Política
El ánimo del empresariado cambia y empiezan a aparecer dudas sobre el rumbo económico de Milei
En las últimas tres semanas, referentes de grandes empresas y cámaras empresariales comenzaron a expresar un malestar que hasta ahora aparecía con menor intensidad. Las principales preocupaciones pasan por la evolución de la economía en 2027, la demora de algunas inversiones y el estilo del Presidente. Vaca Muerta aparece como una de las primeras señales de alerta.
Durante buena parte del Gobierno de Javier Milei, el respaldo de los grandes empresarios fue uno de los principales sostenes externos del programa económico. La promesa de estabilización, el orden de las cuentas públicas y la agenda de reformas generaron expectativas positivas en buena parte del denominado “círculo rojo”.
Pero ese clima parece haber comenzado a cambiar.
En las últimas dos o tres semanas, distintos referentes del sector privado empezaron a mostrar públicamente un malestar que hasta hace poco circulaba principalmente en conversaciones reservadas. No se trata, al menos por ahora, de un quiebre generalizado con el Gobierno ni de un rechazo al modelo económico. Lo que aparece es algo más concreto: dudas sobre cómo continuará la economía y sobre la capacidad del Gobierno para corregir aquello que no está funcionando como se esperaba.
El cambio de ánimo resulta especialmente significativo porque alcanza a sectores que fueron cercanos al ideario libertario y que acompañaron buena parte de las medidas impulsadas por Milei.
De la confianza a las señales amarillas
El sector industrial fue uno de los primeros en exteriorizar sus reparos. En febrero, Paolo Rocca había expresado fuertes preocupaciones por el avance de China en licitaciones consideradas estratégicas.
Ahora, ese malestar parece haberse extendido hacia otros sectores relevantes de la economía.
Uno de los principales referentes empresariales consultados describió un cambio producido durante los últimos 15 o 20 días. Según su análisis, aquello que meses atrás era considerado un resultado contundente del Gobierno comenzó a ser observado con mayores dudas.
El principal interrogante está puesto en la evolución de la economía durante 2027.
Y para el mundo empresario, la incertidumbre tiene una consecuencia directa: cuando las compañías no pueden proyectar con claridad qué escenario encontrarán en los próximos meses, las decisiones de inversión pueden postergarse.
Ese empresario incluso señaló que ya existen casos vinculados a Vaca Muerta en los que determinados desarrollos estarían siendo demorados hasta octubre de 2027.
No se trata todavía de un fenómeno generalizado, pero sí de una señal que comienza a ser observada con atención.
Vaca Muerta, un dato que preocupa
El caso de Vaca Muerta resulta particularmente relevante porque la formación ocupa un lugar central en las expectativas económicas del Gobierno.
La producción de petróleo y gas es considerada una de las grandes oportunidades que tiene la Argentina para generar inversiones, aumentar sus exportaciones y obtener dólares.
Pero para que ese potencial se concrete se necesita una enorme cantidad de capital.
El CEO de Tecpetrol, Ricardo Markous, sostuvo que para incrementar la producción de Vaca Muerta se requieren inversiones de entre 19.000 y 20.000 millones de dólares anuales.
Actualmente, la inversión se ubica entre 11.000 y 12.000 millones de dólares por año.
La diferencia es significativa: de acuerdo con esa estimación, todavía falta aproximadamente un tercio de las inversiones necesarias para alcanzar el nivel requerido para aumentar considerablemente la producción.
Por eso, cualquier señal de postergación de proyectos adquiere una relevancia que excede al sector energético.
La discusión de fondo es si el escenario actual genera suficientes certezas como para que las empresas aceleren sus inversiones o, por el contrario, si empiezan a adoptar una actitud más cautelosa.
El modelo sigue teniendo respaldo, pero aparecen pedidos de corrección
El cambio de clima no implica necesariamente que los empresarios estén pidiendo abandonar el programa económico de Milei.
De hecho, uno de los referentes del sector alimenticio consultados planteó justamente lo contrario: no hay dudas respecto del modelo, pero sí aparecen pedidos de correcciones.
La diferencia es importante.
El cuestionamiento no apunta necesariamente al rumbo general, sino a determinados aspectos de su implementación y a la necesidad de adaptar algunas decisiones a la realidad económica.
En paralelo, también empieza a aparecer otro tipo de crítica: el estilo presidencial.
Según referentes empresariales citados en el informe, existe un cierto “hartazgo” con la forma en la que Milei lleva adelante su gestión. Se trata todavía de un fenómeno incipiente, pero que algunos empresarios aseguran estar viendo crecer.
La percepción es que la etapa inicial de reformas requería un liderazgo disruptivo y confrontativo, pero que ahora el Gobierno podría necesitar otro tipo de conducción para consolidar los resultados alcanzados.
La expectativa por un cambio de tono
En ese contexto, parte del empresariado esperaba que Milei mostrara señales de mayor moderación en sus últimas apariciones públicas.
La expectativa estaba puesta especialmente en su participación en la Bolsa de Comercio de Rosario, después de su presencia en el Council of the Americas.
Algunos empresarios querían saber si el Presidente mantendría exactamente el mismo discurso o si introduciría cambios en el diagnóstico y en el tono.
La expectativa de un giro, aunque fuera parcial, no terminó de concretarse.
Milei volvió a concentrar buena parte de su discurso en la situación de los deudores y en los niveles de morosidad de las familias argentinas. Incluso puso como ejemplo a personas que habían comprado televisores y otros productos y posteriormente habían dejado de pagar sus cuotas.
El planteo se dio en un contexto en el que la morosidad en las casas de electrodomésticos viene registrando niveles elevados desde comienzos de año.
Para algunos empresarios, ese tipo de discurso profundiza una distancia que empieza a ser visible entre el Gobierno y determinados sectores privados.
Una relación que todavía no se rompió
El escenario, sin embargo, está lejos de representar una ruptura entre Milei y el empresariado.
El Gobierno todavía conserva un respaldo importante entre grandes sectores económicos que valoran la estabilización y las reformas implementadas.
Lo que cambió es el nivel de certeza.
La pregunta que aparece cada vez con mayor frecuencia ya no es solamente si el programa económico funciona, sino qué viene después.
¿Cuál será el ritmo de crecimiento? ¿Qué ocurrirá con las inversiones? ¿Habrá correcciones? ¿El Gobierno podrá sostener el rumbo y, al mismo tiempo, adaptarse a los problemas que aparecen? ¿Qué escenario encontrará el sector privado en 2027?
Son interrogantes que, hasta hace poco, tenían mucho menos peso dentro del discurso del denominado círculo rojo.
Ahora comienzan a ocupar un lugar central.
Y el dato más importante quizás no sea que algunos empresarios hayan expresado críticas puntuales, sino que el clima general parece haberse movido de la confianza casi plena hacia una expectativa mucho más cautelosa.
Para el Gobierno, el desafío será transformar esa cautela nuevamente en certezas.
Porque una economía puede tener un modelo definido, pero necesita algo más para que las empresas inviertan: previsibilidad, confianza y perspectivas claras sobre lo que viene.