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Investigadores de la UNLP proponen una nueva explicación para un misterio de la Vía Láctea

Investigadores de la UNLP proponen una nueva explicación para un misterio de la Vía Láctea
Facundo Benitez
06 Mar, 2026

Un grupo de investigadores de la Universidad Nacional de La Plata presentó una nueva hipótesis para explicar uno de los enigmas que hoy desvela a la astrofísica: el origen de varias de las fuentes de rayos gamma más energéticas detectadas en distintos puntos de la Vía Láctea.

El trabajo fue encabezado por Leandro Abaroa y Gustavo E. Romero, del Instituto Argentino de Radioastronomía (IAR, UNLP-CONICET-CICPBA), junto a Valentí Bosch-Ramon, de la Universidad de Barcelona.

La investigación, aceptada como Letter en la revista científica Astronomy & Astrophysics y publicada online en enero de 2026, plantea que muchas de esas emisiones extremas podrían provenir de remanentes de antiguos microcuásares, es decir, sistemas que ya dejaron atrás su fase activa pero que seguirían liberando partículas de altísima energía durante cientos de miles de años.

La clave estaría en “microcuásares fósiles”

Los microcuásares son sistemas binarios formados por una estrella y un objeto compacto, como un agujero negro o una estrella de neutrones, que en su etapa activa expulsan chorros de materia a velocidades cercanas a la de la luz. Según el modelo propuesto por los científicos, cuando esos jets chocan contra el medio interestelar forman una gran burbuja caliente, conocida como cocoon, donde quedan acumuladas partículas extremadamente energéticas.

Lo novedoso del trabajo es que sostiene que, incluso mucho después de que el microcuásar “se apague”, ese remanente puede seguir funcionando como una especie de reservorio de rayos cósmicos. Con el paso del tiempo, esas partículas escaparían lentamente y, al chocar con nubes moleculares cercanas, producirían justamente los rayos gamma de muy alta energía que hoy observan los telescopios y que en muchos casos todavía no tienen una explicación clara.

Energías enormes y una pista para fuentes que no muestran origen visible

El estudio señala que estos remanentes podrían conservar partículas de hasta 10 PeV —unos diez mil billones de electronvoltios—, niveles de energía que superan ampliamente a los aceleradores construidos en la Tierra. A partir de sus cálculos, los autores concluyen que un solo microcuásar extinguido podría “encender” varias fuentes de rayos gamma en su entorno, dependiendo de cómo se propaguen esas partículas en el espacio.

Además, el modelo ofrece una explicación para otra rareza: muchas de estas fuentes extremas no tienen un objeto visible claramente asociado en radio. Según el trabajo, eso podría deberse a que el acelerador original ya murió y el remanente es demasiado grande y tenue como para ser identificado fácilmente con los instrumentos actuales.

Una pieza nueva para entender el origen de los rayos cósmicos

Los investigadores plantean que estos remanentes de microcuásares podrían formar una población oculta de PeVatrons, es decir, aceleradores naturales capaces de llevar partículas al rango del peta-electronvoltio dentro de nuestra galaxia. Si esta hipótesis se confirma, no solo ayudaría a entender mejor el origen de los rayos cósmicos más energéticos, sino que también abriría nuevas estrategias de observación para tratar de detectar estos objetos “fósiles” de manera indirecta.

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