Estudiantes
Estudiantes y la noche eterna en que La Plata conquistó el mundo
El 16 de octubre de 1968, Estudiantes de La Plata escribió una de las páginas más importantes de su historia. Con un empate 1-1 ante el Manchester United en Inglaterra y después de ganar la ida en la Bombonera, el equipo de Osvaldo Zubeldía conquistó la Copa Intercontinental y llevó al fútbol argentino a lo más alto.
Hay fechas que no necesitan presentación para el pueblo albirrojo. El 16 de octubre de 1968 es una de ellas: el día en que Estudiantes de La Plata desafió los pronósticos, resistió en uno de los escenarios más emblemáticos del fútbol mundial y se consagró campeón intercontinental frente al Manchester United. Este viernes se cumplen 58 años de aquella hazaña que quedó grabada para siempre en la memoria del club y de la ciudad.
La consagración tuvo como escenario a Old Trafford, en Inglaterra, donde el conjunto dirigido por Osvaldo Zubeldía empató 1-1 ante un rival que reunía figuras de enorme jerarquía internacional. El resultado, sumado al triunfo por 1-0 conseguido en el encuentro de ida, le permitió al Pincha quedarse con la serie y levantar el trofeo que lo acreditó como campeón del mundo de clubes.
La Bombonera y Old Trafford, dos capítulos de una misma hazaña
La serie decisiva había comenzado en la Bombonera, donde Estudiantes se impuso por 1-0 con un cabezazo de Marcos Conigliaro. Aquella victoria, con un jugador más por la expulsión de Nobby Stiles, le dio una ventaja fundamental para afrontar la revancha en territorio inglés, frente a un Manchester United que llegaba con figuras de renombre y el respaldo de su público.
El equipo inglés contaba con nombres como Bobby Charlton, George Best y Denis Law, además de una estructura vinculada a la selección inglesa campeona del mundo en 1966. En la previa, el favoritismo estaba del lado del conjunto británico, pero Estudiantes llegó a Manchester con un plan de juego definido y la convicción de sostener la ventaja obtenida en Buenos Aires.
El clima en Old Trafford fue adverso para el equipo argentino desde su ingreso al campo. Sin embargo, la presión no impidió que el Pincha ejecutara una de sus jugadas preparadas: Juan Ramón Verón apareció de cabeza para marcar el 1-0 y silenciar al estadio. El tanto del delantero, conocido como la Bruja, acercó todavía más a Estudiantes a una conquista histórica.
El desarrollo del partido exigió una enorme fortaleza para el conjunto platense, ya que Ramón Alberto “Tato” Medina, Estudiantes fue expulsado junto al histórico George Best. Aun así, sostuvo la resistencia ante los intentos del Manchester United y manejó los tiempos de un encuentro cargado de tensión.
El equipo inglés consiguió el empate sobre el final por intermedio de Morgan, pero el 1-1 no alcanzó para revertir la serie. El triunfo por la mínima diferencia en la Bombonera había resultado determinante: con el empate en Inglaterra, Estudiantes aseguró la Copa Intercontinental y concretó una de las mayores conquistas de su historia.
El equipo de Zubeldía que quedó en la historia
Aquella noche, Estudiantes formó con Alberto Poletti; Oscar Malbernat, Ramón Aguirre Suárez, Ramón Medina y Carlos Salvador Bilardo; Eduardo Flores, Carlos Pachamé, Raúl Madero y Juan Miguel Echecopar; Marcos Conigliaro y Juan Ramón Verón, con variantes en la formación durante el encuentro. El equipo representó la identidad futbolística que Zubeldía había construido: disciplina táctica, preparación de jugadas, concentración y una convicción colectiva capaz de imponerse ante rivales de mayor presupuesto y prestigio internacional.
La conquista de 1968 consolidó el lugar de Estudiantes entre los grandes del fútbol mundial y se convirtió en un símbolo de su identidad. No fue solamente una copa: fue la confirmación de un proyecto deportivo que había alcanzado la cima a partir del trabajo, la planificación y la fortaleza de un grupo que creyó en sus posibilidades incluso en el escenario más hostil.
A 58 años de aquella noche, la imagen de Juan Ramón Verón festejando su gol y la resistencia del equipo en Old Trafford siguen formando parte del patrimonio sentimental del club. La frase que acompañó durante décadas la historia albirroja resume el espíritu de aquella conquista: “A la gloria no se llega por un camino de rosas”.