Estudiantes
Di María cruzó los límites contra Estudiantes y Verón en los festejos de Rosario Central
El campeón tenía motivos para festejar, pero la celebración encabezada e incitada por su capitán en Rosario incluyó un ataúd con el nombre de Juan Sebastián Verón, cánticos contra Estudiantes y una remera de Gastón Ávila con la imagen del presidente del Pincha. La rivalidad puede entenderse; la representación de la muerte como herramienta de burla excede una chicana futbolera.
Por Luciano Neder
Rosario Central consiguió la Supercopa Internacional después de vencer 3-1 a Estudiantes en Santiago del Estero y tenía todo el derecho de celebrar junto a su gente. El título, además, llegó después de una final atravesada por polémicas arbitrales, discusiones entre los protagonistas y un conflicto que excede largamente los 90 minutos. Sin embargo, los festejos que siguieron en Rosario dejaron imágenes que obligan a discutir dónde termina la rivalidad y dónde empieza una forma de violencia simbólica que no debería ser naturalizada dentro del fútbol profesional.
Durante la celebración en el Monumento Nacional a la Bandera, distintos integrantes del plantel participaron de provocaciones dirigidas contra Estudiantes y Juan Sebastián Verón. La escena más fuerte fue la aparición de un ataúd rojo y blanco con las inscripciones “E de LP”, “Verón” y “Q.E.P.D.”. Las imágenes fueron registradas durante los festejos y difundidas posteriormente por distintos medios. Fuentes periodísticas identificaron a Marco Ruben y Franco Ibarra como quienes lo portaron en distintos momentos, mientras que otras imágenes mostraron a Ibarra y Gaspar Duarte con el cajón.
Y ahí aparece el problema. Una cosa es cargar al rival, cantar contra el club contrario o recordar el pasillo de espaldas. Otra muy distinta es convertir la muerte de una persona en el eje de una celebración deportiva y hacerlo desde un plantel profesional, con jugadores que representan institucionalmente a un club.
El ataúd de Verón y una frontera que el fútbol debería reconocer
La discusión no pasa por pedir que el fútbol pierda su picardía, su folklore o incluso sus rivalidades. El fútbol argentino nació y creció también alrededor de la cargada, del ingenio, de la provocación y de esa competencia permanente que hace que un triunfo tenga un sabor especial cuando enfrente está el rival.
Pero existen códigos que deberían permanecer incluso cuando la relación entre dos instituciones está atravesada por un conflicto profundo.
El ataúd con el nombre de Verón no representa simplemente una cargada más. La utilización de una imagen funeraria para representar la supuesta muerte de una persona lleva la provocación a un terreno diferente. No es solamente decir que el rival perdió, que quedó eliminado o que “está muerto” en sentido futbolístico: es materializar esa idea mediante un féretro, con el nombre y la imagen de una persona identificable.

Que sean futbolistas profesionales quienes lo sostienen vuelve todavía más delicada la escena. No se trata de un grupo anónimo de hinchas haciendo una bandera en una tribuna. Son jugadores de Primera División, integrantes de un plantel campeón, expuestos públicamente y con una responsabilidad distinta frente al mensaje que transmiten.
El propio sitio oficial de la Agencia Noticias Argentinas identificó la escena y señaló que Marco Ruben y Franco Ibarra fueron quienes portaron el ataúd dirigido contra Verón.
Y por eso la discusión sobre una eventual intervención disciplinaria no debería ser presentada como un intento de apagar la fiesta de Central. Precisamente lo contrario: festejen el título, disfruten la copa, canten, salten, recorran Rosario y celebren con su gente. Pero hay símbolos que un futbolista profesional no debería convertir en parte de una celebración.
Gastón Ávila y la remera de Verón con la bandera británica
La otra imagen que quedó asociada a los festejos fue la de Gastón Ávila utilizando una camiseta que le entregó un hincha y que tenía estampada la imagen de Juan Sebastián Verón junto con la bandera del Reino Unido.
La referencia es evidente: recupera una vieja burla contra Verón relacionada con su actuación en el Mundial de Corea-Japón 2002 y su paso por el fútbol inglés. Según las crónicas que registraron la escena, Ávila recibió la prenda durante la celebración y se la colocó mientras participaba del festejo.

Es una provocación diferente a la del ataúd. Puede ser considerada una cargada futbolera y forma parte de una rivalidad que tiene numerosos antecedentes. Pero, nuevamente, la cuestión adquiere otra dimensión cuando quien la lleva puesta es un jugador profesional en medio de una celebración institucional.
Cabe destacar que el defensor de la institución santafesina es hermano un jugador de Estudiantes, Franco Domínguez Ávila, quien estuvo presente en la consagración del "Canalla" y recibió criticas.
El límite, en definitiva, no está en que un futbolista se divierta. Está en preguntarse qué cosas puede naturalizar como mensaje público alguien que, además de ser protagonista de un espectáculo deportivo, es una referencia para miles de chicos que miran, imitan y consumen cada una de sus acciones.
Di María, los cánticos y la contradicción con el recuerdo de Sabella

Ángel Di María fue una de las figuras centrales de la consagración y también uno de los grandes protagonistas de la celebración. El capitán de Central encabezó la caravana sobre el micro descapotable, levantó el trofeo, cantó junto a los hinchas y recibió buena parte del reconocimiento de la multitud.
Los cánticos contra Estudiantes ya habían aparecido en el regreso del plantel a Rosario, cuando los futbolistas se sumaron a la hinchada con insultos dirigidos al Pincha. Durante la celebración posterior también se registraron referencias al rival y un particular “minuto de silencio” dedicado al conjunto platense incitados por el ex jugador de la selección y actual emblema canaya.
En este punto aparece una contradicción que resulta imposible ignorar.
Cuando Alejandro Sabella murió, el 8 de diciembre de 2020, Di María fue uno de los integrantes de aquella Selección argentina de 2014 que lo despidió públicamente. En sus redes sociales publicó una imagen del entrenador y escribió: “Que descanses en paz, Alejandro. Voy a recordarte siempre así, míster”.

Sabella no fue simplemente un entrenador más para el fútbol argentino. Fue una figura profundamente vinculada con Estudiantes y con una generación de futbolistas que llegó a la final del Mundial de Brasil. Para Di María, además, fue el entrenador que condujo a aquella Selección entre 2011 y 2014 y bajo cuya dirección tuvo uno de los ciclos más importantes de su carrera.
Por eso, cuando un festejo contra Estudiantes incluye gestos que utilizan la muerte como herramienta de burla y quien encabeza la celebración es justamente uno de aquellos jugadores que alguna vez despidió a Sabella con palabras de respeto, la imagen genera inevitablemente una contradicción.
No significa que Di María deba compartir la mirada institucional o deportiva de Estudiantes. Tampoco que tenga prohibido rivalizar con el club platense. Significa que existen memorias que deberían pesar más que una noche de cargadas.
Miguel Ángel Russo, otra historia que une a Central y Estudiantes

La misma consideración aparece cuando se recuerda a Miguel Ángel Russo.
Russo pertenece a la historia de Rosario Central, pero también pertenece profundamente a la historia de Estudiantes. El Pincha lo definió oficialmente como “hijo pródigo de nuestra institución” después de su fallecimiento y destacó que fue formado bajo los valores de la casa albirroja.
La relación entre Russo y ambas instituciones representa justamente lo contrario de la lógica de enfrentamiento absoluto que parecen haber adquirido algunos capítulos recientes de esta rivalidad. Hay personas capaces de pertenecer a dos mundos futbolísticos diferentes y, en lugar de utilizarlos para alimentar una disputa, convertirse en un puente entre ellos.
Russo fue símbolo de Estudiantes y símbolo de Central. Incluso, en la última consagración del entrenador oriundo de Lanús al frente del "Canalla" en 2023, se tomó el tiempo de agradecer a Estudiantes por haberlo formado como persona.
La historia demuestra que una camiseta no necesariamente borra todos los vínculos anteriores y que el fútbol argentino también puede construirse desde la memoria compartida.
Por eso, en un contexto en el que Central acaba de protagonizar una celebración cargada de violencia hacia Estudiantes, recordar a Russo no pretende convertirlo artificialmente en parte de una discusión que ya no puede responder. Es, simplemente, recuperar una figura cuya trayectoria demuestra que la rivalidad no necesita eliminar el respeto.
La respuesta de los dirigentes de Estudiantes
Las imágenes de los festejos tampoco pasaron inadvertidas en la dirigencia de Estudiantes. El vicepresidente Martín Gorostegui compartió en sus historias de Instagram la fotografía del ataúd con el nombre de Juan Sebastián Verón y acompañó la publicación con una frase cargada de ironía: “No hicimos nada para que pase lo que pasó...”. La expresión retomó directamente las declaraciones de Ángel Di María después de la final, cuando el capitán de Rosario Central se refirió a los incidentes que se produjeron dentro del campo de juego y sostuvo: “Lo que pasó al final es lamentable. No hicimos nada para que pase lo que pasó. Ellos tendrán sus excusas, sus cosas. Nosotros vamos a disfrutar de este momento”.

En la misma línea, el secretario de finanzas, Juan Martín Ongay, apuntó directamente contra Claudio “Chiqui” Tapia y las autoridades responsables de la organización de las competencias del fútbol argentino. “Miren a las carmelitas: imagino que la inmaculada Asociación del Fútbol Argentino tomará alguna medida, ¿no?”, escribió, también en referencia a las imágenes que habían comenzado a circular después de la consagración de Central. De esta manera, la dirigencia albirroja no solamente cuestionó el contenido de los festejos, sino que puso el foco en la eventual respuesta disciplinaria que pueda existir frente a conductas protagonizadas por futbolistas profesionales.
La repercusión dirigencial agrega así otro capítulo a una disputa que dejó de estar circunscripta al resultado de una final. Del pasillo de espaldas a Central se pasó a una serie de cruces públicos, luego a los incidentes posteriores al partido del sábado pasado y finalmente a una celebración en la que aparecieron símbolos que son inadmisibles. En ese contexto, la pregunta ya no pasa únicamente por la rivalidad entre dos clubes, sino por cuál será la respuesta de los organismos que regulan el fútbol argentino ante este tipo de imágenes.