Sociedad

La caída de la natalidad en Argentina se cruza cada vez más con la economía

La caída de la natalidad en Argentina se cruza cada vez más con la economía
Facundo Benitez
15 Abr, 2026

El descenso de los nacimientos en Argentina ya es un dato consolidado, pero el debate sobre sus causas sigue abierto. Aunque en la discusión pública aparecen explicaciones ideológicas o culturales, los números muestran que el deterioro del empleo, los ingresos y el acceso a la vivienda también pesan fuerte a la hora de pensar en formar una familia.

Un informe de la Dirección Nacional de Población del RENAPER señaló que el país tuvo la mayor reducción porcentual de nacimientos de Sudamérica entre 2012 y 2023, con una baja del 31,6%. Además, el Censo 2022 ubicó la tasa global de fecundidad en torno a 1,4 hijos por mujer, muy por debajo del nivel de reemplazo de 2,1.

Con ese telón de fondo, el debate sobre por qué nacen menos chicos volvió a meterse de lleno en la agenda pública. En muchos casos, la discusión se corre hacia explicaciones ideológicas y se pone el foco en cambios culturales o en el feminismo. Sin embargo, organismos internacionales vienen advirtiendo que reducir el problema a una sola causa no alcanza. El Fondo de Población de las Naciones Unidas sostuvo en su informe 2025 que millones de personas no están pudiendo tener la cantidad de hijos que desean, no por rechazo a la maternidad o la paternidad, sino por barreras económicas y sociales. Entre las principales menciona el costo de criar hijos, la inestabilidad laboral, la dificultad para acceder a una vivienda, la falta de una pareja adecuada y el miedo al futuro.

En Argentina, varios indicadores ayudan a entender por qué esa discusión no puede separarse de la economía. El INDEC informó que en el cuarto trimestre de 2025 la desocupación general fue del 7,5%, pero entre las mujeres de 14 a 29 años saltó al 16,8% y entre los varones de la misma edad llegó al 16,2%. En paralelo, el mismo organismo ubicó la informalidad laboral en el 43% de la población ocupada, un dato que habla de un mercado de trabajo con mucha precariedad incluso para quienes sí tienen empleo.

A eso se suma la presión de los ingresos. Según el último informe de distribución del ingreso, el promedio de la población ocupada en el cuarto trimestre de 2025 fue de $1.068.540, pero la mediana quedó en $800.000, lo que significa que la mitad de las personas ocupadas ganó menos que ese monto. En los primeros cuatro deciles, el ingreso promedio fue de apenas $392.439. Y si se mira el costo de vida, la cuenta se vuelve todavía más exigente: en marzo de 2026 una familia tipo necesitó $1.434.464 para no caer bajo la línea de pobreza.

Con ese cuadro, la baja de la natalidad aparece cada vez más ligada a una dificultad estructural para proyectar. No se trata solamente de un cambio en las preferencias personales o en los vínculos, sino también de una generación que enfrenta empleo inestable, salarios que no alcanzan y mayores obstáculos para independizarse. En ese contexto, tener hijos deja de ser solo una decisión íntima y pasa a depender, también, de si existen condiciones materiales para sostenerla. Esa es, justamente, una de las advertencias centrales del UNFPA: la crisis de fecundidad no debería leerse como falta de deseo, sino como falta de condiciones para ejercer ese deseo en libertad.

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