Estudiantes

20 años del histórico 7-0 de Estudiantes a Gimnasia: la previa, los goles y una goleada eterna

20 años del histórico 7-0 de Estudiantes a Gimnasia: la previa, los goles y una goleada eterna
Luciano Neder
15 Oct, 2026

El 15 de octubre de 2006, Estudiantes protagonizó una de las tardes más inolvidables de su historia al golear 7-0 a Gimnasia en el clásico platense. El equipo de Diego Simeone llegó en plena levantada, con la ilusión de pelear el campeonato. Del otro lado, el Lobo había prometido premios extraordinarios por ganar el derby. Diego Galván, José Luis Calderón, Mariano Pavone y Pablo Lugüercio fueron los protagonistas de una goleada que quedó grabada para siempre en la memoria de la ciudad.

Por Luciano Neder

Hay partidos que se recuerdan por los puntos que entregan, otros por los campeonatos que definen y algunos que terminan convirtiéndose en parte de la identidad de un club. El 7-0 de Estudiantes sobre Gimnasia pertenece a esta última categoría. A 20 años de aquella tarde del 15 de octubre de 2006, la mayor goleada en la historia del clásico platense continúa siendo una referencia ineludible de la rivalidad entre el Pincha y el Lobo.

El equipo dirigido por Diego Simeone llegó al encuentro con aspiraciones concretas de meterse de lleno en la pelea por el Torneo Apertura. En la previa de la undécima fecha, Estudiantes ocupaba el tercer puesto con 19 puntos, detrás de Boca, líder con 22 y debiendo un encuentro, y River, que tenía 21. Gimnasia, por su parte, se encontraba en la decimoquinta posición, con 10 unidades y un partido menos.

La diferencia en la tabla no alcanzaba para anticipar lo que sucedería dentro de la cancha. En una ciudad que vivía el clásico desde varios días antes, los dos equipos tenían razones para creer en una victoria. Sin embargo, el domingo terminó con una superioridad futbolística del Pincha que superó cualquier pronóstico y dejó una marca imposible de borrar.

Una previa caliente: el campeonato, la vuelta de Verón y una promesa millonaria

Estudiantes llegaba al clásico después de una victoria contundente por 3-0 frente a Lanús, resultado que había reforzado la confianza del plantel y alimentado las expectativas de los hinchas. La seguidilla de triunfos ante rivales importantes, entre ellos Independiente y San Lorenzo, colocaba al equipo de Simeone en una posición favorable para afrontar el tramo decisivo del torneo.

El gran objetivo era sostener esa levantada y aprovechar el clásico para dar otro paso en la lucha por el campeonato. En la previa, el entrenador reconocía la dimensión particular del encuentro para la gente de La Plata y la necesidad de que sus jugadores ofrecieran algo más que en un partido habitual. Simeone, que había disputado clásicos de enorme trascendencia durante su carrera como futbolista, comenzaba a experimentar desde el banco la intensidad de la rivalidad platense.

Uno de los principales focos de atención estaba puesto en Juan Sebastián Verón. La Brujita regresaba al equipo después de una suspensión y su ingreso era prácticamente una certeza. El mediocampista representaba una pieza central para el funcionamiento del Pincha, tanto por su capacidad para organizar el juego como por su influencia en un partido de semejante importancia.

También había expectativas alrededor de Mariano Pavone. El delantero atravesaba un buen momento y venía de marcar dos goles frente a Lanús, pero tenía una cuenta pendiente en Primera División: todavía no había podido convertirle a Gimnasia. En la previa, el Tanque reconocía que marcar en el clásico sería especial y que una victoria podía darle al equipo un impulso importante para seguir peleando arriba.

Del lado tripero, la expectativa también era alta. Gimnasia venía de derrotar 3-2 a San Lorenzo y sus hinchas habían aprovechado ese triunfo para empezar a palpitar el derby. Sin embargo, una particularidad llamó la atención en los días previos: Carlos Anacleto había confirmado que el presidente Juan José Muñoz había prometido al plantel un departamento por cada gol de diferencia que consiguiera el equipo en caso de ganar el clásico. La propuesta se sumaba a los premios por una goleada anterior, cuando los jugadores habían recibido automóviles tras vencer 4-1 a Estudiantes.

La promesa alimentó la conversación alrededor del partido, aunque el desarrollo del encuentro terminaría llevando la historia hacia un desenlace completamente opuesto al que imaginaba el mundo gimnasista.

El partido que cambió para siempre la historia del clásico platense

El domingo 15 de octubre de 2006, Estudiantes salió a la cancha con la determinación de imponer condiciones desde el comienzo. El equipo encontró rápidamente los espacios, manejó los tiempos del partido y aprovechó sus oportunidades con una eficacia extraordinaria. Gimnasia no consiguió contener el ritmo del rival y, a medida que avanzaron los minutos, la diferencia futbolística se volvió cada vez más evidente.

El primer golpe llegó a los tres minutos del primer tiempo. Diego Galván aprovechó una asistencia de Juan Sebastián Verón y abrió el marcador para el Pincha. El tanto tempranero modificó el escenario del encuentro: Estudiantes ganó confianza, encontró mayor libertad para atacar y obligó a Gimnasia a correr detrás de la pelota.

A los 23 minutos, José Luis Calderón amplió la ventaja y, cuando el primer tiempo se acercaba a su final, Mariano Pavone convirtió el tercero, a los 34. Estudiantes se fue al descanso con un 3-0 que reflejaba su superioridad y dejaba al clásico al borde de convertirse en una goleada histórica.

Pero el equipo de Simeone no bajó la intensidad después del entretiempo. Apenas cinco minutos habían pasado del complemento cuando Galván volvió a aparecer para marcar el cuarto. Con Gimnasia cada vez más desbordado, el Pincha siguió atacando y transformó el resultado en una diferencia inédita para la rivalidad.

A los 27 minutos del segundo tiempo, Calderón anotó el quinto. Cuatro minutos más tarde, Pablo Lugüercio se sumó a la lista de goleadores y estableció el 6-0. El último capítulo llegó a los 39 minutos, cuando Calderón completó su triplete tras un nuevo pase de la "Bruja" y selló el definitivo 7-0.

La goleada había quedado consumada. Estudiantes no solamente había ganado el clásico: había establecido la máxima diferencia en la historia del enfrentamiento y construido una de las páginas más recordadas de su trayectoria.

De la ilusión de pelear el campeonato a una tarde inolvidable

El resultado tuvo una dimensión que excedió ampliamente los tres puntos. Para Estudiantes, la victoria significó una demostración de contundencia en un momento clave del campeonato y reforzó la confianza de un equipo que terminaría protagonizando una de las campañas más recordadas de su historia reciente.

Aquel Pincha de Simeone tenía una identidad marcada por la intensidad, el compromiso colectivo y la capacidad de aprovechar las virtudes individuales de sus futbolistas. La presencia de Verón en la conducción, la efectividad de Calderón y Pavone y la participación de Galván y Lugüercio quedaron asociadas a una tarde en la que prácticamente todo salió a favor del conjunto albirrojo.

La jornada también dejó una particularidad: el partido sufrió interrupciones por incidentes en las tribunas y no pudo desarrollarse con normalidad hasta el final previsto. La magnitud del resultado, sin embargo, ya había convertido al encuentro en un episodio extraordinario del fútbol platense.

Con el paso de los años, los goles de aquella tarde se transformaron en imágenes recurrentes para los hinchas de Estudiantes. El 7-0 pasó a formar parte de las canciones, las cargadas y las conversaciones que acompañan cada nuevo enfrentamiento entre los dos clubes más importantes de la ciudad.

El 7-0, una marca que el tiempo no pudo borrar

Veinte años después, el clásico de octubre de 2006 sigue ocupando un lugar privilegiado en la memoria albirroja. No se trata únicamente de la cantidad de goles ni de la diferencia conseguida frente al rival de toda la vida. Se trata de una victoria que reunió todos los ingredientes para convertirse en leyenda: una previa cargada de expectativas, un equipo que llegaba en crecimiento, nombres propios determinantes y una actuación colectiva que superó cualquier cálculo.

Para Gimnasia, en cambio, aquella tarde quedó asociada a una de las derrotas más dolorosas de su historia. La diferencia de siete goles se convirtió en una referencia permanente de la rivalidad y en un recuerdo que vuelve a aparecer cada vez que los equipos se enfrentan.

En La Plata, aquella goleada dejó de ser solamente un marcador. Se transformó en un símbolo de la rivalidad, en un motivo de orgullo para Estudiantes y en una tarde que los hinchas del Pincha siguen contando como una de las más extraordinarias de su historia. A dos décadas de aquel domingo, los siete goles todavía hablan por sí solos.

Comentarios