Sociedad
Hantavirus: la amenaza silenciosa que volvió a encender las alarmas sanitarias
Tres muertes vinculadas a un crucero internacional reactivaron la preocupación por una enfermedad que puede avanzar en pocas horas y cuya letalidad sigue siendo una de las más altas entre las zoonosis que circulan en Argentina.
El hantavirus volvió a ocupar el centro de la escena sanitaria internacional luego de la detección de varios casos en un crucero que había partido desde Ushuaia y que debió activar protocolos epidemiológicos durante una escala en Cabo Verde. El episodio dejó al menos tres personas fallecidas y puso nuevamente bajo la lupa a una enfermedad capaz de provocar cuadros graves en tiempo récord.
Aunque muchas veces se la asocia exclusivamente con zonas rurales o boscosas de la Patagonia, los especialistas advierten que el virus circula en distintas regiones del país y que su prevención depende, en gran parte, del conocimiento sobre cómo se transmite.
La bioquímica Rosana Toro, docente de Virología Clínica de la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad Nacional de La Plata, explicó que el hantavirus es una zoonosis, es decir, una enfermedad transmitida desde animales hacia humanos. El principal reservorio son determinados roedores silvestres, especialmente el llamado “ratón colilargo”, que porta el virus sin desarrollar cuadros graves.
En las personas, sin embargo, la infección puede tener consecuencias devastadoras. En América, el virus provoca el denominado Síndrome Pulmonar por Hantavirus (SPH), una enfermedad que afecta principalmente el sistema respiratorio y cardiovascular y que presenta elevados índices de mortalidad.
En el sur argentino y Chile circula particularmente la cepa Andes, una de las más agresivas y además una de las pocas variantes de hantavirus en el mundo con capacidad comprobada de transmisión entre personas.
Un virus presente en distintas regiones del país
Argentina posee cuatro grandes zonas endémicas donde el hantavirus circula de manera estable. Una de ellas comprende el NOA, con provincias como Salta, Jujuy y Tucumán. Otra corresponde a la región Centro, que incluye Buenos Aires, Santa Fe y Entre Ríos. También existe circulación en el NEA —especialmente en Misiones, Chaco y Formosa— y en gran parte de la Patagonia, sobre todo en Neuquén, Río Negro y Chubut.
La principal vía de contagio ocurre al inhalar partículas microscópicas provenientes de orina, saliva o heces de roedores infectados.
Actividades cotidianas como barrer una cabaña cerrada, limpiar un galpón, mover leña, cortar el pasto o desmalezar pueden generar aerosoles contaminados capaces de transmitir el virus sin que la persona lo advierta.
Sin embargo, el hantavirus posee una característica poco frecuente entre las zoonosis: en determinadas circunstancias puede transmitirse entre humanos. Ese mecanismo fue identificado por primera vez en Argentina durante los años noventa, luego de una serie de investigaciones realizadas tras brotes registrados en la Patagonia.
Casos posteriores, como el ocurrido en Epuyén, terminaron de confirmar la transmisión interpersonal asociada específicamente a la cepa Andes.
Síntomas inespecíficos y evolución fulminante
Uno de los principales desafíos del hantavirus es que sus síntomas iniciales suelen confundirse con los de otras enfermedades virales.
Después de un período de incubación que puede extenderse entre 4 y 45 días, aparecen fiebre, dolores musculares, cansancio intenso, náuseas, vómitos y malestar general.
En esa etapa inicial muchas veces no existen síntomas respiratorios claros, lo que dificulta sospechar la enfermedad. Pero el cuadro puede empeorar de forma abrupta.
En cuestión de horas pueden aparecer dificultad respiratoria severa, hipoxemia, shock y fallas cardiovasculares que obligan a una internación urgente. Una vez instalada la fase cardiopulmonar, la evolución suele ser extremadamente rápida y puede provocar la muerte en apenas 24 o 48 horas.
La tasa de letalidad puede alcanzar hasta el 40% según distintos brotes registrados en Argentina.
Por ese motivo, los especialistas remarcan la importancia del diagnóstico precoz. Aunque actualmente no existe un antiviral específico contra el hantavirus, detectar la enfermedad a tiempo permite aplicar tratamientos de sostén —como oxigenoterapia y asistencia respiratoria— que aumentan significativamente las posibilidades de supervivencia.
Vigilancia epidemiológica y trabajo científico
Cada caso sospechoso activa un complejo entramado de investigación epidemiológica. Los equipos sanitarios reconstruyen recorridos, contactos estrechos y posibles lugares de exposición para identificar cadenas de contagio y contener eventuales brotes.
Eso es precisamente lo que ocurrió tras los casos vinculados al crucero que partió desde Ushuaia, donde debieron intervenir autoridades sanitarias de distintos países debido a la circulación internacional de pasajeros.
El trabajo científico detrás de estos episodios involucra múltiples disciplinas. Además del seguimiento clínico de los pacientes, se estudia la circulación viral en roedores, la genética de las cepas y las posibles variantes presentes en cada región.
En Argentina, el hantavirus es además una enfermedad de notificación obligatoria. Ante un caso sospechoso, el sistema de salud debe informar de inmediato al Sistema de Información Sanitaria Argentino (SISA), que permite emitir alertas y coordinar respuestas epidemiológicas.
Según el último Boletín Epidemiológico Nacional, durante la temporada 2025-2026 ya se notificaron 101 casos de hantavirosis en el país.
La provincia de Buenos Aires concentra la mayor cantidad de diagnósticos, seguida por Salta, Santa Fe, Jujuy, Río Negro, Entre Ríos y Chubut.
El informe oficial advirtió además que los casos actuales se mantienen por encima del umbral esperado de brote.
La prevención, la herramienta más efectiva
Frente a la ausencia de vacunas o tratamientos específicos, la prevención continúa siendo la principal herramienta para reducir riesgos.
Los especialistas recomiendan ventilar durante al menos 30 minutos los ambientes cerrados antes de ingresar, utilizar barbijo y guantes al limpiar espacios potencialmente contaminados y evitar levantar polvo al barrer.
También aconsejan mantener los alrededores de las viviendas libres de basura y malezas, almacenar alimentos en recipientes cerrados y evitar el contacto directo con roedores muertos o vivos.
Para quienes realizan actividades al aire libre o acampan, las recomendaciones incluyen elegir zonas despejadas, no dormir directamente sobre el suelo y conservar la comida protegida.
El reciente episodio del crucero dejó además una advertencia que trasciende fronteras: los virus viajan junto con las personas. En un mundo con circulación internacional permanente, un brote localizado puede convertirse rápidamente en un problema sanitario global.
Por eso, especialistas y organismos sanitarios insisten en la importancia de fortalecer la vigilancia epidemiológica, la cooperación científica y la difusión de información clara para actuar rápidamente frente a enfermedades que, aunque silenciosas, pueden resultar letales.