Estudiantes
Un ángel llamado Miguel
Miguel Ángel Russo cumpliría 70 años: momentos, decisiones y la huella imborrable de un símbolo de la identidad “Pincharrata”.
Por Luciano Neder.
Hablar de un jugador que vistió una sola camiseta en el fútbol argentino es hablar de Miguel Ángel Russo, y hablar de la sonrisa más linda del fútbol argentino es hablar de una parte fundamental del ADN de Estudiantes de La Plata. Su historia con el club no fue una más: fue total, profunda y representativa de una época que dejó una marca imborrable en la institución, convirtiendose en ídolo y referente eterno.
Nacido el 6 de abril de 1956, en la Ciudad de Lanús, donde jugaba en los torneos entre barrio, “Miguelo” lllegó a las inferiores de Estudiantes siendo muy joven, recomendado por el ingeniero Pascual Antonio Ortuondo, un captador de talentos del club, y debutó en Primera División el 30 de noviembre de 1975 bajo la conducción de Carlos Bilardo, reemplazando a otro Miguel Ángel: el delantero “Fantasma” Benito, su tocayo, en un duelo ante San Martín de Tucumán que termino igualado dos a dos.

Desde ese momento, su carrera quedó ligada de forma exclusiva a Estudiantes. Durante catorce temporadas, “Palomo” fue el encargado de cargar en su espalda el lugar del campeón del mundo Carlos Pachamé, disputando cuatrocientos treinta y cinco (435) partidos oficiales, convirtiéndose en uno de los futbolistas con mayor cantidad de presencias en la historia albirroja.
No solo fue un jugador regular: fue líder, capitán y símbolo de un equipo que no solo volvió a posicionar a Estudiantes en lo más alto del fútbol argentino, con el bicampeonato obtenido en el Metropolitano 1982 y el Nacional 1983, sino que también marcó una generación, siendo el eje y único bastión defensivo de un mediocampo histórico por su calidad ofensiva conformado José Ponce, Marcelo Trobbiani y Alejandro Sabella.

“Miguel fue el mejor alumno de Bilardo. Ellos hablaban muchísimo de futbol. Era una relación muy especial” recordó Claudio Gugnalo hace poco y profundizó con que era “el equilibrio de aquel Estudiantes campeón, la voz del Doctor dentro de la cancha y el segundo técnico del equipo. Pobre, en el mediocampo él era el que corría por todos.”
Y su relación con el entrenador trascendió la cancha. Bilardo lo llevaba a almorzar donde compartían charlas de fútbol, el iban a ver partidos de otros equipos, incluso ambos estuvieron presentes en el debut de otro lanusense como Miguel: Diego Armando Maradona, el 20 de octubre de 1976. Ya con el “Narigón” al mando de la selección, Russo fue una fija durante la eliminatorias y amistosos previo al Mundial de México ‘86. Pero en enero del año mundialista, tuvo una lesión en una de sus rodillas y debió pasar por el quirófano; sin embargo, ilusionado por aparecer en los cromos del álbum oficial de la Copa del Mundo, el día de su cumpleaños se vió obligado a bajar a tierra: Carlos Salvador Bilardo le aviso que no sería parte de la nómina de veintidós jugadores, y que lo iba a odiar en ese momento pero iba a entender la decisión cuando fuera entrenador. Son momentos, son decisiones.
Otra relación inexorable en su vida fue con “Pelusa”. A pesar de acompañar a Bilardo al estreno en primera de Diego Armando Maradona, este no era un desconocido para el volante central: lo conocía de los partidos barriales, cuando Diego con cuatro años menos que todos ya mostraba su talento. En la albiceleste, ya como compañeros, era normal que Maradona y Russo compartieran habitación en la concentración y se sentarán juntos a la hora de comer, cuando el “10” le ablandaba las naranjas a su compañero haciendo jueguito e incluso quedo para el recuerdo del ex entrenador su único gol con la celeste y blanca: “vino corriendo a abrazarme, no era normal que Diego te abracé”.

A través de los años la relación siguió en el respeto y cariño mutuo, incluso en 2008 cuando a Russo le confirmaron que iba a ser el sucesor de Alfio Basile en el combinado argentino, y al otro día a la madrugada se enteró que finalmente sería Diego. Sin guardar rencores ni dolor, Miguel entendió la elección. Son momentos, son decisiones.
Su retiro a fines del año 87, durante un viaje a Italia para jugar en un club de la segunda división tras que Estudiantes no contara con él por problemas de rodillas, no cortó ese vínculo. Luego de comunicarle a su mujer Helena, en una estación de tren, que dejaría la actividad profesional, llamo a Bilardo y se quedo en Europa para interiorizarse en la profesión de entrenador, consiguió citas con Arrigo Sacchi y Jorge Valdano, y con el paso del tiempo, luego de ciclos en Los Andes y Lanús, volvió al “León” como entrenador junto a su maestro Eduardo Luján Manera en un momento complicado: el club había descendido a la B Nacional y tomo las riendas con una campana histórica: 65 puntos en 42 encuentros, en tiempos en los que se otorgaban dos puntos por cada triunfo, la campaña fue récord para devolver al “Pincha” a primera. De esta manera siguió fortaleciendo esa relación indeleble con el club del cual era hincha. Son momentos, son decisiones.

La historia de Russo en Estudiantes no se mide solo en las estadísticas y títulos. Su legado está en algo más profundo: en la identidad futbolística de un club que se reconoce en jugadores como él. Su nombre sigue siendo sinónimo de pertenencia y respeto. Porque más allá de su extensa carrera como entrenador a nivel nacional e internacional, su huella más fuerte siempre estuvo —y estará— en el club que lo vio nacer futbolísticamente. Nunca dejó de recordar a Estudiantes, incluso cuando los focos estaban puesto en él: luego de la consagración con Rosario Central en la Copa de la Liga Profesional 2023, se tomó el tiempo de responder un elogio sobre su forma de ser recordando sus raíces: “Tiene que ver con mi historia. Me ha hecho hombre y he aprendido muchas cosas en mi club, Estudiantes de La Plata. Siempre le estoy agradecido”, e inmediatamente agradeció por los festejos de la Copa Argentina 2023 al capitán Mariano Andújar: “El otro día me emocioné cuando vi que festejaban con la camiseta del 83 que fue un equipo impresionante. Ver esa camiseta me llenó de alegría. Felicito a Estudiantes y a su entrenador, no es fácil salir campeón”.

La historia de Miguel es de esas que no necesitan exageraciones, son momentos, son decisiones. Basta con mirar la memoria del hincha de cualquier club donde dirigió, pero sobre todo la del hincha de Estudiantes para entender por qué Miguel Ángel Russo es eterno. Alguna vez dijo: “Estudiantes es una forma de ser que te atrapa”. Y mucho de esa forma de ser, tiene que ver con él.