Crónicas del mundo

Palacios, arte y cultura en Sevilla

Palacios, arte y cultura en Sevilla
Leonel Sánchez Alpino
26 Feb, 2023

Por Silvia Franchi.

El patrimonio histórico y cultural de Sevilla es vasto y sorprendente. Recorrerla es disfrutarla y hay sitios para visitar que satisfacen todos los gustos. El presente recorrido se realiza por lugares menos frecuentados por el turismo clásico, aunque imperdibles para quien decida realizar una estadía algo más prolongada. La ciudad amerita cuatro o más días para no perderse sus tesoros inagotables, palacios, museos e iglesias. La llama queda encendida para otra visita en el futuro.

La Casa Palacio de la Condesa de Lebrija

El palacio se encuentra en el casco céntrico y se puede llegar fácilmente al edificio ubicado en la calle Cuna, paralela a la famosa arteria comercial Sierpes. Es una casa-museo de estilo andaluz, que cuenta con una colección de antigüedades romanas únicas. La Condesa de Lebrija era una mujer culta y académica en Bellas Artes, adelantada para su época y experta en arte y arqueología. Adquirió este Palacio en el año 1901, sitio que databa del siglo XVI, con el fin de restaurar la casa y convertirla en un lugar donde guardar sus colecciones. El edificio cuenta con dos plantas, la planta baja es la estancia de verano y la planta alta es la de invierno.

La Condesa pertenecía a una familia noble de Sevilla, cuyos antecesores fueron judíos y que ante la posibilidad de su expulsión a la llegada del dominio de los reyes católicos, se convirtieron al Cristianismo; de hecho la Condesa era ferviente católica. Había enviudado de un noble de holgada situación económica y años más tarde había contraído segundas nupcias con un señor de gran nivel cultural. Durante 13 años se ocupó de la decoración del Palacio, trayendo restos arqueológicos del yacimiento de Itálica, antigua ciudad romana ubicada en la localidad de Santiponce, Andalucía. La ciudad romana de Itálica se había fundado en el año 206 AC y las ruinas se pueden visitar en un día adicional.

El edificio cuenta con 2.500 metros cuadrados en dos plantas. Lo más sobresaliente es el piso de mosaico romano que data del Siglo II y III y que ocupa el patio central de la planta baja. Curiosamente este mosaico apareció en terrenos de propiedad de la Condesa, donde había un olivar.

El patio central es lujoso, cuenta con yeserías de estilo árabe sostenidas por columnas de mármol, en tanto las paredes están decoradas por bellas mayólicas, que además se encuentran en toda la casa. El mosaico que se encuentra en el patio central es asombroso por su estado de conservación, dada su antigüedad; el medallón central representa al Dios Pan, con la flauta, enamorado de Galatea a quien dedica su música. Completan la composición ocho medallones que representan escenas de las aventuras amorosas de Zeus, y en las esquinas se representan las estaciones del año.

En la planta baja se exhibe una colección de esculturas romanas, vitrinas con numerosos objetos antiguos, ánforas y columnas, además de jarrones chinos y persas. La Condesa traía muchos objetos importantes en sus viajes y seleccionaba cuidadosamente los que formarían su colección.

Luego se sube a la segunda planta, con la obligatoriedad de seguir a la guía del Palacio, con el fin cuidar los salones y sus contenidos. La escalera es deslumbrante, decorada con un composé de mayólicas, paños andaluces y guardas que conforman un conjunto armonioso.

En la planta alta vivía la familia y hay varias salas, algunas temáticas, una pequeña capilla, muebles torneados de estilo español realizados en maderas sólidas, porcelanas, pinturas, tapices, etc. El último Conde Lebrija que habitó el palacio falleció en 1999 y posteriormente la familia decidió abrir la casa museo con acceso al público.

Lo interesante de los palacios sevillanos es que sus dueños nobles no estaban preocupados solamente por el dinero sino por la cultura, un maridaje donde combinaron el arte y la historia. Dejaron un legado sin igual para las generaciones futuras y donaron su patrimonio.

La sala principal cuenta con gobelinos, lámpara de hierro y alabastro, paredes decoradas con yesería, techos de madera y obras pictóricas de personajes nobles.

El comedor está presentado con una mesa con vajilla de buen gusto y cristalería tallada, botellones para las bebidas, enmarcado con columnas clásicas. En el piso hay alfombras persas.

La sala de estar cuenta con dos bargueños, muebles típicos españoles de excelentes maderas y decorados con marquetería. Hay objetos de finas porcelanas, candelabros y un reloj ubicado sobre la chimenea. Otras salas son temáticas, como el salón árabe, la galería de los bargueños y una biblioteca con 4.000 volúmenes.

Nos despedimos de la Casa de la Condesa pasando por un patio lateral, donde se ven unos cipreses, algo único en pleno casco céntrico. Nos dirigimos al Palacio de las Dueñas, obra magnánima propiedad de los Duques de Alba.

Palacio de Las Dueñas

Se encuentra en un barrio tranquilo de Sevilla y cuenta con una impresionante cantidad de objetos históricos, porcelanas, importantes tapices, muebles, obras de arte y recuerdos organizados por la Duquesa de Alba, doña Cayetana Fitz-James Stuart, quien ha tenido la mayor cantidad de  títulos nobiliarios de toda Europa. Su patrimonio fue fenomenal y supo invertirlo con creces.

La Duquesa Cayetana de Alba solía pasar temporadas en este Palacio y allí vivió sus últimos años hasta su muerte. A partir de 2016, la familia abrió el Palacio al público; se puede visitar la planta inferior, debido a que en la planta alta la familia de Alba aun utiliza las habitaciones como vivienda durante sus estancias en Sevilla. El hijo mayor de la Duquesa de Alba es quien administra el Palacio y los negocios relacionados con los campos que explotan, producción de aceite de oliva, jamón serrano de la mejor calidad, quesos caprinos, vinos, etc.

El origen del Palacio se remonta al año 1248, cuando era parte del monasterio de Santa María de las Dueñas, cuyas monjas se encargaban de dar servicio a reinas y esposas de los reyes de Castilla. Tuvo sucesivas transformaciones y dueños nobles, de manera que posee elementos almohades, mudéjar, góticos y renacentistas. Cuenta con hermosos jardines, como el de los limoneros, a los que aludiera el poeta Antonio Machado que nació en esta casa en 1875, cuando su padre era el administrador de la finca. La familia dejó el lugar cuando Machado tenía ocho años, pero el Palacio dejó en el poeta huellas imborrables, el limonero y la fuente, recuerdos que transformó en un sentido relato.

Antonio Machado recordaría los limoneros en su obra, con estas palabras “Nací una noche de julio de 1875 en el célebre palacio de Las Dueñas, sito en San Juan de la Palma, rodeado de templos y de espadañas con campana, cuyos sones musicales recuerda mi corazón. Aquella luz de Sevilla. Aquel rumor de fuentes. Transcurrió mi infancia junto a un patio y un huerto donde madura el limonero”.

Se ven muchos elementos árabes como la fachada mudéjar que da al jardín principal. La casa cuenta con varios jardines muy bien conservados y que contribuyen a la paz del recinto.

Se ingresa por las caballerizas, en las que se exhibe una antigua montura que perteneció a la Emperatriz Eugenia de Montijo, quien realizó muchas modificaciones en el edificio.

Luego se puede pasar a los distintos salones, que contienen más de 1.400 objetos en exhibición y en los que vale la pena detenerse por su originalidad y valor histórico. Por ejemplo, hay un portal de las épocas árabes en buen estado de conservación.

Las salas presentan mobiliario de época, relojes antiguos, varios bustos de la duquesa de Alba, numerosas porcelanas, pinturas de autores reconocidos y una biblioteca importante.

En la sala principal se encuentra un tapiz de grandes dimensiones, uno de los más importantes de Europa y muy bien conservado, realizado en lana y seda.

Hay numerosas porcelanas de bailarinas del flamenco, verlas es un deleite, así como jarrones y vasijas de distinta procedencia.

Hay recuerdos familiares, cuadros de los antepasados, pinturas de renombrados artistas, y muebles dignos de una casa noble.

La Duquesa de Alba era aficionada al flamenco, a tal punto que tomó clases para aprender la danza, que bailaba con pasión. También le gustaba pintar, y hay algunas obras en los distintos salones, donde también se ven afiches alusivos a la Semana Santa y otros relacionados con las corridas de toros.

La visita es muy interesante porque se puede apreciar un elegante patrimonio para los amantes del arte y la historia.

Dejamos el Palacio y caminando por la calle Martín Villa, llegamos a la tradicional confitería La Campana, desde la cual comienza la carrera oficial de la Semana Santa Sevillana. Aquí la pastelería es excepcional y es una esquina referente para ubicarse en esa zona de la ciudad. Sus productos son de alta calidad y se exhiben en atractivas y tentadoras vidrieras, donde los sevillanos encargan las tortas de cumpleaños y eventos familiares, así como una exquisita variedad de productos.

En la próxima edición nos dirigimos al extraordinario Museo de Bellas Artes y dos iglesias que no deben faltar en nuestra agenda cultural.

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