Editorial

ESI si, ESI no

ESI si, ESI no
Leonel Sánchez Alpino
29 Mar, 2025

Por Lic. Prof. Eduardo Stamato.

En el próximo año la Ley de Educación Sexual Integral cumple 20 años y aún seguimos debatiendo si ESI Sí o ESI No en las escuelas. 

Seguramente los temores sociales y familiares que se encuentran enfundados en el desconocimiento del origen de esta Ley Nacional, como así también, de las diferentes resoluciones internacionales y nacionales en que se fundamenta, junto al desconocimiento de sus contenidos y el considerar a la ESI como una cuestión política partidaria y no como una necesidad, genera dicha rivalidad.

Es así como una gran parte del sistema educativo y de la sociedad argentina no considera a la ESI como área importante del diseño curricular de las escuelas. Lo mismo sucede con los contenidos  que en ella se pretenden desarrollar en los niveles inicial, primario y medio, quitándole toda importancia al aporte y valor que ella puede generar en la formación general de nuestros estudiantes. Abordar los contenidos ESI en las escuelas no es enseñar lenguaje inclusivo. Es algo mucho más profundo. Es algo que debe conducir a la educación y salud emocional de las personas.

En primer lugar es importante destacar  que la reglamentación e implementación de la ESI, en nuestro país,  se funda en la aplicación de los derechos humanos y sociales bajo la tan “temida” perspectiva de género, entendiendo por ella a la igualdad de género y a la construcción de sociedades inclusivas y justas, considerando la igualdad de género como derecho fundamental de las personas.

En cuanto a los marcos normativos que le dieron origen a la ESI, y lograron su implementación y posterior actualización de contenidos, se debe hacer mención a la Ley Nacional de Educación Sexual N° 26.150, la Ley de Protección Integral de los Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes Ley N° 26.061,  la Ley 25.673 del Programa Nacional de Salud Sexual y Procreación Responsable, la Ley 26.743 de  Matrimonio Igualitario, la Ley de Identidad de Género N° 26.061, la Ley Brisa N° 27.452, la Ley Micela N° 27.499, la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo N°27.610 (estas tres últimas leyes hoy se encuentran cuestionadas y en revisión por el actual gobierno nacional), la Ley N° 26.618 Derechos Humanos en Argentina y las últimas reformas del Código Civil Nacional que hace mención, entre otros importantes aspectos, al derecho de los niños y adolescentes a ser oídos, a que su opinión sea tenida en cuenta y los padres deben considerar la autonomía progresiva de sus hijos y el derecho a ser oídos.  

La Unesco se promulgó en el año 2018 sobre la necesidad de la enseñanza de la ESI como parte integrante de los diseños curriculares en su documento, “Técnicas Internacionales sobre Educación en Sexualidad”.  La ONU también lo hizo con su documento, “Directrices Operacionales del Fondo Poblacional  para la ESI”, donde plantea un enfoque basado en los derechos humanos y de género. Es injusto no hacer mención también a los tratados sobre la Eliminación de todas las formas de Discriminación contra la Mujer.

El Estado Nacional comparte junto a la escuela la importante responsabilidad de velar por la protección de los derechos de los niños, niñas y adolescentes, en un ámbito donde se despliega el proceso de crecimiento de la primera infancia hasta el desarrollo de la adolescencia. Este desarrollo no es  sólo crecimiento cognitivo, implica un desarrollo personal y de la sexualidad que debemos acompañar y no omitir.  Es allí donde la escuela, desde siempre, promueve el desarrollo y cuidado de la salud y del propio cuerpo, promueve vínculos, solidaridad, empatía, respeto por el otro y su cultura, promoviendo la diversidad y la inclusión como norma de vida.

La escuela tiene también otra importante función que es acompañar a la formación familiar generando actividades y encuentros que los orienten y guíen. Es responsabilidad de las familias es asistir y formar parte de este proceso.

La escuela es un lugar de confianza donde los niños y adolescentes puedan expresar libremente  sus puntos de vistas, sentimientos, elecciones, temores, preocupaciones, y deben ser contenidos, acompañados y respetados, con integración y no discriminación. 

Hoy más que nunca es necesario que el cambio social que venimos experimentando nos conduzca a generar vínculos sociales positivos y habilidades psicosociales que nos lleven verdaderamente a un cambio social basado en el respeto e igualdad de género. Dicho cambio debe provenir, y en gran parte, de la responsabilidad conjunta de la escuela y la familia.

La familia debe comprender la importancia de abordar estos temas en lugares de contención y confianza como son las escuelas, a pesar de que existan agrupaciones sociales y de familias que insistan en sostener  “con mis hijos no te metas” como un modo de protección frente al dictado y abordaje de contenidos ESI, lo que podemos justificar por temores que surgen por el propio desconocimiento de los contenidos, por la falta de confianza en la escuela, por cuestiones netamente ideológicas, o porque no, por actitudes de sobreprotección para con sus hijos y el temor a su crecimiento e inserción en una vida social adulta y dispersa. 

Las familias y las escuelas deberían comprender que el abordaje de contenidos ESI intenta aportar mayor seguridad, protección, cuidado, bienestar, autoestima, felicidad a nuestros niños y adolescentes, y por ende mejor salud psíquica y física, entiendo por salud no la ausencia total de afecciones o enfermedades, sino como muy bien la desarrolla en su pre ángulo la Organización Mundial de la Salud (organismo hoy cuestionado por nuestro Estado Nacional) que la define como: “… un estado de completo bienestar físico, mental y social…”

Considerar que enseñar ESI en las escuelas es sólo enseñar genitalidad e inducir al cambio de género,  es un grave y gran error en el que lamentablemente muchas familias, docentes y directivos caen, quizás por ignorancia o partidismos carentes de sentido, o por dogmatismo, o por simple desconocimiento, como ya se mencionó.

Enseñar ESI es demostrar que el mundo diverso existe y podemos compartirlo, fundados en la aceptación, la diversidad y el respeto mutuo. Es decir las personas somos sujetos en libertad y debemos ejercerla sin temores y confiados en que ella será respetada siempre como valor fundamental de la vida en democracia.

Desde siempre la temida Educación Sexual suponía hacer  foco en el acto sexual pura y llanamente, en las ETS (enfermedades de transmisión sexual) y en embarazos no deseados, siendo esto sólo una parte ínfima de lo que implica la verdadera educación sexual de las personas.

Ya en los años setenta en Argentina cuando se celebró el Primer Congreso Argentino de Sexología dirigido por el Dr. Héctor Segú, se sostenía la importancia que guarda la educación sexual, con la planificación familiar y la salud en general. 

Se entendía que la educación sexual “…se da en el ambiente y de una manera inintencionada e inevitable…”, comprendiendo que,  “…la sexualidad no admitía un abordaje fácil y directo” … “su complejidad es un motivo de reflexión” … “es un tema desafiante, pero no imposible” … “debido a una sociedad integrada por diferentes grupos humanos que sostienen diferentes valores...” afirma un discípulo del Dr. Segú, el médico uruguayo Andrés Flores Colombino presidente de la Sociedad Uruguaya de Sexología, allá por los años 90. 

Hoy se entiende la ESI desde un enfoque basado en los derechos humanos, en el respeto individual de la sexualidad, en la prevención de la violencia, los cuidados del cuerpo, la salud, la equidad, la cultura e historias de los pueblos, y las distintas formas de expresión. Es decir se entiende a la sexualidad en una concepción integral que parte de las primeras relaciones interpersonales basada en valores, respeto mutuo, diversidad, construcción de la identidad, desarrollo de autonomía, toma de decisiones, trabajo reflexivo sobre el género, diferentes formas de comunicación, valoración de los sentimientos y expresión, desarrollo de la autoestima y autonomía, cuidado y promoción de la salud, el derecho a la vida y a la sexualidad según las convicciones morales y religiosas de cada uno.

Este nuevo enfoque no dista mucho del planteado en los años 70 y 90. Cuando hoy hablamos de ESI lo hacemos pensando en una formación integral de los niños y adolescentes, basada en cinco ejes, los que se encuentran desarrollados exhaustivamente en los diferentes diseños curriculares nacionales y jurisdiccionales. 

Ejemplo 1: Adolescencia, sexualidad y vínculos. Vinculo entre pares, pareja, familia. Vínculos positivos. Situaciones de maltrato y vulneración de derechos.

Ejemplo 2: Salud y Calidad de Vida. Plantea un abordaje no solo del comportamiento individual sino también de la responsabilidad del Estado en las políticas públicas de salud. Aborda el cuidado de la salud y del cuerpo. Protección y cuidado en las diferentes prácticas sexuales. Mitos, prejuicios, creencias, recursos preventivos y asistenciales.

Ejemplo 3: Anatomía y Fisiología de la reproducción humana. Abordaje anatómico y fisiológico de la reproducción humana. Reproducción asistida y genética con un abordaje ético y científico.

Ejemplo 4: Sociedad, sexualidad, consumo y medios de comunicación. Análisis crítico  de los mensajes que trasmiten los medios de comunicación en relación a los estereotipos de género, sexualidad, consumo, relación entre lo público y lo privado, patrones hegemónicos de belleza. Su impacto en la salud y exclusión.

Ejemplo 5:  Sexualidad historia y derechos humanos. Análisis de procesos históricos y de actualidad que originan situaciones de desigualdad entre hombres y mujeres. Cambios culturales, políticos, socioeconómicos y su incidencia en las transformaciones, roles y relaciones entre géneros. Derechos sexuales y reproductivos. Marcos legales.

Ahora bien. Luego de esta introducción teórica e informativa no es posible concebir que aún se considere el abordaje de la ESI como proceso “deformativo y preligroso” en la educación de los niños, niñas y adolescentes. 

Sí pretendemos una sociedad tolerante, sana, inclusiva en un país libre y civilizado, la familia, la escuela y las instituciones religiosas, sociales, culturales y comunitarias, deberían estar alineadas en trabajar y colaborar en la formación emocional, psicológica y social de nuestros niños y jóvenes.

En aquellas escuelas donde hay compromiso verdadero con estás políticas de formación es maravilloso ver como los estudiantes se expresan y hablan libremente sobre todos estos temas que los preocupan y lo abordan con responsabilidad, criterio y respeto. 

El alumno necesita sentir que la escuela es su lugar de escucha, pertenencia, desarrollo y que la expresión surge no solo de la palabra, sino de cualesquiera de los lenguajes artísticos, idiomáticos y deportivo.

No hay dudas que se necesita mayor preparación, capacitación y confianza docente para abordar profundamente estos temas, pero con la ayuda de profesionales, organizaciones, y de los diferentes miembros que conforman la comunidad educativas, como padres, ex alumnos, amigos, docentes, comunidades, colectividades, se puede y se debe dar un marco de enseñanza y respeto en cada uno de los temas propuestos en sus cinco ejes, o les que surjan de las necesidades de los alumnos, de la escuela, de los barrios, de las familiares, de las comunidades, de las jurisdicciones, de los docentes. 

El Estado debería incluir estos temas en las capacitaciones docentes y en los profesorados, y ello debería conformar parte del presupuesto destinado a educación.

Con nuestros hijos no, o quizás,  con nuestro hijos sí es posible, si se refuerzan los contratos de confianza familia / escuela que hemos elegido para la formación de nuestros niños y adolescentes. 

Qué mejor lugar que en las escuelas y en las familias, lugares y células de contención, para hablar, debatir  y problematizar determinados temas que hoy preocupan a la sociedad, a los adolescentes, a sus familia y a la escuela. La escuela, como la familia, siempre querrán lo mejor para nuestros adolescentes y desde el trabajo compartido se verán los logros.

La escuela no sólo debe enseñar ciencias. La escuela hoy debe acompañar los cambios sociales, culturales y de paradigma presentes en el mundo. La escuela debe estar preparada y en igualdad de condiciones para hablar de esas cosas que SI podemos y debemos hablar en la escuela.

La ESI es crecimiento. La ESI no está “…atrasada en contenidos que ya nadie consulta por ser obsoletos…” como afirmaron tristemente funcionarios públicos del área de educación de la CABA.  Sí consideran que dichos contenidos deben actualizarse y completarse en buena hora se hará, ya que no hay diseño curricular que sea rígido e inflexible en el siglo XXI.

ESI SI, para lograr una sociedad moderna, respetuosa, sin muertes injustas de mujeres, hombres o de cualquier otra diversidad sexual, sin violencia de género y sobre pilares firmes de libertad verdadera, ética, moral, diversidad y paz,  sobre las que deben construirse las sociedades futuras y democráticas.

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