Política
Semana de alto voltaje: el peronismo cruje entre gestos de ampliación y pases de factura internos
El encuentro entre Cristina Kirchner y Miguel Ángel Pichetto reavivó el debate sobre la estrategia opositora, mientras que en la Legislatura bonaerense el cristinismo le marcó la cancha a Kicillof con la elección de autoridades.
La interna del peronismo sumó en los últimos días nuevos capítulos que dejaron expuestas tensiones no resueltas. El sorpresivo encuentro entre Cristina Fernández de Kirchner y Miguel Ángel Pichetto, junto al lanzamiento de un espacio con guiños al “trumpismo criollo”, alteró el tablero político y volvió a poner sobre la mesa la discusión sobre hasta dónde y con quiénes ampliar.
Pichetto gestionó la reunión con discreción y luego la definió como “fraterna”, con eje en la necesidad de mirar hacia adelante. El diputado, que en distintas oportunidades cuestionó la judicialización de ex presidentes, propuso “que el peronismo se perdone” y planteó reconstruir volumen político en un escenario adverso.
El gesto no pasó desapercibido. El acto posterior que compartió con Guillermo Moreno y otros dirigentes, bajo el lema “Hagamos grande a la Argentina otra vez”, evocó deliberadamente la consigna de Donald Trump. Tanto Pichetto como Moreno han reivindicado posturas proteccionistas y discursos de orden que, en algunos puntos, dialogan con sectores conservadores. Cómo encaja ese repertorio con la tradición kirchnerista es parte de la discusión que ahora asoma puertas adentro.
Desde el entorno de Axel Kicillof evitaron leer el encuentro como una maniobra directa en su contra. De hecho, sostienen que el gobernador también promueve la idea de ampliar el espacio. Sin embargo, marcaron una “doble vara” a la hora de señalar supuestas traiciones cuando el mandatario o sus funcionarios dialogan con actores por fuera del núcleo duro kirchnerista.
En La Plata recordaban que Pichetto acompañó iniciativas clave del gobierno de Javier Milei, como la ley Bases y el paquete fiscal, y subrayaban que el contexto internacional tampoco parece el más propicio para ensayar un “trumpismo argentino”. Más allá de las diferencias ideológicas, algunos sectores analizan la posibilidad de estructurar una oferta electoral con distintos “carriles” internos, aunque reconocen que una eventual eliminación de las PASO complicaría cualquier esquema de competencia ordenada.
De todos modos, el foco de mayor malestar en el kicillofismo no estuvo en la foto con Pichetto sino en la Legislatura bonaerense. En la sesión preparatoria del Senado, el cristinismo impuso a Mario Ishii como vicepresidente primero, un lugar clave en la línea sucesoria del Ejecutivo provincial. Kicillof había impulsado a Ayelén Durán para ese cargo.
La jugada fue interpretada en el entorno del gobernador como una señal política directa. Consideran que se rompieron acuerdos tácitos y que la disputa interna volvió a escalar tras la aparente tregua que había significado la designación de Kicillof al frente del PJ bonaerense.
El mandatario abrirá las sesiones ordinarias en la provincia con un discurso centrado en la confrontación con la Casa Rosada. Sin embargo, en su entorno admiten que el conflicto interno no está cerrado y que podrían evaluarse movimientos en las próximas semanas. La tensión, lejos de disiparse, volvió a instalarse en el corazón del peronismo bonaerense.