Sociedad

De La Plata a la Antártida: la bióloga platense que hace crecer verduras en plena Base Esperanza

De La Plata a la Antártida: la bióloga platense que hace crecer verduras en plena Base Esperanza
Azul Peluso
29 Ago, 2026

Mara Schmid, egresada de la UNLP, supervisa un sistema hidropónico que permite cosechar lechuga, rúcula, espinaca y otras verduras en uno de los lugares más extremos del planeta.

Una profesional formada en La Plata lleva adelante una tarea tan particular como necesaria a miles de kilómetros de la ciudad: producir verduras frescas en plena Antártida. Se trata de Mara Schmid, bióloga egresada de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), quien desde febrero está a cargo de la supervisión del Módulo Antártico de Producción Hidropónica (MAPHI) de la Base Esperanza.

El sistema permite cultivar alimentos sin utilizar tierra y representa una alternativa para mejorar la alimentación de las personas que pasan largos períodos en las bases argentinas, donde durante décadas predominaron los productos congelados, enlatados y secos.

En el módulo de Base Esperanza actualmente se producen espinaca, lechuga crespa y morada, rúcula y acelga, además de hierbas aromáticas como perejil, albahaca y cilantro.

Schmid trabaja junto a otras cuatro personas y forma parte de la invernada antártica que se extiende hasta diciembre. Allí, el verde de una planta tiene un valor que va mucho más allá de lo gastronómico.

“Es tan raro ver verde acá que cuando ponés las verduras en la mesa todo el mundo agarra los celulares y empieza a sacar fotos”.

La bióloga platense contó que las imágenes rápidamente terminan en las redes sociales de quienes viven en la base. “Después suben las fotos a sus redes porque es raro ver algo verde acá... y es muy placentero”, explicó.

Verduras frescas y hasta pizza con lechuga

La producción del MAPHI ya forma parte de la rutina de la Base Esperanza. La dotación, integrada por 58 personas, incorpora ensaladas a sus comidas dos veces por semana.

Pero los cultivos también llegaron a una de las tradiciones gastronómicas argentinas: los sábados de pizza.

Los cocineros comenzaron a sumar ingredientes recién cosechados, como rúcula, albahaca y lechuga. La combinación llamó especialmente la atención de Schmid, quien la describió de una manera particular:

“Es como una ensalada césar arriba de la pizza”.

Y agregó: “No sé si influye el aislamiento o que hace tanto tiempo que uno no come verduras frescas cotidianamente, pero es exquisita la pizza de lechuga”.

Cómo funciona el cultivo en un territorio cubierto de hielo

El desarrollo utiliza un sistema de hidroponía de circuito cerrado. Las semillas se colocan sobre espuma fenólica y se ubican en cajones que contienen agua con una solución de nutrientes.

La iluminación está garantizada mediante lámparas LED especiales y el riego se realiza dos veces al día. En aproximadamente un mes, el cultivo está listo para ser cosechado y el ciclo vuelve a comenzar.

También existe la posibilidad de producir microgreens, que son cosechados entre los 10 y 12 días y permiten obtener alimentos en menor tiempo.

La tecnología fue desarrollada por el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) a partir de una necesidad concreta de las bases argentinas.

Una idea que nació a partir de una pregunta desde la Antártida

El proyecto comenzó a tomar forma en 2015, cuando desde la Base Carlini consultaron al INTA sobre la posibilidad de producir alimentos frescos en territorio antártico.

El desafío no era menor: además de las temperaturas extremas, el agua disponible se encuentra principalmente en estado sólido y debe ser convertida en líquido para poder utilizarla.

El investigador del INTA Jorge Birghi encabezó el desarrollo de la tecnología y explicó que por esa razón se diseñó un sistema que permite reutilizar el agua.

“Para no desperdiciar agua, desarrollamos sistemas hidropónicos de circuito cerrado”.

El proyecto avanzó durante los años siguientes y en 2022 se inauguró el primer MAPHI en la Base Marambio. Un año después llegó el turno de Base Esperanza y, en 2024, se instaló otro módulo en la Base Belgrano.

El objetivo ahora es llevar la tecnología a otras bases argentinas y ampliar la variedad de cultivos. Entre los próximos proyectos aparecen las frutillas y los tomates cherry, siempre teniendo en cuenta las exigencias ambientales establecidas para la Antártida.

La experiencia de Mara Schmid muestra cómo una profesional formada en la Universidad Nacional de La Plata participa de un desarrollo científico pensado para resolver una necesidad concreta en uno de los ambientes más hostiles del planeta.

El mismo principio que permite cosechar una lechuga en Base Esperanza podría, además, tener aplicaciones fuera de la Antártida. El INTA trabaja actualmente en versiones más pequeñas de estos módulos, pensadas para espacios reducidos como balcones y para zonas donde el acceso al agua es limitado.

Así, una tecnología nacida para producir alimentos en medio del hielo podría terminar teniendo aplicaciones mucho más cerca de casa.

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