Punto capital

Del “pago fantasma” a las grandes ciberestafas: cómo crecen los fraudes digitales en la región

Del “pago fantasma” a las grandes ciberestafas: cómo crecen los fraudes digitales en la región
Ju Fux
23 Ago, 2026

El caso del hombre detenido en Berisso por presuntas compras con pagos virtuales que nunca se acreditaban expone una modalidad que se suma a un mapa más amplio de delitos digitales. En los últimos años, la Justicia bonaerense desarticuló organizaciones dedicadas a estafas mediante redes sociales, cuentas bancarias, billeteras virtuales y plataformas falsas, con millonarios perjuicios para las víctimas.

El caso ocurrido en Berisso, donde un hombre de 36 años fue detenido luego de ser señalado por comerciantes por realizar presuntas compras con comprobantes de billeteras virtuales que no se acreditaban, no aparece aislado del escenario más amplio de las estafas digitales.

La modalidad investigada en este episodio es sencilla: el comprador realiza una operación, muestra un supuesto comprobante de pago y se lleva la mercadería, pero el dinero nunca ingresa efectivamente a la cuenta del comerciante. La clave, en estos casos, está en que el vendedor confíe en una captura de pantalla o en una aparente confirmación sin verificar que la operación haya sido acreditada.

Pero el problema excede a este tipo de maniobras. En la provincia de Buenos Aires, las investigaciones judiciales vienen detectando desde hace años distintas formas de fraude que aprovechan el crecimiento de las operaciones digitales y la utilización cotidiana de cuentas bancarias y billeteras virtuales.

Las modalidades más habituales

Las ciberestafas no tienen una única forma. Los delincuentes suelen cambiar el mecanismo de acuerdo con las herramientas disponibles y, sobre todo, con la información que consiguen sobre sus potenciales víctimas.

Una de las modalidades más extendidas es el phishing, que consiste en enviar mensajes, correos electrónicos o enlaces que aparentan provenir de un banco, una billetera virtual, una empresa o un organismo conocido. El objetivo es llevar a la persona a una página falsa para obtener sus claves, datos de tarjetas o códigos de seguridad.

También es frecuente la suplantación de identidad a través de WhatsApp y redes sociales. El estafador puede hacerse pasar por un familiar, amigo o conocido y solicitar dinero con alguna excusa urgente. En otros casos, intenta tomar el control de una cuenta de mensajería para utilizar los contactos de la víctima y continuar la cadena de engaños.

Otra variante apunta directamente a las compras y ventas por internet. El delincuente puede publicar productos inexistentes, cobrar por adelantado y desaparecer, o utilizar comprobantes falsos para retirar mercadería sin haber realizado realmente el pago. En este último grupo se encuentra la modalidad que ahora se investiga en Berisso.

También aparecen las falsas oportunidades de inversión. A través de redes sociales, anuncios o contactos directos, se ofrecen supuestas inversiones con ganancias rápidas y extraordinarias. La víctima comienza con una transferencia relativamente pequeña y luego es presionada para enviar más dinero bajo distintas excusas: impuestos, comisiones, desbloqueos o supuestos gastos administrativos.

El engaño empieza antes de la transferencia

En buena parte de estas maniobras, el delincuente no necesita vulnerar técnicamente una cuenta. El mecanismo consiste en convencer a la propia víctima de que entregue voluntariamente la información o el dinero.

Ese tipo de engaño, conocido como ingeniería social, aprovecha situaciones de urgencia, miedo, confianza o expectativa de obtener un beneficio. Un mensaje que advierte sobre un supuesto bloqueo de cuenta, una llamada que simula ser del banco o una oferta demasiado conveniente pueden ser suficientes para iniciar el fraude.

Por eso, una de las principales recomendaciones es detener la operación ante cualquier pedido inesperado de claves, códigos, datos personales o transferencias. Ninguna captura de pantalla ni mensaje recibido debería reemplazar la verificación directa con la entidad correspondiente.

Una problemática que ya llegó a La Plata

Uno de los antecedentes más importantes surgió en 2022, cuando el Ministerio Público bonaerense coordinó un megaoperativo contra organizaciones dedicadas a ciberestafas. Se realizaron 70 allanamientos, fueron detenidas 40 personas y se estimó un perjuicio económico superior a $50 millones y US$2 millones.

Los procedimientos alcanzaron a distintas localidades bonaerenses, entre ellas La Plata. Las investigaciones incluían maniobras de ingeniería social, operaciones bancarias no autorizadas, falsificación de tarjetas, ventas simuladas a través de redes sociales y sustracción de cuentas de WhatsApp, entre otras modalidades.

El fenómeno volvió a quedar expuesto en mayo de 2023, cuando se realizaron otros 70 allanamientos simultáneos en una investigación por ciberestafas. En ese operativo fueron identificadas 55 personas y se secuestraron teléfonos celulares, tarjetas, computadoras, documentación y hasta un posnet de Mercado Pago, además de billeteras de criptomonedas. El perjuicio estimado superaba los $25 millones.

Phishing, ingeniería social y dinero que cambia de manos

Otra investigación de gran escala fue desplegada en noviembre de 2024. En el denominado operativo Hermes II se realizaron 50 allanamientos, fueron identificadas y detenidas 30 personas y se calculó un perjuicio superior a $80 millones.

La Procuración explicó que buena parte de las investigaciones se originaron en maniobras de phishing e ingeniería social que permitieron concretar operaciones bancarias fraudulentas. En algunos casos, las víctimas descargaban archivos infectados que permitían instalar malware y posteriormente perder el control de sus computadoras y cuentas bancarias.

Entre los procedimientos realizados en ese operativo figuró Tolosa, lo que vuelve a ubicar al territorio de la región dentro del mapa de investigaciones por delitos digitales.

El salto hacia las estafas millonarias

El crecimiento de estas maniobras también se refleja en investigaciones más recientes. En mayo de 2026, la Procuración bonaerense informó el operativo denominado “Fake Coins”, originado a partir de más de un centenar de denuncias registradas en distintos departamentos judiciales.

La investigación permitió detectar un esquema de estafas de inversión que utilizaba publicaciones y contactos directos para ofrecer ganancias rápidas, además de páginas web, logos y nombres que imitaban a empresas e instituciones reales.

Las víctimas eran inducidas a realizar sucesivas transferencias para supuestas inversiones en trading o criptomonedas. El perjuicio económico estimado alcanzó casi $3.000 millones, se realizaron 90 allanamientos y fueron detenidas 24 personas.

El caso muestra cómo las herramientas digitales pueden ser utilizadas para maniobras de una escala muy superior a la de una compra fraudulenta en un comercio: desde el engaño inicial, el dinero puede pasar rápidamente por diferentes cuentas y convertirse en activos virtuales, dificultando su recuperación.

El “comprobante” que no alcanza

En el caso de Berisso, la modalidad investigada tiene una particularidad: el objetivo no necesariamente es acceder a la cuenta de la víctima, sino convencerla de que recibió un dinero que en realidad nunca ingresó.

Por eso, una de las principales recomendaciones para los comerciantes es no considerar como prueba suficiente una captura de pantalla, un comprobante enviado por WhatsApp o una pantalla mostrada por el comprador.

La confirmación debe hacerse desde la propia cuenta o aplicación del comercio y verificar que el dinero figure efectivamente como acreditado antes de entregar la mercadería.

La misma lógica sirve para las ventas realizadas por redes sociales: una transferencia anunciada no significa necesariamente que haya sido concretada.

Un delito que se adapta

Los casos investigados por la Justicia bonaerense muestran que no existe una única forma de ciberestafa. Algunas maniobras buscan robar credenciales, otras engañar a las víctimas para que transfieran dinero y otras directamente simulan operaciones comerciales o inversiones.

En ese escenario, las billeteras virtuales no son necesariamente el origen del problema, sino una de las herramientas utilizadas dentro de un ecosistema de pagos cada vez más digitalizado.

El caso de Berisso vuelve a poner el foco en una situación cotidiana: una compra, un teléfono celular y un supuesto pago que parece acreditado. Detrás de una maniobra aparentemente sencilla puede haber una modalidad de fraude que forma parte de un fenómeno mucho más amplio y que ya generó investigaciones, allanamientos y pérdidas millonarias en distintos puntos de la provincia.

La recomendación más simple sigue siendo también una de las más importantes: antes de entregar un producto, comprobar que el dinero esté efectivamente acreditado.

Comentarios