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Es momento de dar la discusión

23 Abr, 2024 Leonel Sánchez Alpino

En las últimas horas, el modelo del fútbol argentino volvió a estar en el centro del debate tras la difusión por parte de Almirante Brown de los costos que debió afrontar por jugar de local.

Por Leonel Sánchez Alpino.

Entre ayer y hoy, el Club Almirante Brown se volvió tendencia en X (ex Twitter) porque difundió la totalidad de los ingresos y egresos de dinero que le generó recibir a Estudiantes de Río Cuarto por la Primera Nacional. El dato que volvió viral la información que brindó la institución de Isidro Casanova es que gastó mucho más de lo que recaudó.

En concreto, el club matancero tuvo una pérdida de $5.408.670. El desagregado se compone de la siguiente manera:

Gastos

AFA: -$132.770
UTEDYC: -$969.213
Cámaras: -$549.000
Médicos: -$152.000
Seguridad: -$ 114.000
Operativo: -$3.848.647
Vallas: -$250.000
Personal: -$982.000

Recaudación

Entradas: $982.000

Total: -$5.408.670

La información brindada por Almirante Brown refuerza un debate que creció en los últimos meses, respecto al modelo de negocio que impera en el fútbol argentino y hacia cual se podría evolucionar para optimizar el acceso a recursos y cortar el sangrado en las arcas de los clubes.

Tanto en las divisiones de ascenso como en la primera división, sacando a Boca y a River que concentran la gran mayoría de los ingresos que hoy fluyen hacia el fútbol nacional, las instituciones afrontan dificultades estructurales para lograr crecer o, en muchos casos, mantener el funcionamiento diario.

Más allá de la importancia de contar con dirigencias transparentes, que tengan la capacidad (y la intención) de optimizar los recursos del Club que administran, en el esquema vigente el techo es demasiado bajo.

Para poner más ejemplos, se puede citar el caso de los ingresos por los derechos de televisación, que entre los hinchas suele estar asociado a sumas exponenciales, y sin embargo en Argentina no representan un porcentaje significativo para las cuentas de los clubes: mientras en Argentina hay equipos de la Liga Profesional que perciben U$S 2 millones, en Brasil no bajan de U$S 30 millones, y los grandes llegan a percibir U$S 70 millones.

Otro ítem es la venta de jugadores, que suele ser el mayor motor de ingresos en el fútbol argentino, sin embargo los pagos muchas veces son en diferido, por lo que la institución vendedora tarda en verla, y no es un esquema que permita sostener de forma constante la inversión necesaria para apuntalar las divisiones inferiores y garantizar buenas ventas con continuidad. Vale agregar que la mayoría de los clubes tampoco logran competir de igual a igual con Boca o River en la búsqueda de jóvenes talentosos en el interior del país, dada la diferencia de presupuesto y estructura entre los dos gigantes y el resto.

En un contexto nacional donde el achicamiento del Estado y la crisis de escolaridad pone a los clubes en un lugar central como barrera de contención social, es imposible que los mismos cumplan dicha función sin ingresos.

Ante dicho cuadro de situación, es necesario replantearse hacia donde va el fútbol argentino y como puede mejorar para resolver las inequidades estructurales que hoy padece. Por la pronto, mirar los números es un sustento necesario para abrir el debate.

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