Internacional
¿Derrocar o negociar? La incógnita detrás de la ofensiva de Trump en Irán
Tras el asesinato del ayatolá Ali Jamenei y una ofensiva militar sin precedentes, se multiplican las represalias iraníes, sube el precio del petróleo y aumenta la incertidumbre política en Washington en pleno año electoral.
Menos de dos meses después de invadir Venezuela y secuestrar a Nicolás Maduro y su esposa, Estados Unidos bombardeó Irán —junto a su aliado Israel—, mató al máximo líder del país, el ayatolá Ali Jamenei, dejó claro que espera que se genere un vacío de poder y llamó a la oposición iraní a aprovechar una "oportunidad que solo se da una vez en la vida".
La primera pregunta que surge es si Washington busca un cambio de régimen clásico o si se conformará con negociar con quien asuma el control de la República Islámica y acepte poner fin —al menos en los hechos— a la histórica enemistad con Estados Unidos. Luego aparece otro interrogante: ¿la estructura de poder iraní optará por un giro pragmático o resistirá hasta que el costo político y económico de la guerra se vuelva demasiado alto para la administración de Donald Trump?
A diferencia del operativo en Caracas, esta vez la estrategia fue distinta. No se trató de una acción limitada ni de una operación quirúrgica para capturar a la cúpula política. La ofensiva fue masiva, apuntó directamente contra la oficina de Jamenei y contó con el respaldo abierto de Israel. El Comando Central estadounidense confirmó la muerte de tres militares y cinco heridos en el operativo. Irán respondió atacando bases militares en Medio Oriente y objetivos civiles en países aliados de Washington.
Mientras Teherán denuncia cientos de muertos en su territorio, las represalias ya provocaron decenas de víctimas fuera de sus fronteras.
¿Cambio de régimen o destrucción del programa nuclear?
En un mensaje desde Mar-a-Lago, Trump aseguró que el objetivo es destruir la industria misilística iraní, aniquilar su fuerza naval y garantizar que el país no obtenga un arma nuclear. Sin embargo, hasta ahora no hay información independiente que confirme daños decisivos sobre el sistema nuclear.
La única confirmación es la destrucción de la residencia y oficina de Jamenei. El propio presidente estadounidense afirmó que “casi 50 dirigentes iraníes” murieron en la ofensiva y adelantó que la guerra podría extenderse hasta cuatro semanas.
Irán, debilitado tras años de golpes a sus aliados regionales como Hezbollah y Hamas, mantiene capacidad de respuesta. Sus ataques contra infraestructura energética y amenazas sobre el Estrecho de Ormuz —por donde circula cerca del 20% del petróleo mundial— generaron un aumento inmediato en el precio del crudo Brent y el WTI.
El impacto económico ya comenzó a sentirse a escala global.
El frente interno de Trump
La guerra también tiene un frente político interno en Estados Unidos. Encuestas recientes muestran que una parte significativa de los votantes republicanos no apoya una intervención militar contra Irán. Además, la inflación y la desaceleración económica erosionan la confianza en la Casa Blanca en un año electoral clave.
Analistas señalan que, mientras para el régimen iraní el conflicto puede representar una lucha por la supervivencia, para Washington se trata de una guerra por elección. Esa diferencia podría influir en la resistencia y duración del enfrentamiento.
El rol de los países del Golfo
Irán amplió sus ataques a objetivos civiles en países del Golfo Pérsico, incluyendo instalaciones hoteleras y aeropuertos. El Consejo de Cooperación del Golfo repudió los ataques y se reservó el derecho a responder, aunque aún no hay señales claras de una intervención directa.
La región enfrenta ahora un dilema estratégico: mantenerse como observador o involucrarse activamente en un conflicto que ya amenaza con extenderse.
A menos de 48 horas del inicio de esta ofensiva conjunta de Estados Unidos e Israel, el escenario es de máxima incertidumbre. La posibilidad de una escalada militar regional, con impacto directo en el comercio global y los mercados energéticos, aparece como un riesgo concreto en un contexto internacional ya atravesado por tensiones económicas y políticas.