Editorial

El error como herramienta metodológica y de crecimiento

El error como herramienta metodológica y de crecimiento
Leonel Sánchez Alpino
10 May, 2025

Por Eduardo Stamato, Profesor y Licenciado.

La escuela hoy presenta dentro de sus desafíos no sólo el de incluir las tecnologías o el uso de
la inteligencia artificial en el aula, sino también, el dar la posibilidad a los estudiantes de
acercarse al conocimiento aprovechando todo el potencial que nuestros alumnos poseen.

Ellos son tierra fértil y sus docentes debemos sembrar el conocimiento de la mano con la
construcción de sus emociones, ayudándolos a descubrir sus habilidades y fortalezas. La
escuela debe y puede ayudar a descubrir vocaciones y talentos, como caminos al crecimiento
personal futuro.

Para ello es necesario nada más y nada menos que un alumno comprometido con su oficio de
estudiante y un docente que enseñe con dominio y amor su disciplina, pero que haga de cada
clase un espacio de crecimiento personal y científico.

Cada docente debe conocer el potencial de sus alumnos y las diferencias de metodologías y
tiempos que cada grupo por sus características necesita. Ya no alcanza con el manejo sólo del
conocimiento, la cronología y el manejo de los tiempos en el aula haciendo uso y abuso del
panoptismo presentes en las escuelas. Hoy no alcanza con cuantificar sólo resultados de
evaluación para medir el potencial de nuestros alumnos y esto no va a cambiar ajustando los
períodos de calificaciones durante el año escolar, esto cambia si las escuelas comienzan a
trabajar en una mirada más individual y pesonalizada de los avances y aprendizajes que logran
nuestros alumnos.

Estamos transitando en las escuelas los primeros tiempos de la evaluación y construcción del
conocimiento por proyectos. Esto no sólo es aplicar el método científico en el aula y la
proyección de trabajos de investigación mediante la elaboración de trabajos individuales o
grupales de exposición y tesinas de los cuales derivará una calificación final. Esto requiere de
un acompañamiento docente en la formación de emociones que permita que un alumno se
desilusione, equivoque, frustre, cometa errores, vuelva a intentar, profundice, cambie su tema
de investigación, sea perseverante, domine sus ansiedades y tiempos, descubra, busque y
encuentre el camino más adecuado al proceso de investigación y presentación de su trabajo el
que seguro finalizará en una calificación futura. Es decir es hora que el error entre a las aulas,
como también debiera ingresar a nuestras vidas y nos permite volver a intentar, crecer y
buscar nuevos caminos. La resiliencia, el reinventarse, la búsqueda personal son necesarias
como forma de vida personal y estudiantil.

NO olvidemos que de eso se trata el error, termino que proviene del latín ERRAR: “…Ir de un
lado a otro, incertidumbre, desconocimiento del camino, ignorancia…”.

Debemos cambiar en las aulas y en nuestras vidas el concepto del error como fuente de
angustia y estrés, generador de miedo, castigo, falla, por un concepto mucho más amigable y
positivo. El error tiene un sentido que le es propio. Debo salir a buscar su causa para poder
tenderlo, profundizarlo, comprenderlo y transformarlo en aprendizaje verdadero. Nadie quiere
tropezar dos veces con la misma piedra. ¿Verdad?

Es hora que las emociones entren al aula. No le tengamos miedo a ello. Las familias deben
comprender que la frustración, la desilusión, el miedo a equivocarse, son emociones necesarias para construir y deconstruirse en el largo camino del aprendizaje que nos regala la
vida.

Nadie llega a sus objetivos de la noche a la mañana, requiere de trabajo de años, de
equivocarse, de arriesgarse, de caer, de volver a levantarse, de volver a intentarlo y continuar
con la menor desilusión posible, comprendiendo que el error es parte de nuestras vidas, es
crecimiento y es necesario para alcanzar los logros que nos hemos propuesto.

El aprendizaje debe hoy desarrollarse en escuelas que permitan a los estudiantes la posibilidad
de acercarse al conocimiento, al saber, mediante una participación activa, creadora, cultural,
sociabilizadora y emocional, donde se permita el error como metodología de crecimiento. Por
lo tanto el aula debe ser un lugar confiable, sin amenazas, acogedor, facilitador, creativo,
innovador, que favorezca la construcción cooperativa y colaborativa.

Escuelas donde el error no se consideré castigo sino fuente de reflexión. El error como
reparación, como construcción, no como estigma. El aprender debe ser descubrir, hacer,
equivocarse, volver a intentar, analizar los errores mediante la escucha activa propia, de
nuestros compañeros y de los docentes.

Esto traerá consigo alumnos que no bajen los brazos. Alumnos que comprendan que el
conocimiento requiere de trabajo individual y grupal, que ello es posible y seguramente el
nivel de indiferencia y desidia frente al conocimiento descienda y con ello disminuirá
seguramente los niveles de abandono y deserción.

El construir el conocimiento, el investigar temas que requieran del interés de los alumnos
mediante proyectos o metodologías de aprendizaje no convencionales guiados por docentes
responsables y comprometidos con hacer ingresar el error a las aulas como una función
metodológica que traerá resultados favorables.

Basta de clasificar o encuadrar a los alumnos de acuerdo a las calificaciones que adquieren,
empecemos a ver en ellos su potencial y verdaderos intereses si queremos ver mejores
resultados en los indicadores educativos que nos permitan mejorar nuestras estadísticas a
nivel institucional, jurisdiccional o nacional.

Un docente, una institución no es mejor por la cantidad de alumnos que desertan o que no
pueden incluirse en el sistema, todo será mejor si las emociones, la resiliencia, el buen clima
de trabajo, la armonía y el error ingresa al aula.

Esta reforma no sólo requiere de un cambio en las escuelas, sino también en nuestra
sociedad. La tolerancia, la armonía, la solidaridad y la empatía son valores que no cotizan en
bolsa y parecen estar en desuso en una sociedad que necesita cambiar.
No olvidemos que las
escuelas no se encuentran detrás de muros que separan realidades, todo lo contrario, las
escuelas se encuentran detrás de grandes esponjas que absorben todo lo que sucede en el
afuera, en nuestras junglas de cemento.

“…La virtud principal del trabajo didáctico sobre el error sería, ofrecer a los alumnos
herramientas adecuadas para que descubran la unidad de saberes deseables” (…) “Asociando
mediación didáctica y mediación social … ”, Jean Pierre Astolfi.

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