ulug Beg  tenía gran interés por dichos temas, aunque lamentablemente fue asesinado, en virtud de que esos conocimientos lo alejaban de la religión.

Otro lugar interesante para visitar es el cementerio de los nobles, mausoleos lujosamente decorados durante siglos. Después de subir una escalera se llega a “la calle de los muertos”,  nada tétrico,  alude al culto a los muertos. Todos los mausoleos son distintos y los azulejos están realizados con hermosos diseños.

Cuando llega la noche, la cena en un restaurant es la coronación de un día plagado de múltiples estímulos para los sentidos. La comida es sabrosa, se sirven sopas, carnes de cordero, de vaca o de chivo. El plato típico es el Plov o Pilaf, hecho a base de arroz, carnes y verduras. Los postres se hacen a base de frutas.

Para finalizar, se puede admirar la Plaza del Registán por la noche, inolvidable, verdaderamente las mil y una noches. La Plaza iluminada quedará plasmada en nuestras retinas para siempre y se repetirá la emoción de haber estado allí.

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