Política

Julio Alak ¿el nombre que descomprime la interna del PJ bonaerense?

Julio Alak ¿el nombre que descomprime la interna del PJ bonaerense?
Leonel Sánchez Alpino
08 Ene, 2026

Mientras el peronismo provincial se enreda en vetos cruzados y disputas de poder entre el kicillofismo y el cristinismo, el intendente de La Plata aparece como una figura con trayectoria y vínculos transversales capaz de funcionar como síntesis en la pelea por la conducción partidaria.

En medio de un escenario cargado de desconfianzas y pases de factura, el nombre de Julio Alak empezó a ganar peso propio en la discusión por el futuro del PJ bonaerense. No por ambición explícita ni por una jugada estridente, sino justamente por lo contrario: su recorrido político, su cercanía histórica con Axel Kicillof y su diálogo fluido con los distintos sectores del peronismo lo colocan como una alternativa que escapa a la lógica binaria que hoy domina la interna.

El conflicto se profundizó a partir de los límites que cada tribu le marca a la otra. En el Movimiento Derecho al Futuro (MDF) no ven con buenos ojos una continuidad de Máximo Kirchner al frente del partido, mientras que en el cristinismo tampoco generan consenso figuras como Verónica Magario para ocupar ese lugar. La resistencia a la vicegobernadora es explícita: se la considera una dirigente con exceso de protagonismo acumulado y sin el respaldo transversal necesario para ordenar al conjunto.

En ese contexto, comenzaron a circular otros nombres vinculados al armado político de Kicillof. Gabriel Katopodis y Mariano Cascallares aparecen entre los más mencionados, sobre todo por su rol activo en las negociaciones recientes por el Presupuesto, el endeudamiento y la ley impositiva. Sin embargo, Alak se diferencia del resto por un atributo que, en tiempos de fractura, se vuelve central: su historia política lo ubica por encima de las disputas coyunturales.

“Hay dirigentes que garantizan control de un sector u otro. Alak no entra en esa lógica”, admitió un referente provincial cercano a Máximo Kirchner, que reconoció que el intendente platense mantiene vínculos sólidos con todas las vertientes del peronismo. Esa condición lo convierte en una pieza singular dentro del tablero.

El jefe comunal de La Plata, además, fue uno de los que impulsó la idea de que el propio Kicillof asumiera la presidencia del PJ bonaerense. Esa alternativa quedó descartada por decisión del Gobernador, que busca despegarse de la rosca provincial para concentrarse en un proyecto de alcance nacional. En ese repliegue táctico, la conducción partidaria pasa a ser una instancia delegada, pero estratégica.

Con pocas figuras capaces de generar un consenso real, el peronismo bonaerense enfrenta dos caminos: encontrar un nombre que ordene o avanzar hacia un acuerdo de equilibrio, con reparto quirúrgico de vicepresidencias, secretarías y consejerías. En ese esquema, quien no se quede con la presidencia intentará compensar poder en el resto de la estructura.

El verano será decisivo. Las negociaciones se extenderán durante enero, con reuniones discretas y discusiones que, lejos de enfriarse, prometen recalentarse. Kicillof apuesta a consolidar su liderazgo político a través de una conducción partidaria alineada, incluso si eso implica avanzar sin el aval pleno del cristinismo.

Del otro lado, La Cámpora se prepara para resistir, con un margen de maniobra cada vez más reducido y con Cristina Kirchner jugando desde una posición más defensiva. Las acusaciones cruzadas —ruptura del peronismo, falta de lealtad, proyectos personales— anticipan un año áspero.

Lo que ocurra en las próximas semanas no solo definirá la jefatura del PJ bonaerense: también puede ser el primer capítulo de una disputa mayor. Si no hay acuerdo y el partido va a una interna, ese choque será leído como un ensayo general de la pelea presidencial de 2027. En ese tablero fragmentado, Julio Alak aparece, para muchos, como uno de los pocos nombres capaces de bajar el volumen y ofrecer una salida política a la crisis.

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