Internacional
Del migrante al trabajador remoto: cómo cambian las remesas en la era digital
El auge del trabajo remoto, la exportación de servicios y las stablecoins está redefiniendo el concepto tradicional de remesas. Cada vez más argentinos cobran desde el exterior sin emigrar y el país se consolida como uno de los principales polos de talento para empresas internacionales.
Durante décadas, las remesas estuvieron asociadas al dinero que un migrante enviaba a su familia desde otro país. Sin embargo, la expansión del trabajo remoto, la contratación internacional y las nuevas herramientas financieras digitales comenzaron a transformar ese fenómeno y a ampliar el significado de una práctica histórica.
En el marco del Día Internacional de las Remesas Familiares, que se celebra cada 16 de junio por iniciativa de Naciones Unidas, especialistas advierten que los flujos de dinero que cruzan fronteras ya no responden únicamente a procesos migratorios. Hoy también reflejan la creciente internacionalización del trabajo y la consolidación de la economía digital.
Argentina ocupa un lugar destacado dentro de esa tendencia. Miles de profesionales locales trabajan para empresas extranjeras desde distintas ciudades del país, generando ingresos en dólares sin necesidad de emigrar. Diseñadores, programadores, consultores, especialistas en marketing, traductores y perfiles tecnológicos forman parte de un ecosistema laboral cada vez más conectado con mercados globales.
Según datos de Bitwage by Paystand, plataforma especializada en pagos internacionales y honorarios en activos digitales, cerca del 40% de los pagos realizados por las empresas que utilizan sus servicios se concentran en profesionales radicados en Argentina. El dato refleja el peso creciente del talento argentino dentro de equipos distribuidos y nóminas internacionales.
El fenómeno ocurre en paralelo al crecimiento sostenido de las remesas a nivel global. De acuerdo con cifras del Banco Mundial, los envíos de dinero hacia países de ingresos bajos y medios alcanzaron los 685.000 millones de dólares en 2024, superando incluso a la inversión extranjera directa y a la ayuda oficial al desarrollo combinadas.
En América Latina y el Caribe, esos flujos representaron alrededor de 163.000 millones de dólares, con un crecimiento interanual del 5,5%.Pero junto a las remesas tradicionales, vinculadas a la migración, aparecen cada vez más pagos relacionados con la exportación de servicios, la contratación global y el trabajo remoto.
Una de las herramientas que explica esta transformación son las stablecoins, criptomonedas diseñadas para mantener una cotización estable respecto del dólar.
A diferencia de otros activos digitales más volátiles, las stablecoins permiten realizar transferencias internacionales, cobrar honorarios y almacenar valor sin depender exclusivamente de los horarios y estructuras del sistema bancario tradicional.
Para muchos trabajadores remotos argentinos, estas soluciones dejaron de ser una innovación tecnológica para convertirse en una herramienta cotidiana utilizada para recibir ingresos del exterior con mayor rapidez y menor fricción operativa.
“Las remesas ya no pueden analizarse únicamente desde la migración. Cada vez vemos más flujos internacionales asociados al trabajo remoto, la contratación global y la economía digital. Las stablecoins están ayudando a construir una infraestructura financiera más eficiente para conectar empresas y talento en distintos países”, señaló Mariquena Otermin, directora de Marketing de Bitwage by Paystand.
La transformación también modifica la mirada sobre las remesas como fenómeno económico.
“Durante años, las remesas fueron consideradas un fenómeno social y migratorio. Hoy comienzan a formar parte de una conversación mucho más amplia relacionada con infraestructura financiera, economía digital y movilidad global del talento”, sostuvo Rafael Meruane, CEO de Notbank by Cryptomarket.
En ese contexto, conceptos como pagos transfronterizos, exportación de servicios, contratación internacional y economía digital empiezan a integrarse a una palabra históricamente ligada a la migración.
Si durante décadas las remesas fueron una consecuencia directa de que las personas dejaran su país para trabajar en otro, la economía digital plantea un nuevo escenario: el dinero sigue cruzando fronteras, pero ahora muchas veces lo hace porque el trabajo dejó de tenerlas.