Política
Educación inclusiva: una mirada desde la UCALP para repensar el modelo educativo
Un docente universitario con formación en inclusión pedagógica planteó que contemplar la diversidad en el aula no solo garantiza derechos, sino que también mejora la calidad académica. La reflexión se instala en el debate sobre cómo enseñar en la actualidad.
En medio de los debates sobre el presente y el futuro de la educación, la inclusión aparece como uno de los ejes centrales para repensar el modelo educativo. En ese marco, el profesor de la Universidad Católica de La Plata y especialista en inclusión pedagógica, Bernardo Iaconis, sostuvo que “la educación inclusiva mejora la calidad académica” y propuso herramientas concretas para llevar este enfoque al aula.
La reflexión, que también interpela a la comunidad educativa en general, parte de una realidad cotidiana: las aulas son espacios heterogéneos donde conviven estudiantes con distintas capacidades, trayectorias y necesidades. Frente a esto, el especialista planteó que el desafío no es homogeneizar, sino diseñar estrategias que contemplen esa diversidad desde el inicio.
Según explicó, trabajar desde la inclusión permite al docente correrse de una lógica centrada únicamente en los contenidos y desarrollar nuevas competencias vinculadas a la accesibilidad y la adaptación de recursos. “Deja de pensarse al grupo como una masa uniforme y se empieza a atender la individualidad de cada estudiante”, señaló.
Un enfoque que también es una obligación legal
Más allá de lo pedagógico, el planteo se apoya en un marco normativo vigente. En la provincia de Buenos Aires, la Resolución 1664/17 garantiza el acceso a la educación común para personas con discapacidad, promoviendo su inclusión en escuelas regulares con acompañamiento específico.
A nivel nacional, esta perspectiva se respalda en la Ley 27.044, que adhiere a la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad impulsada por la Organización de las Naciones Unidas.
En este sentido, Iaconis aclaró un punto clave para comprender el concepto: la discapacidad no reside en la persona, sino en las barreras que presenta el entorno. “Si un estudiante puede ingresar, participar y aprender en igualdad de condiciones, esas barreras desaparecen”, explicó. Además, remarcó la importancia de incorporar la noción de neurodiversidad, que reconoce diferentes formas de funcionamiento cerebral dentro del aula.
Claves para construir aulas más inclusivas
A la hora de llevar estos conceptos a la práctica, el docente propuso tres ejes principales. El primero es la accesibilidad, tanto sensorial como física. Esto implica, por ejemplo, contemplar situaciones donde ciertos estímulos pueden generar sobrecarga en algunos estudiantes y ofrecer alternativas como espacios de calma o recursos específicos para canalizar esas respuestas sin estigmatizar.
También incluye pensar las actividades y los espacios desde una lógica accesible para todos: desde el uso de distintos formatos en clase hasta la planificación de salidas educativas que no excluyan a nadie.
El segundo eje son las configuraciones de apoyo, herramientas que buscan equilibrar las condiciones de aprendizaje. Entre ellas se encuentran el uso de materiales complementarios o la ampliación del tiempo en evaluaciones. “No se trata de dar ventajas, sino de garantizar igualdad”, sostuvo.
Por último, mencionó las adecuaciones curriculares, que se implementan cuando las barreras son mayores. En estos casos, se elabora un Proyecto Pedagógico Individual (PPI), que adapta contenidos y formas de evaluación en articulación con equipos educativos.
Estas propuestas forman parte de su obra “Manual de educación inclusiva para docentes, directivos, equipos de apoyo y comunidad educativa”, donde reúne experiencias y herramientas para abordar la diversidad en el sistema educativo.
Una reflexión necesaria sobre cómo enseñar hoy
Más allá de lo técnico, el planteo del docente de la UCALP abre una discusión de fondo: cómo adaptar la educación a una sociedad cada vez más diversa. En ese sentido, subrayó que contar con información precisa sobre las necesidades de los estudiantes —muchas veces brindada por los Equipos de Orientación Escolar— es clave para intervenir de manera adecuada.
Así, desde La Plata, la inclusión no solo se presenta como un derecho garantizado por ley, sino también como una oportunidad para mejorar las prácticas docentes y construir un sistema educativo más equitativo y acorde a los desafíos actuales.