Editorial

Huellas rusas en Argentina

Huellas rusas en Argentina
Ju Fux
14 Jul, 2026

Artículo del Embajador de Rusia en Argentina, Dmitry Feoktistov.

No es casualidad que Buenos Aires se considere como uno de los mayores centros de concentración de la comunidad rusa en Sudamérica.

Paseando por sus calles, a menudo se puede oír su lengua nativa, así como encontrar restaurantes acogedores donde se sirven platos tradicionales.

Los orígenes de la emigración rusa se remontan a la segunda mitad del siglo XIX, cuando artesanos, campesinos y obreros se trasladaron aquí en busca de oportunidades económicas.

Les han seguido quienes huyeron de nuestro país tras la revolución de 1917 y la Segunda Guerra Mundial.

Entre ellos se encuentran los descendientes de emigrantes "blancos" que partieron hacia Argentina entre 1948 y 1950 desde Europa del Este, principalmente desde Yugoslavia.

La siguiente ola de migrantes se formó en los años 1990 después de la disolución de la URSS e incluyó a representantes de una amplia gama de profesiones: ingenieros, médicos, profesores, obreros y pequeños empresarios.

Según algunas estimaciones, hoy en día el número total de compatriotas en Argentina alcanza alrededor de 300.000 personas.

La expresión más insigne del espíritu ruso es la Catedral Ortodoxa Rusa de la Santísima Trinidad, el primer templo de este origen en Sudamérica, ubicado en el barrio de San Telmo de la ciudad de Buenos Aires y consagrado en 1901 con la asistencia del presidente Julio Roca.

En la capital argentina se perciben con claridad otras huellas de nuestra cultura.

Un monumento del Santo Príncipe Vladimir, instalado en una de las calles de la ciudad en 1988 para conmemorar el milenario del Bautismo de Rusia, se ha convertido en un punto de referencia muy significativo para la diáspora.

El paisaje del barrio porteño de Belgrano se integra de forma armoniosa con la Plaza de la Federación de Rusia, que simboliza la larga amistad entre los pueblos de ambos países.

Nuestros compatriotas participaron en la exploración de nuevas tierras en Argentina, la consolidación de su Estado y el desarrollo de la ciencia, la industria y la agricultura.

Los ingenieros rusos Konstantin Geringer y Vladimir Zabolotny son destacados por sus importantes proyectos de infraestructura, como la construcción de puentes y carreteras.

Vladimir Baskevich construyó una central eléctrica, y su hermano Yuri, profesor de física nuclear, contribuyó al desarrollo de la industria atómica.

El paleontólogo Stepan Boltavsky compiló un diccionario profesional en cinco idiomas, que ha recibido varios premios internacionales de renombre.

En la ciudad de Quilmes residía Elena Antibor, conocida en el ámbito de la biología, quien participó en la década de 1960 en las expediciones argentinas al Altái y Tien Shan.

El botánico ruso Nikolai Albov, quien llegó a finales del siglo XIX, realizó estudios detallados de Tierra del Fuego.

La primera misión argentina de exploración antártica, en 1924, fue liderada por Vladimir Dobrovolsky.

En el ámbito militar es muy conocido el general Alexei von Schwartz, quien organizó en la ciudad de Buenos Aires una prestigiosa escuela de oficiales.

Uno de sus alumnos fue el futuro presidente Juan Domingo Perón.

Durante siglos, Argentina ha sido el hogar de los herederos de ilustres familias rusas.

Entre ellos se encuentran los bisnietos del ministro de Asuntos Exteriores ruso Aleksandr Gorchakov, la nieta de la princesa Ekaterina Dolgorukaya, parientes de los escritores Aleksandr Pushkin y Fiódor Tiútchev, del compositor Nikolái Rimski-Kórsakov, los descendientes del estadista y militar Aleksandr Ménshikov, del mariscal de campo Mijaíl Kutúzov, del artista Aleksandr Benois, del industrial y filántropo Savva Mamontov, del explorador Grigori Shélijov y del general Pavel von Rennenkampf.

En las décadas de 1940 y 1950, la gran duquesa Maria Romanova residió en Buenos Aires.

La aristocracia rusa ha llevado a Argentina numerosos objetos de arte.

Entre ellos se encuentran obras de Zinaida Serebriakova, Marc Chagall, Konstantín Korovin y Lev Bakst, así como íconos y porcelana.

El Museo Nacional de Arte Decorativo cuenta con una colección única de pintura rusa y miniaturas esmaltadas sobre marfil, recopilada por los descendientes de Platón Zubov, el último favorito de Ekaterina II.

Es muy conocido el escultor soviético Stepan Nefedov (Erzia), que trabajó en Argentina entre 1928 y 1950.

Se hizo famoso por sus obras realizadas con maderas locales como el quebracho y el algarrobo.

Creó el famoso bajorrelieve del presidente Hipólito Yrigoyen, una vez instalado en la Casa Rosada y posteriormente destruido durante un golpe militar.

Varias obras de Erzia se guardan en el Museo de Artes Plásticas Eduardo Sívori de la ciudad de Buenos Aires, así como en colecciones privadas.

Copias de sus obras adornan las salas de recepción de la Embajada de Rusia.

La presencia rusa dejó una profunda huella en la vida cultural de Buenos Aires.

Los representantes de escuelas coreográficas rusas que habían llegado aquí a finales de la década de 1920 establecieron una tradición de ballet que aún sustenta la labor del famoso Teatro Colón.

Allí actuaron bailarines destacados como Anna Pávlova, Maya Plisétskaya y Vladímir Vasíliev.

Un acontecimiento significativo fue la inauguración, en 2002, de un busto del legendario cantante de ópera Fiódor Shaliapin en el Teatro Colón, donde brilló en 1908 y 1930.

La directora y crítica Galina Tolmacheva introdujo nuevos enfoques de la actuación basados en el sistema Stanislavski.

A pesar de estar integrados en la sociedad argentina, nuestros compatriotas no pierden el vínculo con su patria histórica, preservando cuidadosamente sus tradiciones e identidad nacionales.

En el país funcionan con éxito numerosas asociaciones culturales y deportivas que llevan los nombres de Fiódor Dostoyevski, Vladímir Mayakovski, Visarión Belinski y otros grandes de la literatura.

Las mismas organizan cursos de lengua rusa y cuentan con bibliotecas con un rico fondo literario.

Las más grandes se encuentran en la Casa de Rusia de Mar del Plata, en los clubes "Máximo Gorki" y "Nicolás Ostrovsky", y en el estudio infantil "Rodnichok".

El equipo de fútbol Club Deportivo de Moscú, creado en la ciudad de Buenos Aires por representantes de nuestra diáspora, compite en una de las divisiones del campeonato local.

Como ha demostrado el tiempo, la inmigración rusa se ha integrado orgánicamente en el mosaico de la sociedad argentina, enriqueciéndola con descubrimientos científicos, tradiciones culturales únicas y sentando bases sólidas para la amistad y el entendimiento entre nuestros pueblos.

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