Crónicas del mundo

Las iglesias barrocas de Ouro Preto

Las iglesias barrocas de Ouro Preto
Leonel Sánchez Alpino
28 Ene, 2024

Por Silvia Franchi.

Continuando nuestro recorrido por la ciudad de Ouro Preto que se resumiera en dos entregas anteriores, continuamos nuestra experiencia acerca del Barroco Portugués en las Iglesias más imponentes de esta ciudad: La Basílica del Pilar y la Iglesia de San Francisco, dos baluartes imperdibles.

La Basílica del Pilar

Es el exponente principal del estilo Barroco y se trata de una Basílica, es decir que es la Iglesia Matriz de la ciudad de Ouro Preto. Tiene uno de los interiores más bellos que puedan imaginarse y está ubicada  en el centro histórico. Se encuentra un  poco arrinconada entre edificios que se fueron construyendo a posteriori, ya que es la iglesia más antigua de la ciudad, construida a principios del Siglo XVIII y ampliada en 1712, además de contar con varias restauraciones.

Su puerta de madera resistió el paso del tiempo y está decorada con bajorrelieves de época. La madera es de gran nobleza.

Al ingresar la decoración es teatral, apabullante por el lujo de los trabajos de índole religiosa, en el que se han empleado nada más y nada menos que cuatro toneladas de oro.

La iglesia está dedicada a la Virgen del Pilar, cuya imagen descolla en el altar mayor, con una perspectiva calculada matemáticamente. El techo es imponente, está realizado en madera y representa pasajes del Antiguo Testamento, distribuido en quince paneles. La grandiosidad de su interior deja al visitante sin palabras y requiere de un buen tiempo de contemplación. Los guías generalmente de habla portuguesa ofrecen numerosos detalles acerca de su construcción, su rica historia y la implicancia que tiene esta Iglesia para Brasil.

El altar está totalmente recubierto en oro y muestra escenas bíblicas, objetos simbólicos que reflejan la fe cristiana y bellas columnas salomónicas. Ver para creer, así es esta extraordinaria obra de arte.

Cada detalle en el altar da cuenta de figuras angelicales, Santos, trompetas, querubines y otros símbolos indescifrables. En las capillas laterales hay figuras religiosas, algunas de Aleijandinho, el gran artista local que vivió muchos años en Ouro Preto, hasta su muerte.

Hay vírgenes vestidas en finos terciopelos, amparando al Niño, sostenidas por un pilar totalmente decorado en oro.

El techo es una obra maestra en sí misma, en blanco y dorado, con quince paneles que deslumbran por su belleza.

En el centro se realizó una policromía de la Ultima Cena.

En el Subsuelo hay un Museo de Arte Sacro en donde se exhibe un mueble muy grande en el que se guardaba la indumentaria de los sacerdotes.

Hay cuadros de pintores destacados, todos de gran antigüedad, esculturas y decoraciones realizadas en madera, así como un candelabro de grandes dimensiones, realizado en madera y torneado.

Iglesia de San Francisco de Asís

La fachada de la Iglesia  de San Francisco tiene un estilo militar. En la parte superior hay dos desagües  que se encuentran debajo de las torres y que se  asemejan a puntas de cañón. Las torres cilíndricas parecen casetas de guardias militares y las puntas de las torres tienen forma de lanzas. La cruz es la de Caravaca o Cruz de Lorena. Todo esto tiene una razón de ser y es que esta Iglesia era visitada por los militares intelectuales más importantes de la época, de allí que tenga tantos elementos de las fuerzas.

San Francisco participó en las Cruzadas (guerras religiosas en el Siglo XI) y de jovencito soñaba vencer en las batallas militares. Allí descubrió que prefería servir al Amo y no al servidor, buscando la Paz. En la fachada se lo ve adorando al Señor y debajo se ve a Santa Clara.

La construcción de la iglesia se inició en 1766 y el proyecto se llevó a cabo por Aleijandinho, el gran artista que enalteció a Ouro Preto. La obra del techo tu pintada por Manuel Ataíde, otro artista sublime del Barroco. En esta iglesia también hay detalles en estilo Rococó.

El altar es maravilloso, en blanco y oro, en el que destaca la figura de San Francisco, tan venerado por la Fe Católica y elegido por el Papa Argentino para llevar su nombre. En esta Iglesia se emplearon dos toneladas de oro.

A los costados  se encuentran por un lado Santa Clara de Asís y en el otro San Luis de Francia, que no estaba de acuerdo con la guerra de las Cruzadas.

Hay esculturas hermosas de Aleijandinho con  su estilo inconfundible en sus imágenes cargadas de emoción  espiritual.

El techo es una extraordinaria obra maestra de Mestre Ataíde, pintada en policromía de colores azul, blanco y rojo. La nave es la representación del Cielo y la imagen es la Asunción de  Nuestra Señora de la Concepción; le llevó diez años terminarla para concluir la pintura más bella de Brasil. Ataíde se inspiró en la Sixtina y la realizó solo utilizando la técnica de Miguel Ángel.

Por todas estas obras la Iglesia de San Francisco fue declarada Patrimonio de la Humanidad y una de las Siete Maravillas de Origen Portugués en el mundo.

Esta Iglesia también cuenta con un Museo, con obras en piedra y otras en madera.

Nos despedimos de las Iglesias más importantes de Ouro Preto, y para disfrutar de un momento de distracción nos dirigimos al Largo de Coimbra, a metros de la Iglesia de San Francisco. Se trata de una feria artesanal con una extraordinaria cantidad de objetos realizados en piedra de Sabao o piedra jabón, llamada así por su aspecto oleoso, tacto y suavidad que recuerdan al jabón. La piedra es la esteatita, una roca metamórfica compuesta en gran parte por mineral de talco. Hay todo tipo de objetos, juegos de café, relojes, maniles, figuras religiosas, cajitas de todos los tamaños, marcos de cuadros, etc. Se pueden ver los artesanos tallando objetos en el lugar y es aconsejable comprar artesanías como recuerdo o  presentes para seres queridos.

También hay museos de diferentes temáticas para visitar, como el Museo Dos Contos (de las monedas de Brasil), el de artistas plásticos que vivieron en la ciudad y uno de los teatros de la ópera más antiguos de todo Brasil.

Nos despedimos de Ouro Preto, una ciudad sorprendente y colonial que nos ofreció una experiencia inolvidable por todos sus atractivos y por su gente maravillosa, hospitalaria y cordial.

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