Crónicas del mundo
Ouro Preto: un mundo para explorar
Por Silvia Franchi.
La ciudad de Ouro Preto se encuentra en el Estado de Minas Gerais, Brasil, y ha sido declarada Patrimonio Histórico y Cultural por la UNESCO en 1980. Desde Argentina se llega a Belo Horizonte en avión (vía San Pablo) y desde allí hay transporte público hacia la ciudad o se puede alquilar un auto. También se ofrecen excursiones desde Belo Horizonte por un solo día, aunque esta ciudad amerita por los menos tres días para apreciarla en plenitud. La ruta es muy bonita, con colinas verdes que forman parte del conjunto Cerro Espinhazo.
Al llegar nos encontramos con el centro histórico de Ouro Preto y la Plaza Tiradentes que marca la distribución de la urbe. Ouro Preto fue Capital de Minas Gerais cuando todavía se llamaba Vila Rica y conforma un mundo para explorar con decenas de atracciones, minas de oro en desuso que pueden visitarse, museos, veinte iglesias predominantemente de estilo barroco, historia, cocina típica, artesanías y hermosos paisajes.

La ciudad, por su emplazamiento entre colinas a 1700 metros de altura sobre el nivel del mar, cuenta con numerosas pendientes que requieren de algún entrenamiento por el esfuerzo que requiere andar por sus empinadas calles. Sorprende con historias numerosas e impresionantes y sobre todo deslumbra por sus iglesias que son la máxima expresión del barroco portugués.

El pasado es un eterno presente, ya que la ciudad en sí misma es un museo abierto al aire libre, en cada calle, en cada esquina y en su esplendoroso paisaje. Se trata de un Brasil que hoy en día cuesta creer que alguna vez existió, ya que los colonos portugueses trajeron miles de esclavos desde sus colonias africanas en Angola, Senegal, Mozambique y el Congo para explotar las inagotables minas de oro, metal que brotaba de la tierra y de los ríos. También hallaron diamantes y piedras preciosas.
Las subidas y bajadas atraviesan la ciudad colonial, de calles empedradas, estrechas y serpenteantes, donde se pueden apreciar casonas de los siglos XVII y XVIII, magníficas iglesias, un gran patrimonio que impresiona y sorprende. Es recomendable recorrerla a pie, ya que hay escasos espacios para estacionar dada la estrechez de sus calles. Los hoteles no cuentan con estacionamiento por lo que es difícil encontrar un lugar donde dejar los coches. Se realizan excursiones de un día para recorrer la ciudad y principales iglesias, en vehículos llamados Jardineiras, muy pintorescos y divertidos, ya que son antiguos, de 1960 o anteriores. Una aventura que vale la pena vivir.


Un poco de historia
Desde el Siglo XVII y hasta finales del Siglo XVIII, Ouro Preto fue la ciudad más habitada de América Latina cuando descubrieron que Minas Gerais tenía oro por doquier y comenzó el periodo denominado “Fiebre del Oro”. Venían de Portugal y de todo Brasil en búsqueda del codiciado oro, metal de gran valor económico para la época. Era un bien de intercambio con el que se acuñaban monedas y pequeños lingotes y sobre todo se lo utilizaba para la decoración de iglesias y catedrales europeas, en este caso el oro iba a Portugal y una buena parte se destinó a las iglesias de Ouro Preto que iremos recorriendo en futuras entregas.
Era tal la súper población, que en algún momento Portugal prohibió el ingreso de nuevos habitantes a Ouro Preto porque ya no se podía expandir más, llegando a tener más habitantes que Nueva York (1730). La población de Brasil creció de trescientos mil habitantes a tres millones, y la población de Ouro Preto creció cuarenta veces más que la de San Pablo en esa época.
El oro era abundante y fácil de encontrar, se llamaba oro aluvial ya que podía encontrarse en el lecho de los ríos. Se lo podía recoger con las manos y era una promesa de enriquecimiento fácil. No solo venían comerciantes, sino miles de sacerdotes que abandonaban los monasterios, colegios y parroquias, buscando oro para las iglesias y para su propio enriquecimiento. Esta abundancia propició el contrabando que requería de una fuerte intervención militar y que acabó con muchas vidas.
La súper población acarreó grandes problemas, no alcanzaban los alimentos y hubo dos grandes epidemias de hambre. La comida no era suficiente para abastecer a toda la población y tampoco había cultivos cercanos ni ganado. Los alimentos eran escasos y muy caros, los precios altísimos que junto con el hambre acarrearon muchas enfermedades y una alta tasa de mortalidad.
Se produjo una catástrofe social, había cientos de delincuentes y contrabandistas que perpetraban robos, hurtos y crímenes. Las fuerzas policiales y militares no daban abasto para poner orden. Los sacerdotes se convirtieron en censores sociales y a través de la numerosa cantidad de iglesias trataban de poner orden en la ciudad.
Plaza Tiradentes, homenaje al Patrón Cívico de Brasil
El centro neurálgico de la ciudad se organiza alrededor de la Plaza Tiradentes, en honor a uno de los líderes de la liberación del dominio de la corona portuguesa.

Joaquín da Silva Xavier, cuyo pseudónimo era Tiradentes (“sacamuelas”) fue el jefe de la conspiración llamada “Inconfidencia Mineira”. Nació en 1748 en Pombal, Brasil. Conocía en profundidad las constituciones por lo cual se convirtió en un activista intelectual del movimiento libertario; era odontólogo, militar, minero y comerciante.

Tiradentes es considerado un héroe nacional por haber asumido la responsabilidad de la Conspiración Minera (en portugués Inconfidencia Mineira) y fue el primer antecedente a gran escala de la independencia de Brasil del Reino de Portugal, a fines del siglo XVIII. No realizó estudios formales, trabajó en la minería por lo que conocía muy bien los terrenos, y luego comenzó a participar en el gobierno con cargos militares. En principio conducía el transporte de oro y diamantes de la región minera hacia Río de Janeiro, desde donde partían los cargamentos hacia Portugal. Durante el Siglo XVIII salieron 800 toneladas de oro.
Tiradentes tomó conciencia del volumen de riquezas tomadas por los portugueses y la pobreza extrema de su pueblo por lo que se acrecentaron sus sentimientos antiportugueses. La explotación de miles de esclavos era absolutamente inhumana, eran maltratados, azotados, se morían de hambre y de enfermedades, y pocos de ellos llegaban a los 30 años de edad. La humedad de la minas y los lugares que habitaban que eran subsuelos también húmedos y extremadamente precarios, los llevaban a enfermarse de neumonía y otras enfermedades mortales. Las mujeres eran violadas y debían tener un hijo por año, por lo cual también morían muy jóvenes. Es la parte más triste de estos antecedentes históricos.
El héroe de Vila Rica (como se la denominaba a Ouro Preto en sus orígenes) comenzó a organizar una rebelión a la que se sumaron comerciantes e intelectuales, particularmente cuando los impuestos se volvieron abusivos y así comenzó el movimiento republicano. Hubo traiciones dentro del movimiento y Tiradentes fue encarcelado y asesinado; su cabeza fue colgada en la Plaza en la cual hoy se erige su monumento.
El mayor deseo de los Inconfidentes era establecer un gobierno independiente de Portugal, fundar una Universidad en Vila Rica, crear industrias y consolidar la Capital.

Museo de la Inconfidencia
Frente al monumento en honor a Tiradentes se encuentra el Museo de la Inconfidencia, dedicado a los que murieron en el primer intento fallido de rebelión Inconfidencia Mineira, por la independencia de Brasil de Portugal. Fue una antigua cárcel. El museo consiste en un recorrido histórico de Vila Rica y se muestran numerosos objetos de las épocas coloniales, importantes obras de arte, muebles, carruajes, armas, elementos de tortura y hasta tumbas de personajes históricos.

El Museo, fundado en 1822, es muy visitado por turistas de todo el mundo, aunque en su mayoría son de origen brasileño. Diariamente hay visitas de estudiantes de colegios primarios y secundarios de la región, para que conozcan su historia y patrimonio cultural.
Se exhiben pequeños altares decorados en policromías que se encontraban en las casas de familias pudientes de la ciudad. Algunas de ellas contaban con su propia capilla.

También se exhiben imágenes de ángeles y mártires provenientes de distintas iglesias.

Se muestran testimonios de cepos y elementos de tortura a los que eran sometidos los esclavos y presos, que no dejan de conmover al visitante al observar hasta dónde puede llegar la crueldad humana.


Se pueden ver pequeños carruajes en los que se trasladaban los nobles de la época de auge de los colonos portugueses y familias enriquecidas por el oro.

Visita a las minas de oro

Se dice que los subsuelos de Ouro Preto están llenos de agujeros porque había minas por doquier, y que debajo de la plaza Tiradentes existen muchas excavaciones que se asemejan a los agujeros del queso gruyere. De hecho se prohíben manifestaciones masivas por riesgo de hundimiento del terreno.
En la ciudad y en otras localidades cercanas que se fueron fundando durante la Fiebre del Oro, hay numerosas minas testimoniales que se pueden visitar. Los guías ofrecen información interesante acerca de la vida en esos ámbitos, la oscuridad, la humedad, la explotación de los esclavos y el alto grado de sacrificio humano para obtener la riqueza del oro. Se extraían toneladas del preciado metal que tenía una abundancia fenomenal. También las minas son fuentes de diamantes y piedras semipreciosas, por lo cual se ha desarrollado la industria de la joyería, cuyos locales están ubicados en toda la ciudad particularmente cerca de las iglesias más importantes.


Las minas se exploran con medidas de seguridad, utilización de cascos, están iluminadas y se realizan con acompañamiento de un guía. En el presente el oro se ha agotado, ya no es fuente de trabajo y Ouro Preto cuenta con solamente 74000 habitantes. En las tiendas se exhiben y venden piedras semipreciosas así como recuerdos de la visita.

Continuaremos nuestro recorrido en próximas entregas para visitar las iglesias más importantes y de gran relevancia religiosa, arquitectónica, artística e histórica. Además de disfrutar del entorno fascinante de Ouro Preto, una ciudad para disfrutar y admirar su belleza y tesoros históricos. Sus habitantes son serenos y cordiales, atienden con esmero restaurantes y comercios, que hacen que la ciudad sea sumamente segura.

Presentamos un anticipo del arte barroco de la Basílica del Pilar. Se realizará un recorrido por las iglesias más importantes en las próximas entregas, exponentes de una realización artística incomparable.
