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León XIV pidió a los obispos latinoamericanos escuchar a los fieles y mantener unida a la Iglesia

León XIV pidió a los obispos latinoamericanos escuchar a los fieles y mantener unida a la Iglesia
Luciano Neder
21 Sep, 2026

El papa envió una carta al episcopado de América Latina con motivo del tercer centenario de la canonización de santo Toribio de Mogrovejo. En el mensaje destacó la importancia de la cercanía con las comunidades, la atención a los sacerdotes y la unidad de la Iglesia, además de recordar su experiencia pastoral en Perú.

El papa León XIV instó a los obispos de América Latina a profundizar la cercanía con sus comunidades, escuchar a los fieles y trabajar para preservar la unidad de la Iglesia. El pontífice realizó el pedido a través de una carta difundida con motivo del tercer centenario de la canonización de santo Toribio de Mogrovejo, considerado patrono de los obispos de América Latina.

En la misiva, León XIV también recordó su propia experiencia pastoral en Perú, donde desarrolló durante más de dos décadas parte de su ministerio como misionero y posteriormente como obispo. El Papa vinculó esa etapa de su vida con la figura de santo Toribio, quien nació en España y llegó a América para ejercer como arzobispo de Lima.

Allí conocí de cerca la fe de un pueblo del que recibí mucho y comprendí mejor lo que significa ser pastor”, expresó León XIV al recordar su paso por Perú. Según explicó, esa experiencia le permitió acercarse particularmente a la figura de santo Toribio, quien también llegó desde Europa y desarrolló su misión pastoral en el continente americano.

El pedido de León XIV a los obispos

Uno de los ejes centrales de la carta fue la necesidad de que los obispos mantengan una presencia cercana en sus diócesis y comunidades. En ese sentido, el pontífice los invitó a salir al encuentro de los fieles y prestar especial atención a aquellas personas que tienen menos oportunidades de acercarse a las autoridades eclesiásticas.

Vayamos personalmente al encuentro de nuestras comunidades, escuchemos a nuestra gente y busquemos a quienes pocas veces tienen ocasión de acercarse al obispo”, señaló León XIV en el documento. A continuación, remarcó que el ministerio episcopal requiere combinar la dimensión espiritual con una presencia concreta y cotidiana junto a las comunidades.

El Papa también planteó una advertencia sobre los riesgos que pueden surgir cuando los responsables pastorales se alejan de los fieles. En la carta sostuvo que el abandono de una comunidad puede comenzar antes de una ausencia visible, cuando la comodidad, el temor o los intereses personales terminan teniendo mayor peso que las necesidades de quienes integran la Iglesia.

Un llamado a preservar la unidad de la Iglesia

Otro de los puntos destacados por León XIV fue la necesidad de fortalecer la unidad dentro de la Iglesia. El pontífice sostuvo que los obispos tienen la responsabilidad de ofrecer una enseñanza clara y paciente, especialmente en un contexto en el que diferentes voces pueden disputar autoridad sobre la conciencia de los fieles.

Corresponde al obispo ofrecer una enseñanza clara, paciente y arraigada en esa comunión”, escribió León XIV, al plantear que esa tarea debe ayudar a los creyentes a reconocer lo que definió como la voz del “único Pastor”.

El mensaje se enmarca así en una reflexión sobre el rol de los obispos como referentes pastorales y doctrinales dentro de sus comunidades. El Papa tomó la figura de santo Toribio como ejemplo histórico para plantear una forma de ejercer el ministerio basada en la cercanía, la escucha y el servicio.

La cercanía con los sacerdotes y los seminarios

La carta también contiene recomendaciones dirigidas a la relación entre los obispos y los sacerdotes de sus respectivas diócesis. León XIV pidió que los responsables episcopales mantengan una relación cercana con sus presbíteros y prestó especial atención a la formación en los seminarios.

En ese sentido, planteó que ningún sacerdote debería sentir que solamente puede recurrir a su obispo cuando existe un problema que resolver. La intención expresada en el documento es que el vínculo entre ambos se construya de manera permanente y no quede limitado a situaciones de conflicto o urgencia.

El pontífice también pidió que las responsabilidades pastorales no desplacen la dimensión espiritual del ministerio. Por eso, remarcó la necesidad de preservar espacios de oración, lectura de la Palabra y preparación de las predicaciones, incluso frente a las múltiples tareas que demanda la conducción de una diócesis.

Los santos y beatos de América Latina como referencia

En otro tramo de la carta, León XIV invitó a los obispos a difundir entre los fieles las historias de santos y beatos vinculados con la Iglesia latinoamericana. Entre los nombres mencionados aparecen Antonio María Claret, Ezequiel Moreno, Rafael Guízar y Óscar Romero, además de los beatos Juan de Palafox, Jacinto Vera, Mamerto Esquiú, Enrique Angelelli, Jesús Jaramillo y Eduardo Pironio.

Para el Papa, las trayectorias de estas figuras muestran diferentes formas de ejercer una misma misión en contextos históricos y sociales diversos. En ese sentido, consideró que sus vidas constituyen una referencia para la formación de nuevos pastores dentro de la Iglesia latinoamericana.

Los santos siguen formando santos”, expresó León XIV al resumir esa idea y destacar el valor de la memoria religiosa y pastoral del continente.

La experiencia de León XIV en Perú y la figura de santo Toribio

El mensaje estuvo atravesado por la figura de santo Toribio de Mogrovejo, quien fue arzobispo de Lima y desarrolló su actividad pastoral en el Perú. La elección de esta figura como eje de la carta se vincula con el aniversario de su canonización y con el lugar que ocupa como patrono de los obispos de América Latina.

León XIV destacó la importancia de imitar el ejemplo del santo para honrar su memoria. El pontífice también estableció un vínculo personal con esa figura a partir de los años que pasó en Perú, donde tuvo contacto directo con las comunidades católicas y desarrolló distintas responsabilidades dentro de la Iglesia.

La carta concluye con una invocación a la Virgen y un pedido para que los obispos puedan conocer, servir y amar a las Iglesias que les fueron confiadas. El Papa planteó esa misión en términos de responsabilidad pastoral y de preparación para el momento en que cada obispo deba rendir cuentas por el ministerio que recibió.

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