Punto capital
Falleció “La Estatua”, el artista callejero que se convirtió en un símbolo de La Plata
Sergio “Pachu” Montero llevaba décadas formando parte del paisaje cotidiano de la ciudad. Con su personaje, sus movimientos y su particular manera de interactuar con los vecinos, construyó una identidad propia en las calles platenses. Fue encontrado sin vida este miércoles en su casa de Altos de San Lorenzo.
La Plata perdió a uno de sus personajes más reconocibles. Sergio Fabián Montero, conocido como “La Estatua Viviente” o “Pachu”, murió este miércoles y dejó atrás una historia ligada a las peatonales, las plazas y la vida cotidiana del centro platense.
Durante décadas, su figura llamó la atención de quienes caminaban por calle 8, calle 12 y los alrededores de Plaza Moreno. Con el cuerpo inmóvil, el rostro pintado y una caracterización que lo hacía parecer una escultura, convirtió el espacio público en su escenario y construyó un personaje que trascendió su actividad como artista callejero.
Montero fue encontrado sin vida en una vivienda ubicada en 76 entre 13 y 14, en Altos de San Lorenzo, el barrio donde nació y creció. Según las primeras informaciones, un amigo que no lograba comunicarse con él dio aviso a las autoridades. La Policía intervino en el lugar y las circunstancias del fallecimiento quedaron bajo investigación. <Cite refs={["turn483120search11","turn483120news3"]} />
De “Pachu” a La Estatua
Detrás del personaje había una historia mucho más amplia que la de un hombre que permanecía quieto en una esquina. En una entrevista publicada en 2022, Montero reconstruyó parte de su recorrido personal y explicó cómo la creación de La Estatua terminó marcando un antes y un después en su vida.
También contó que había estudiado piano en el Conservatorio Gilardo Gilardi y que, durante los años noventa, tuvo participaciones como extra y en pequeños papeles televisivos. Pero fue en la calle donde encontró una forma de expresión que terminaría convirtiéndose en su sello.
Su propuesta tenía una particularidad: no se limitaba a permanecer inmóvil esperando que alguien dejara una moneda. Su personaje buscaba la interacción con quienes pasaban, jugaba con las reacciones del público y convertía cada encuentro en una pequeña escena.
Con el tiempo, dejó de ser solamente un artista que trabajaba en el centro para transformarse en una presencia familiar para varias generaciones de platenses. Su aspecto podía cambiar, pero su identidad era inmediatamente reconocible.
Una parte de la memoria urbana
La Estatua se volvió parte de esas postales cotidianas que construyen la identidad de una ciudad sin necesidad de aparecer en sus monumentos oficiales. Estaba en las peatonales, frente a los comercios y en los recorridos habituales de quienes caminaban por el centro.
Su historia también mostraba una forma de trabajo artístico que depende directamente del espacio público y del contacto con la gente. A diferencia de un espectáculo con escenario y horarios definidos, su actividad se desarrollaba en medio del movimiento diario de la ciudad, entre las compras, los trámites y los paseos.
En 2022, Montero hablaba de su personaje como una transformación personal que lo había ayudado a cambiar el rumbo de su vida. La Estatua, decía, había terminado ganándole a aquella versión de sí mismo a la que llamaba “Pachuli”. Detrás de la caracterización, había encontrado una identidad propia.
Una historia atravesada por el dolor
En diciembre de 2024, Montero atravesó uno de los momentos más duros de su vida con la muerte de su hija Abril Muriel, de 25 años, en Colombia. La noticia generó conmoción y el artista impulsó gestiones para repatriar sus restos y reclamar que se esclarecieran las circunstancias del caso.
Aquel episodio expuso una faceta diferente de quien muchos conocían principalmente por su personaje callejero: la de un padre que enfrentaba una pérdida devastadora y buscaba respuestas.
Ahora, su propia muerte vuelve a poner su nombre en el centro de la escena platense.
La ciudad que durante años lo encontró en una esquina, inmóvil y dispuesto a sorprender a quien se acercara, despide a un artista que hizo de la calle su lugar de trabajo y de encuentro. Porque La Estatua no era solamente una figura pintada que parecía detenida en el tiempo: era también uno de esos personajes que, de tanto repetirse en la vida cotidiana, terminan formando parte de la memoria colectiva de La Plata.